El salón principal del palacio se veía tan lleno de vida por todas las decoraciones y las risas de los invitados. La fiesta de mayoría de edad de Soraya había dado inicio, y poco a poco iban llegando las personas. Los líderes de distrito y sus hijos ya estaban ahí, pero entre tanta alegría, estaba presente la inconformidad de Miyaz, porque Alim seguía sin aparecer.
Desde un piso superior, el grupo de Cédric se encontraba observando todo el escenario, sabiendo que el ambiente cambiaría en un segundo cuando se mostraran frente a todos, especialmente por la viva imagen de Raphael Pheriam que el pelirrojo arrastraba.
—... yo bajaré primero, ustedes pueden esperar a la princesa —dijo Cédric antes de que los demás salieran.
Zia, Mare y Emily lo miraron confundidos, pero en ese mismo instante se negaron a seguir esa indicación.
—No vas a bajar tú solo —dijo Zia con una mueca.
—Todavía no se toma una decisión, ustedes no tienen que cargar con el desprecio de la gente —respondió Cédric al instante.
No hubo necesidad de aparecer frente a todos para que se sintiera la tensión, fue entonces cuando Emily se puso en medio de los dos.
—No podemos tener disputas en este momento, caballeros —interrumpió rápidamente, antes de mirar a Cédric—. Duque, se supone que estamos en esto juntos, aunque no lo acompañamos, seguimos siendo sus aliados, así que también seremos juzgados por la mirada de todos.
Cédric frunció el ceño, justamente quiere evitar esas incomodidades para sus compañeros, especialmente para Mare; en ese mismo instante volteó a verlo, sólo para ver una muñeca en su rostro. El pelirrojo se vio sorprendido por la expresión de Mare, no lo esperaba de ella.
—... estoy de acuerdo con ellos, duque —dijo Mare—. No servirá de nada separarnos ahora, debemos permanecer unidos hasta que se tome la decisión final. No se atreva a querer hacer las cosas por su propia cuenta.
Eso sonó más a un regaño, aunque Mare no lo pretendiera, así lo sintió Cédric, y justamente fue eso lo que le hizo sonreír y resignarse, definitivamente no puede contra ella.
—Viendo que ninguno me quiere hacer caso, no puedo negarme —respondió mientras se acomodaba un poco el cabello—. Si ya no hay nada más que decir, entonces nos toca bajar; Con algo de suerte, la entrada de la princesa opacará nuestra presencia.
Los primeros en aparecer ante los invitados, fueron Zia y su esposa Emily. Ambos bajaron los escalones con tranquilidad mientras eran observados con curiosidad. Zia complementaba sus rasgos rumirianos gracias al atuendo que vestía, pero eso no disminuía el atractivo que ya poseía. Los susurros no se hicieron esperar, especialmente por ser el principal aliado de Cédric, pero nadie parecía tener la intención de causar algún tipo de problema.
Por un momento, Cédric tuvo la intención de esperar a que ellos se mezclaran, pero luego los vio detenerse a mitad de camino; Zia volteó a mirarlo, esperando a ver cuando bajaba, ahí el pelirrojo se dio cuenta de que no servía de nada quedarse ahí, además de que Mare también le dio un leve empujón.
—Debemos alcanzarlos, duque —dijo la peliazul.
Eso era correcto, pero también pensaba que presentarla ante la sociedad era una decisión difícil, especialmente porque quería evitar que la gente se acercara demasiado a ella por su deslumbrante aspecto. Mare seguía siendo su protegida, y la idea de que otros hombres intentaban cortarla, era lo más frustrante en su cabeza.
Mare se sentía nerviosa, eso no podía negarlo. Hasta hace no mucho tiempo, fue una esclava que iba de subasta en subasta, de un dueño a otro. No fue hasta que su camino se entrelazó con el de Cédric que pudo comenzar a vivir de verdad, y ahora, ese mismo hombre la llevaba del brazo a una fiesta, en otro país.
— ¿Segura que estás cómodo con esto? —murmuró Cédric contra su oído.
Mare sintió que su piel se erizaba de sólo escuchar tan de cerca aquella voz, pero de todas formas miró a Cédric, esbozando una sonrisa e intentando que los nervios no se notaran. Su cercanía ya no le afectaba como cuando recién llegó al ducado, ahora provocaba algo completamente distinto.
—Estoy bien — respondió, apretando el agarre en su brazo sin querer—. No se preocupe por eso, duque, estoy lista.
Cédric podía sentir los nervios por medio del agarre de Mare en su brazo, pero escucharla tan segura de sí misma, sin duda le sacaba una sonrisa.
—Esta nueva Mare no está mal —susurró, sintiendo cómo su agarre se regresó aún más fuerte—. Jaja es hora.
Teniendo un fuerte rubor, Mare se acercó antes de bajar los escalones junto a Cédric. Emily y Zia esperaron con una sonrisa hasta tener a ambos a su lado.
—Ya estaban tardando, ¿qué era lo que discutían? —preguntó Zia, dándole un leve codazo a Cédric.
—Mejor mira al frente, o podrías tropezar con un escalón —respondió con confianza.
—Caballeros, creo que todavía tenemos un trabajo entre manos, no se pondrán a discutir ahora, ¿verdad? —preguntó Emily mientras los miraban de reojo.
Mare dejó escapar una risilla al ver cómo Cédric y Zia se quedaron completamente callados. Continuando con los demás, los cuatro continuaron bajando hasta que se mezclaron con los invitados; se miraron entre los cuatro antes de separarse con sus respectivas parejas, con el objetivo de cubrir un poco más de terreno en ese gran salón.