Los secretos de la esclava

33. Información

Los pájaros estaban cantando pacíficamente esa mañana. Mare ya se había levantado y cambiado de ropa. El clima era igual de pacífico, a pesar de encontrarse en un país del desierto, la brisa era refrescante cuando rozaba su rostro; por la mente de Mare se cruzó la idea de salir a pasear con los demás, pero recordó que Cédric y Zia salieron desde más temprano, así que sólo quedaba Emily en la habitación.

Mare estaba a punto de llamar a la condesa, pero de repente escuchó los golpes a su puerta, y pensando que se trataba de alguna de las dos personas ausentes, abrió rápido, pero la persona que vio simplemente la dejó sorprendida.

—... buenos días, señorita —saludó Soraya con una gran sonrisa.

—... ¡ah p-princesa! —exclamó Mare antes de sujetar los extremos de su vestido e inclinarse para saludar—. Buenos días, su alteza, es una sorpresa verla por aquí.

—Jeje no tiene por qué sorprenderte así, sólo pasaba a ver si se habían instalado correctamente —respondió la castaña.

Emily salió de la habitación que compartían los chicos, pasando primero a la sorpresa y luego al gusto cuando vio a Soraya, ya que aparte de que ella era una muchacha agradable y respetuosa, también recordaba que llevarse bien con ella era la máxima prioridad.

—Buenos días, princesa, ¿qué la trae por aquí?

—Vaya, parece que las dos ya me conocen bien, me gustaría saber sus nombres, si no es mucha molestia —dijo sonriente.

Emily no tardó en hacer una breve reverencia en lo resolvía las dudas de la princesa.

—Mi nombre es Emily, condesa de los territorios de Solan

—Mi nombre es Mare, su alteza; disculpe, pero no tengo otro tipo de información para dar —dijo Mare mientras hacía la misma reverencia.

Soraya se mostró complacerlo y algo emocionada por conocerlas, y ese fue un detalle que no pasó desapercibido por Emily, incluso por Mare. La peliazul tenía razón cuando dijo que la princesa los juzgaría a su manera.

—Parece que sus esposos tuvieron que atender unos asuntos con mi padre, ¿qué les parece si desayunamos juntas y luego les muestro la ciudad? —propuso sonriente.

—Oh princesa... —dijo Emily antes de soltar una pequeña risa.

La castaña no entendió hasta que escuchó a Mare.

—¡E-el duque no es mi esposo! —exclamó la peliazul.

—¡M-mis disculpas, los vi bajar del mismo carruaje, así que...!

Ambas chicas estaban avergonzadas, una por haber sido tomada como para esposa de Cédric, y la otra por haberse equivocado terriblemente, mientras que Emily no hacía nada más que reír.

—Princesa, aceptamos desayunar y salir con usted, ahí aprovechamos en explicarle cómo están las cosas~

—S-sí, realmente lo siento, señorita Mare.

—N-no se preocupe...

Las tres caminaron lejos de las habitaciones, y desde el punto de vista de Emily, era un muy buen comienzo con la princesa de Rúmir.

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El desayuno había finalizado hace más de una hora. Cédric sellando unos papeles correspondientes a las próximas reuniones que se iban a ejecutar, y Akeem estaba aprovechando su ausencia para tener una charla finalmente con Zia, al cual lleva observando desde que los encontraron en los arcos de roca.

Zia estaba sentado frente al rey, pero como empezaba a sentirse ansioso, fue el primero en iniciar la plática, ya que Akeem no parecía dar señales de hablar aún.

—... ¿por qué solicitó mi presencia, su majestad? —preguntó con cierta impaciencia que el rey no esperaba.

—¿Le molesta que lo llamara aquí, joven...? —se quedó a media pregunta, ya que esa era la primera oportunidad que tuvieron para hacer cualquier presentación.

—Mi nombre es Zia Merjal, su majestad. Soy el conde de Solan, territorios vecinos de Tessia —respondió tranquilamente antes de responder a su otra pregunta—. Y no estoy molesto en lo absoluto, al contrario, sabía que en cualquier momento me convocaría.

Akeem pareció sorprenderse ante la tranquilidad de Zia, pero eso no aclaraba todas sus dudas.

—Entonces... ya tenían previstas varias cosas —concluyó—. Tú fuiste el que lanzó el llamado de auxilio con la magia del desierto.

—... el hecho de que respondiera al llamado, me da a entender que hice lo correcto —dijo Zia con cierta confianza, mientras que en su rostro se asomaba una ligera sonrisa—. La diosa de estas tierras creó esa magia para que los rumirianos o cualquier otra civilización del desierto, pudiera pedir ayuda desde cualquier lugar en el que esté; usted es un rey noble, y no iba a ignorar el llamado de uno de los suyos, ¿o acaso estoy equivocado?

Las palabras de Zia era muy acertadas. El rey de Rúmir no iba a ignorar a ninguno de sus ciudadanos, estén o no en sus tierras; Zia supo llevar sus acciones de forma correcta y apostó a que recibiría la ayuda que necesitaban.

—... ¿tu jefe estuvo de acuerdo desde el principio? —preguntó con el ceño levemente fruncido.

—¿Mi jefe? —respondió con otra pregunta—. ¿Se está refiriendo al duque Pheriam? En primer lugar, él no supo que hice el llamado sino hasta que llegamos aquí, sólo me regañó un poco por ocultarlo; y en segundo lugar... él no es mi jefe, Cédric es un gran amigo mío.




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