Los secretos de Fos

Hades LXXVII

Ceres se quedó congelada, de rodillas, con el rostro, el uniforme y parte del suelo a su alrededor manchado de sangre mientras el cuerpo del tipo del tipo sin cabeza se derrumbaba, manchando todo a su alrededor de más de ese líquido carmesí.

—Ceres, no lo hiciste tú, fue él mismo— Fue lo único que pude decirle, acercándome a ella para acariciar su cabeza con lentitud.

Ella me miro con la mirada perdida, como si no pudiera creer que estuviera ahí. Note que incluso trato de enfocarme.

Sus manos se estiraron como si quieran tomarme pero al instante cerro sus ojos y apretó sus brazos con fuerza, frotándose mientras sollozaba. Su cuerpo se estremeció y trato de encogerse en el suelo.

—Que horrible— Dijo Dafne, haciendo una mueca y vomitando tras solo unos segundos de tratar de ver el cuerpo sin cabeza.

Eneas hizo una mueca al ver el cuerpo y luego miro a Ceres— Sera mejor que… Se vayan, yo tomare la responsabilidad… Tú también, Dafne, vete, esto será solo mi problema.

—No, yo me quedo— Dafne limpio su boca y negó con la cabeza— Yo asumiré la culpa contigo, ya hicimos mucho daño y ahora también a…

Dafne no supo si acercarse o no a Ceres, optando por no acercarse más, de hecho, regreso donde su hermano escondiendo su rostro tras de él. De todos modos yo no habría permitido que se acercara.

Admitió que esto se salía del canon del juego. Dafne no se involucraba en este incidente, solo su hermano pero ya comenzaba a entender que no todo pasaría como en el canon y más conmigo presente.

En el juego era parte importante para el desarrollo de Eneas como interés amoroso, pero para eso la protagonista debía pasar tiempo con él, conociéndolo para antes de este momento, lo que permitía llegar a su corazón y hacerlo cambiar, cosa que ni Ceres ni yo hicimos por lo que no nos sentíamos especialmente unidos al hermano.

Aun así, que tuvieran consciencia y trataran de hacer lo correcto ahora, era bueno, al menos, algo que podía usar.

—Hay que irnos— Dije hacia Ceres, acariciando su rostro y sacándola de su privación.

— ¿Eh? Ah…— Comenzó pero no pudo ni decir palabras.

Logre ponerla de pie y ambos avanzamos casi a rastras hasta su habitación donde al instante se tumbó en la cama para comenzar a llorar, lo que me hizo apretar un puño y mostrar mis dientes.

Siendo un mapache rojo seguro me vería adorable. Esos animales raramente se ponían agresivos.

Me quede toda la tarde abrazándola, a veces limpiando su rostro.

—No fue tu culpa, Ceres, fue ese loco ¿Si? Su propio ataque, todo estará bien ¿De acuerdo? Todo estará bien— Le seguía repitiendo cuando podía ver su rostro y cuando notaba que esta me miraba, lo que raramente pasaba pues su mirada parecía perdida en un punto sobre mi cabeza o a veces, muy lejos de mí.

¿Durante cuando tiempo había estado protegiendo a Ceres de esto? Quizá desde el primer secuestro, si, cuando evite que matara a todos al usar el Yelmo de la Oscuridad pero hoy, no pude hacerlo.

¿Qué clase de ser mágico soy si no puedo protegerla? Debería darme vergüenza llamarme a mí mismo el ser mágico más fuerte cuando es obvio que no lo soy, solo soy un creído idiota.

No, esto tampoco era del todo culpa pero era inevitable verlo así.

Y tampoco es que pueda meterme en su mente como con los otros seres mágicos para interferir en sus habilidades. Con humanos era imposible más allá de generar miedo… Quizá tenga otros usos pero necesitaba investigarlo ¿Cómo es que lo hacía antes? ¡Mierda! Podría servirme de mucho ahora…

— ¿Ceres?— Era la voz de Minerva— No sé qué paso pero Dafne me dijo antes de irse que debía venir a verte y… ¿Estas bien? ¿Quieres que entre? ¿Te traigo algo para comer? Ya es tarde…

Ceres negó contra la almohada.

Levante una barrera para seres mágicos y para personas.

Y justo a tiempo pues Minerva trato de entrar.

—Traeré algo de comer ¿Si?— Minerva hablo tras unos segundos.

Tras un rato, volvió y entonces decidí salir.

— ¿Hades?— A Minerva se le cayó el alma a sus pies en cuanto me vio. Lamento la decepción.

—Lo siento, pero debe comer…

—Sí, lo sé, por favor, cuídala, de todos modos, me quedare aquí, por cualquier cosa— Minerva de verdad estaba preocupada.

—Lo hare y por favor, descansa— Le dije tomando el plato para entrar al cuarto abriendo la puerta pero cerrándola muy rápido, sin dejarle ver dentro y manteniendo la barrera arriba sin espacio para entrar. Yo podía atravesarla porque era parte de mí.

Trate de darle de comer y ella de alguna forma lo acepto pero era mucho más lenta y no parecía disfrutar de la misma, lo que ya de por si es raro y aun así, no dejo de comer, lo que me alegro.

—Estarás bien…

— ¿Fui yo?— Preguntó limpiando su boca.

—Claro que no, no fuimos nosotros…

—Entonces ¿Por qué se siente así?

—No lo sé… Pero entender la realidad es importante y la realidad de que tú no lo hiciste aún así, puedo entender porque te sientes así…



#7619 en Fantasía
#3179 en Joven Adulto

En el texto hay: escolar, magia, animalesfantasticos

Editado: 14.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.