Los secretos de la esclava

38. Discusión

—Comencemos con el principal punto a tratar —empezó el rey mientras sostenía los documentos—. La primera carta enviada por el duque Cédric, decía que su principal intención era entablar un tratado de paz entre nuestras tierras. Usted heredó el ducado hace unos años, ¿por qué a estas alturas está buscando esto?

—Usando ese tono sí lo hace sonar sospechoso, su majestad —respondió Cédric con una sonrisa—. Mi padre dejó heridas muy fuertes en muchos lugares, toda su gente teme lo peor al saber que estoy pasando sus tierras. Esta es la gran verdad: siempre estuve en contra de esclavizar a la gente de Rúmir.

Los presentes fruncieron el ceño ante esa confesión, especia el rey, porque estaba enterrada aquella espina de resentimiento que les hacía desconfiar del descendiente de Raphael Pheriam, aunque dicho hombre estuviera muerto, ahora tenían a su hijo frente a sus ojos, el cual era su viva imagen.

—Si el tratado de paz es su verdadera intención, ¿cuál es su estrategia para convencernos de ello? —preguntó Akeem en nombre de todos, antes de observar finalmente a quienes lo acompañaban especialmente al que poseía sangre rumiriana corriendo por sus venas—. ¿Las personas que te acompañan vienen a dar la cara por ti?

—No hay necesidad de mostrar tal hostilidad, su majestad~ —dijo sonriente, pasando a cruzar sus dedos para posar su mentón sobre ellos—. Todos aquí tienen una versión retorcida de lo que soy y de todo lo que he hecho desde que heredé el ducado. Lo más normal es que cuente mí verdadera historia, y estas personas están aquí como mis testigos.

Los presentes no parecían muy convencidos de lo que decía Cédric, pero la mirada de Zia y Emily era tan seria que en verdad estaban comenzando a creer en sus palabras; sin embargo, eso no significaba que estuvieran del todo felices.

—¿Y por qué deberíamos escucharlo? —soltó Alim después de dar un manotazo a la mesa—. Puede que este hombre sea un rumiriano, pero parece que ha olvidado sus raíces al asociarse con el hijo de Raphael Pheriam.

—Alim... —llamó Miyaz a su hijo para que se calmara.

—Perdóname, padre, pero esto no termina de convencerme —dijo, antes de posar su mirada en Zia, analizándolo—. Ropa de finos materiales, sin mencionar que tiene sus propios terrenos al lado de Tessia y es marqués, ¿acaso el duque te ha comprado? ¿Qué hay de esta mujer? ¿También fue parte de la compra?

—¡Alim!

—Será mejor que controle a su hijo, jefe Imran —dijo Zia de forma repentina, provocando un silencio tenso en la sala—. Alguien como yo ha soportado ofensas durante toda su vida, pero no pasaré por alto esta gran falta de respeto hacia la mujer que se convirtió en mi esposa.

Emily sonrió al escuchar las palabras de Zia, le provoca una gran satisfacción que la defendiera con tanta fuerza; mientras tanto, el hijo de Miyaz Imran observaba con furia al castaño, y de paso a Cédric.

—... su majestad, se supone que esta debería de ser una reunión diplomática tranquila, ¿cuál es el punto si sólo un lado tiene derecho a hablar? —preguntó Cédric con esa sonrisa llena de astucia.

Akhem frunció el ceño con cierta molestia porque el pelirrojo estaba en lo correcto, aunque darle la razón era aún más humillante para él. Sin embargo, la tensión pasó a sorpresa cuando uno de los jefes levantó la mano.

—Yo estoy dispuesto a escuchar lo que ellos tienen para decir —dijo el jefe del distrito educativo Adam Aranda.

—Jefe Aranda-

—No me parece que su hijo esté a la altura de esta reunión, y creo que usted piensa lo mismo —interrumpió a Miyaz, dejándolo sin palabras.

—... ¿padre? —llamó Alim al ver que su padre no respondía—. ¡Padre, no estarás-!

—Retírate, Alim —ordenó Miyaz.

—¡Padre!

—La reunión apenas inició, ¿y te atreves a mostrar este comportamiento inapropiado? Creí que habías reflexionado, pero creo que me equivoqué.

Alim no parecía creer que ahora su padre no apoyara sus palabras, incluso esperó alguna opinión de los otros jefes, pero nada; su última opción fue el rey.

—Su majestad, debe entender mi punto de vista, por favor; obviamente esto es sospechoso.

Akeem no pareció querer mostrar inclinación hacia el hijo de Miyaz, ya que en su mente resonaron las palabras de su hija sobre intentar darle una oportunidad para que la prosperidad llegue a Rúmir.

—Si el jefe Imran considera que su hijo no es apto para esta reunión, entonces su decisión será respetada —declaró el rey, sin observar el impacto generado en el más joven, seguido de una expresión llena de derrota.

—Siendo esas las claras palabras del rey, entonces yo también estoy de acuerdo —agregó Kamal Feres.

—Opino lo mismo, además... —los ojos de Marian Rumie se dirigieron a Cédric y compañía, sonriendo con interés—. También quiero escuchar la historia que está detrás de todo el compañerismo del duque y el marqués.

—Estoy de acuerdo con mi madre, ¿desde cuándo en Rúmir se condena a alguien sin antes escuchar sus declaraciones? —dijo Nora Rumie—. Además, este ni siquiera es un juicio, es una reunión diplomática, todo debe ser escuchado por ambas partes, sólo así se llegará a una conclusión.




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