— ¿Qué mierda paso aquí?— Preguntó una voz femenina con los dientes afilados, levantando su pie solo para dejar ver una mancha que ahora adornaba la planta de su tenis blanco— ¡Estos son nuevos, idiota y ahora estarán manchados de rojo!
Era una chica que vestía con unos shorts blancos, unas calcetas blancas, unos zapatos blancos, una playera negra de manga corta. Lleva unas mangas negras que le llegan hasta los dedos, de tez clara, cabellos rubios atados en una coleta inclinada hacia un lado, de ojos azules, labios delgados, nariz respingada y pestañas largas.
Había entrado en un pequeño local verde agua, no muy llamativo y con solo una pancarta afuera que anunciaba el menú de hoy que incluía pollo en salsa de tomate, arroz, sopa, fruta picada y agua de melón. Las ventanas tenía grabado el nombre del restaurante: Pequeño Rinconcito.
Se encontraban en otro de los cuatro países más grandes, uno de los aliados de Fos.
—Huele delicioso— Dijo el acompañante de la chica, respirando profundamente.
Es un chico alto, de tez olivácea, que mantiene los ojos cerrados, de labios delgados, nariz respingada y cabellos morenos quebrados. Vestía una camisa blanca con unos pantalones negros, además de unos zapatos negros. Traía una corbata negra. Sobre sus hombros descansaba su saco negro.
La realidad es que el local pudo pasar como un normal, con mesas circulares de madera cubiertas por manteles de frutas bonitos, con un piso con loza roja con patrones de flores, una barra desde donde la gente era atendida, con varias frutas picadas detrás en pequeños trastes de vidrio, exhibidos pero cerrados. Un lugar apacible y seguro de lleno de gente que se conoce de mucho tiempo.
Pero ahora estaba cubierto de sangre, pues mucha gente estaba en el suelo, tumbada sobre los charcos de sangre, aun liquida y caliente. Las ropas humildes dejaba en claro su estatus social y lo tranquilo que era el lugar.
—Ah, ya llegaron, Medio, Pulgar ¡Bienvenidos! ¿Quieren algo de comer?— Menciono un hombre con alegría, saliendo de detrás de la barra, sostenido un montón de ingredientes que dejó caer en el suelo, logrando escucharse que caían sobre otro charco de sangre.
Es un hombre alto, con la barba bien recortada, de labios gruesos, nariz fina, y ojos hermosos ojos verdes. De tez bronceada con una cicatriz que le recorría todo el rostro de forma diagonal, desde su ojo derecho hasta su mejilla izquierda. Traía un pantalón de mezclilla azul y una camisa a cuadros roja.
— ¿Qué paso aquí, entonces?— Pregunto el chico, manteniendo los ojos cerrados— ¿Una fiesta?
—Ah, estos idiotas dijeron que tenían hotdogs en su menú y resulta que no tenían salchichas ¡Si no tienen salchichas para que ofrecen hotdogs! ¡Es una mierda! Así que los mate por hacerme enojar.
—Completamente justificado— Aseguro el otro chico, asintiendo.
—Eso significa que solo falta Anular y Meñique ¿No?— La chica se bruzo de brazos.
—Ah, esa es la cosa, Anular no va a venir— Aseguro Índice recogiendo una manzana del suelo y limpiándola con una servilleta, dejándola, en realidad, cubierta de sangre para entonces morderla como si nada— Lo mataron.
Los dos presentes se crisparon, como si no hubiesen escuchado claramente lo que dijo.
— ¿Es una broma, Índice?— Preguntó Pulgar, la chica, esbozando una sonrisa para nada feliz.
— ¿Me estoy riendo? Quede como ustedes como lo supe— El hombre se recargo para seguir comiendo su manzana— No era el más poderoso pero tampoco el más débil ¿Entienden?
— ¿Qué tratas de decir? ¿Qué alguno de nosotros es débil?— La chica se mostró visiblemente molesta.
—Calma, Pulgar ¿Y cómo sabes que lo mataron?— Preguntó Medio, contemplando a su compañero.
Índice miro con astucia a Pulgar quien le regreso la mirada cargada de odio— Lo soñé, solo eso, ya saben cómo son estas cosas pero tenía que decírselo a ustedes ¿No? Que hay alguien tan fuerte como para matarnos. Y tenemos que cuidar de nuestros miembros más débiles ¿No?
— ¡Maldito!— Pulgar apretó los dientes, entonces sobre su cabeza apareció un caballito de mar de color dorado con apariencia inquietante, pues sus aletas tenían garras metálicas y su boca, estaba cubierta de picos— Neptuno…
—Que divertido— Índice levanto su mano mientras su ser mágico aparecía sobre él— Ven aquí, Marte.
Un jabalí de color rojo brillante con los ojos en llamas apareció. Tenía unos colmillos negros largos.
—Dejen eso ya— Les detuvo Medio, soltando un largo suspiro— La señorita Meñique está aquí.
— ¡Por qué a ella la tratas como señorita!— Se quejó Pulgar, haciendo una mueca— ¡Yo también soy una adulta!
— ¡Mis hermanos!— La mujer entro corriendo, entonces se dio cuenta de que había sangre en sus pies, aun así, no pareció molestarle pese a estar descalza, de hecho, mantuvo el ritmo de antes tras unos segundos de quedarse quieta, hasta llegar a la barra— ¡Sí que ha pasado un tiempo! ¡Los extrañe!
La chica abrazo por los hombros a Pulgar y a Medio.
Es una mujer que vestía ropas harapientas, cubiertas de suciedad y mugre, de labios delgados, nariz respingada, pecas sobre su rostro, ojos de color rojo sangre, cabellos negros, tez clara, delgada, de buen cuerpo, escondido en las ropas y que parecía tener una corona de oro macizo con diamantes pequeños repartidos en el contorno de la misma, sobre la cabeza.