La tensión estuvo por los cielos en aquella reunión, pero el tiempo había transcurrido y nadie lo había notado, por lo que se decidió tomar un breve receso para la cena. Todos, incluido el grupo de Cédric, abandonaron la sala de reuniones, pero el rey se quedó por un rato más, pensando en todo lo que se ha hablado hasta ese momento.
¿Dar o no dar una oportunidad? La decisión estaba en sus manos, aunque tomaría en cuenta la opinión de los líderes de distrito.
—... no parece ser un mal hombre, a pesar de parecerse tanto a Raphael Pheriam —dijo para sí mismo.
—¿Pretende darle el beneficio de la duda, su majestad?
Ante el sonido de aquella voz, Akeem volteó a ver la esfera que se ocultaba detrás de una cortina, lo cual era extraño, porque no recuerda haberla dejado ahí. La curiosidad lo invadió, así que se acercó.
—¿Escuchaste todo? —preguntó directamente.
—Sólo lo necesario, su majestad, y debo admitir que el duque tiene labia. Sin embargo, ya conoce mi opinión~
—Te ves muy seguro, a pesar de que un rumiriano testificó a su favor —señaló mientras se cruzaba de brazos.
—Todo está basado en mi experiencia, y sólo puedo decir, que cuando tenemos algo valioso para proteger, no podemos confiar tan fácilmente —comentó aquella voz desde la esfera—. Usted tiene un tesoro muy valioso, su majestad, es todo lo que le queda.
Ante esas últimas palabras, el rey no pudo hacer otra cosa más que pensar en su hija Soraya, siendo ella su ser querido más preciado, y que aparte de eso, es el recuerdo de su difunta esposa.
—Recuerde, su majestad. Los genes son muy fuertes, y los de aquel hombre, son muy demandantes~
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Después de aquella breve charla, Akeem finalmente se dirigió al comedor principal en donde ya estaban reunidos el duque, su gente y los líderes de distrito, pero al visualizar la puerta, notó que su hija lo estaba esperando ahí.
—Soraya, ¿ocurre algo malo? —preguntó.
—En lo absoluto, padre, sólo te esperaba, ya que quiero cenar con ustedes —respondió, antes de aclararse la garganta—. Claro, si tú me lo permites.
—¿Pero qué pregunta es esa? Eres mi hija, por supuesto que puedes acompañarnos —respondió, colocando sus manos sobre el hombro de Soraya.
Ante tal respuesta, la castaña no tardó en sonreír. Todo estaba más que preparado, sólo faltaba la persona más importante por la cual se estuvo esforzando toda la mañana. Akeem tomó asiento, los demás ya estaban en sus respectivos lugares, incluso Alim que fue expulsado de la reunión, y Mare por petición de la misma princesa, fue ahí en que una sirvienta se acercó a Soraya.
—Pueden traer los platillos, por favor —dijo, a lo que la servidumbre asintió con entusiasmo.
En cuestión de segundos, el exquisito aroma de la comida invadió el comedor. Para los demás, sólo era el exquisito aroma de un exquisito platillo, pero para Akeem, hubo algo que llamó su atención con fuerza, y no tardó en confirmar las cosas cuando la comida llegó finalmente a la mesa.
Sus ojos brillaron, pero la confusión estaba presente. O sea, él nunca ordenó servir estos platillos, y ahora que lo recuerda, hace días le mencionaron el menú que habían elegido, entonces... ¿Quién cambió las cosas? Sólo puede pensar en una persona.
—Soraya... ¿esto lo planteaste tú? —preguntó sin sonar molesto, ya que sabe que su hija siempre tiene las mejores intenciones.
Soraya se puso de pie en ese momento, lista para explicarlo todo.
—Sí, padre. Desde hace mucho se volvió una costumbre servir estas comidas en los días de reunión para aliviar la tensión que las mismas pueden provocar —explicó con tranquilidad, mirando a su padre con una sonrisa—. Mi madre, la reina de este país, siempre vio por la comodidad de todos, y también por futuro de estas tierras. Hoy en día, ella ya no está presente con nosotros, pero los platillos que preparaba con sus propias manos, continuarán cumpliendo su labor, y como su hija y heredera, me aseguraré de que se haga así, espero que no te moleste, padre.
Akeem seguía sorprendido por las decisiones que tomaba su hija, no estaba molesto, y parece que Soraya se daba cuenta de ello, así que le sonrió con gentileza.
—Sé que tienen decisiones que tomar. El futuro de nuestro país depende de eso, y sé que todos estos años han dejado muy herido a nuestra gente —dijo, pasando a ver a Cédric y aquellos que lo acompañan, sonriendo—, pero yo creo firmemente que las generaciones de ahora son muy diferentes a las que conocíamos en el pasado. Al menos durante estos minutos de la cena, hagamos a un lado nuestras diferencias y disfrutemos, pueden empezar.
Soraya se sentó luego de decir aquellas palabras, y todos decidieron tomar su palabra, disponiéndose a probar aquellos platillos. Las miradas de todos decían una misma cosas, todo estaba simplemente delicioso. Los más sorprendidos eran los herederos de ciertos líderes, ya que es la primera vez que pueden probar dicha comida.
—Es la primera vez que pruebo algo así. Madre, ¿tú ya lo habías probado, no es así? ¿Por qué no me lo habías mencionado? —interrogó Nora a su madre, escuchándola reír.
—Bueno, no me pareció necesario mencionarlo, después de todo, decías que esas reuniones no eran lo suficientemente interesantes —comentó, sacándole una sonrisa a algunos presentes—, pero tienes razón, está exquisito... ha pasado mucho tiempo desde probé un platillo de Laila, es como tenerla en esta cena.