Las cosas se torcieron demasiado rápido.
Aun trataba de entender porque Dafne y Eneas me secuestrarían para cumplir sus deseos y ahora, sin previo aviso, tenía que enfrentarme a un tipo loco que me odiaba por hablar mal de alguien que estaba dibujada de forma horrible en una gran pancarta de papel.
—Céntrese, mi señora— Hades me llamo la atención justo a tiempo pues pude usar mis manos y dar una vuelta hacia atrás, evitando la embestida de ese tipo que destrozo un montón de árboles a mi lado.
Era mucho más rápido pero Hades era igual de rápido para reaccionar, cosa que agradecí.
— ¡No te muevas, blasfema!— Me dijo el tipo, lanzándome una mirada asesina.
— ¡Estaré tonta!— Le respondí por inercia, entonces evite de nuevo un golpe del hombre, solo que esta vez, giro muy rápido para tratar de impactarme y pese a que estaba lejos, pude sentir el corte, impactando en mi armadura. Gracias a eso, logre desviar el siguiente que vino a gran velocidad para entonces ser pateada por el tipo en el estómago, lanzándome hacia atrás con velocidad y fuerza.
Logre detenerme antes de chocar contra un árbol y justo a tiempo pues el tipo continuo lanzando ataques que no deberían alcanzarme pero que terminaban impactando, soltando chispas y haciéndome retroceder un poco. Normalmente era pesada con mi armadura así que estaba consternada de que me moviera con tal facilidad pues ni Equidna pudo hacerlo.
—El tipo es capaz de aprovechar todo el poder de su ser mágico, eso es todo— Me dijo Hades.
Apreté los labios. Yo no podía hacerlo aún.
Además, desde que surgieron esos rayos, se me hizo difícil seguirlo y Hades tuvo que cubrirme durante mucho más tiempo del que me gustaría aceptar, sin mencionar que dolía, incluso con la armadura activa al cien por ciento.
Si no podíamos usar el Yelmo (Por obvias razones) y la armadura y el bidente no eran lo más apto de usar, entonces ¿Por qué no usar otra cosa? No eran las únicas armas que podíamos forjar.
—Al menos tenemos una forma más que si podemos usar— Me dijo Hades, en mi cabeza.
—Lo sé, tendremos que usar Asfódelos— Dije recordando la otra forma que ya teníamos dominada.
—Pero recuerda que es una forma hibrida entre el ataque y la defensa brindadas por el bidente y por Perséfone y que a diferencia de esas dos, tu concentración debe de estar al cien— Me recordó Hades, en mi cabeza.
Lo recordaba muy bien. Cuando diseñamos Asfódelos ambos sabíamos que no podría usarse a menudo, no tanto por la dificultad, sino porque requeríamos una concentración mayor tanto para evitar daños directos como para lanzar ataques que de verdad valieran la pena.
— ¿Estás listo?— Pregunte, sonriendo.
— ¡Ceres!— La voz de Hades me hizo volver al combarte que hasta ese punto estaba peleando casi de forma automática, aunque la cosa cambio cuando el tipo no solo logro desviar mis brazos si no cuando logro darme un golpe en la mejilla, lanzándome contra los árboles a mi derecha.
Tal como esperaba, mi cuerpo estaba temblando como si estuviera recibiendo toques ligeros desde varias direcciones.
—Recuerde que no podemos recibir ataques directos durante mucho tiempo…
— ¡Mierda, lo se…!— Hice una mueca, levantándome y girando en el suelo antes de que el tipo me aplastara con su bota.
—Eres mucho más resistente de lo que pensé— Dijo Anular mirando sus nudillos rojos.
Me puse de pie y pese a que no me sentía golpeada, el que mi cuerpo temblara como si estuviera débil era molesto, al grado de que tuve que sujetarme del árbol a mi derecha para lograr ponerme de pie.
— ¡Te matare…!— Dijo el tipo, entonces se estremeció— M-mi diosa, yo…
Su voz había cambiado, lo que me sorprendió.
—Pero… Ella le faltó al respeto— Dijo el hombre haciendo una mueca molesta— ¡No puedo permitir que se salga con la suya! M-mi señora, yo… Bien, yo, lo siento…
Su expresión se suavizo tras aquella conversación y entonces se dio la media vuelta, dejándome ahí.
— ¿Qué mierda…?— Pregunté a lo que casi pude ver a Hades encogiéndose de hombros.
Sin mucha opción decidí seguirlo, pues parece que iba hacia la biblioteca donde pude ver a los Hermanos Rinaldi abrazados, mirando a todos lados hasta que nos vieron volver por el claro.
Yo me mantuve lejos del tipo quien pese a ya no tener su armadura, no se veía del todo contento.
—Parece que mi señora quiere que la mocosa viva, algo de que la vera después pero ustedes— El tipo apunto a los hermanos, a lo que estos terminaron estremeciéndose— Si quieren ver su sueño cumplido, tendrán que darme lo que ya habíamos acostado ¡Cincuenta almas!
— ¿Q-qué?— El rostro de Eneas se descompuso— Pero la trajimos y…
—Sí y por eso mi diosa redujo su conteo a solo cinca ¿A qué es genial? Mi señora es increíblemente benevolente— Aseguro Anular abrazándose— Ah y no olviden cubrir nuestros pasos, ya hubo alarmas ayer de nuestra actividad aquí ¿No?
— ¿Cincuenta almas? ¿Se refiere a vidas?— Pregunte, abriendo un poco los ojos.