Los secretos de la esclava

37. Líderes de distrito

Cédric sabía desde un inicio que no sería bienvenido en Rúmir, y ese detalle se confirmó en el primer encuentro con el rey; el hecho de haber recibido ese rechazo sin inmutarse era algo a lo que estaba acostumbrado, pero ahora se preguntaba si podría mantener la compostura frente a cinco líderes que no le tienen mucha estima.

El rey y la princesa se encontraban afuera para recibir a los invitados, mientras que Cédric y compañía esperaban en el salón principal, y estaban listos para la reunión.

—Parece que no vamos a ser pocos en la reunión —comentó Emily mientras miraba la puerta.

—Sí, al parecer algunos líderes traen consigo a sus hijos y futuros herederos —confirmó Cédric, dejando ver una ligera sonrisa—. Ahora veremos qué postura tomarán de aquí en adelante.

—Seguramente tampoco te quieren —bromeó Zia.

—Nadie en este país me quiere —respondió Cédric con ironía.

Dejaron de lado las bromas cuando escucharon el sonido de la puerta, esta se abrió y ahí fueron ingresando los tan esperados líderes de distrito.

«Aquí están finalmente, los jefes de distrito», pensó Cédric mientras los observaba, y fue cierto lo que dijo Emily, un par de ellos llegó con sus respectivos herederos.

—Saludos, joven duque Cédric Pheriam. Me presento, soy Kamal Feres, líder del distrito portuario, manejo cualquier trámite relacionado con las rutas marítimas de nuestro país —dijo con un tono calmado mientras hacía una reverencia. —

Es un honor conocerlo, señor Feres, esperamos que tener una saludable interacción —respondió Cédric con una ligera sonrisa, pasando a saludar a la siguiente persona.

—Miyaz Imran, controlo todo lo que esté dentro del distrito comercial, y este es mi hijo Alim Imran, mi futuro heredero —presentó a su hijo, el cual dio un paso al frente mostrándose imponente.

—Es un placer, duque Cédric —dijo con seriedad, y sin mostrar ni una pizca de aceptación, cosa que notó Cédric.

«Ahh... me mira como si fuera el peor de sus enemigos, el más repugnante~ », pensó sin quitar la sonrisa, era interesante ver las expresiones de estas personas por más diferentes que fueran.

—El placer el mío, joven Imran, espero que esta reunión sea favorable para sus conocimientos y experiencia.

—... espero lo mismo... —respondió frunciendo el ceño, pero a los siguientes segundos vio entrar a Soraya, y su mirada se iluminó—. ¡Qué gran gusto verla hoy, princesa!

—Sí... digo lo mismo, joven Imran —dijo Soraya, intentando disimular una mueca al ver cómo se acercaba.

—Espero que su cumpleaños sea glorioso así también como el resto de sus días —mencionó con una gran sonrisa.

—... muchas gracias —respondió Soraya antes de volver al lado de su padre.

Zia y Emily observaron aquella escena con algo de sorpresa y curiosidad.

—No parece ser del agrado de la princesa —murmuró Zia.

—Podría tratarse de algún candidato para ella, tal vez para compromiso —respondió Emily.

«... hay algo en ese chico... que me resulta extraño, pero no podemos preocuparnos por eso ahora», pensó Cédric mientras miraba de reojo al hijo del jefe Imran.

—... Marian Rumie, es un honor conocerlo, joven duque Pheriam —saludó una mujer que parecía superar los sesenta años—. Le presento a mi hija, Nora Rumie. Ella me ayuda a manejar todo emanando el distrito textil, nuestra cadena de ventas de tela son de la más alta calidad.

—Eso suena interesante. Esforcémonos para que esta reunión sea un éxito, el honor será nuestro si logramos trabajar en equipo en un futuro —dijo Cédric mientras se inclinaba frente a las damas—. También es un gusto conocerla, señorita Rumie, estoy seguro de que su talento debe ser excepcional.

—Muchas gracias, duque Pheriam —respondió la joven, mostrándose algo emocionada por el cumplido y buen comportamiento de Cédric.

—Adam Aranda, manejo las cosas en el distrito educativo, eso incluye los conocimientos de Rúmir y la torre mágica —explicó, haciendo una reverencia frente al pelirrojo—. Aún si a Rúmir no se lo considera a la altura de un imperio, los graduados de nuestra academia mantienen en alto nuestra reputación.

Ahí estaba, una de las principales cosas que estaba buscando en Rúmir además del tratado de paz. Si quería llegar a los conocimientos resguardados en el distrito educativo, tenía que tratar directamente con Adam Aranda; y ahora estaba por usar una de sus cartas, esperando poder ganar algunos puntos a su favor.

—Nunca dudaría del intelecto o la reputación de la academia, a fin de cuentas... aún con las presiones de aquellos años, uno de los míos tuvo el honor de recibir la tutela de sus maestros.

—¿Uno de los suyos? —interrogó Adam.

—¿Por casualidad le suena el nombre de... Noah? —preguntó mientras que su sonrisa se ampliaba.

Detrás de todos se encontraba Akeem, el rey de Rúmir, y no parecía estar muy feliz por el rumbo de la conversación. Prácticamente, dos de los líderes parecían tener una buena impresión de Cédric, y eso lo inquietaba porque ya suficiente tenía con que Soraya estuviera del lado del duque.




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