Los secretos de la esclava

44. Lágrimas de princesa

La mano de Cédric se había extendido hacia Mare. Luego de que ella escuchara aquella invitación, simplemente no supo qué decir en los primeros segundos.

—... ¿e-está seguro de que es adecuado? —preguntó antes de considerar siquiera el aceptar el baile—. Quiero decir... alguien como yo...

Cédric se mostró sorprendido ante esa respuesta, cuya continuación ya sabía a dónde se dirigía.

—Mare... —llamó Cédric en un tono bajo—. Sólo tienes que verme a mí.

—... ¿eh? —murmuró, presenciando cómo Cédric tomaba su mano.

—Cuando bailemos, sólo debes mirar a tu pareja de baile, lo demás no importa —dijo, mostrando una sonrisa llena de calma.

La sonrisa del pelirrojo siempre ha generado una tranquilidad inexplicable en Mare, y esta vez no era la excepción. Con un ligero gesto volvió a preguntar si quería ir a bailar, y esta vez, fue Mare la que le sonrió.

—Será un honor, duque.

«Sólo debes mirarme a mí», esa frase era el único pensamiento en la mente de Mare, y aunque varias personas se giraron para verlos, ella hizo caso a esas palabras.

Siendo inexperta, Mare mantenía la mirada en sus pies por temor a pisar a Cédric, pero este, en un movimiento ágil, acercó más a la peliazul al rodear su cintura con su brazo; en cuestión de segundos, ya estaban bailando al lento ritmo de la música.

—No estés tan rígida, sólo debes soltarte —murmuró Cédric, guiando a la joven con movimientos cuidadosos y elegantes—. ¿Me entiendes, Mare?

—... sí, duque —respondió en bajo.

Otra vez. Ahí estaban esos intensos latidos que incluso podía escuchar, a medida que la música continuaba, Mare no podía concentrarse en otra cosa que no fuera su pareja de baile.

—Discúlpeme, no sé bailar —soltó con torpeza.

—Que palabras tan raras, en mi opinión, no parece ser la primera vez que bailas —dijo Cédric, notando el pequeño sobresalto que tuvo Mare—. ¿Es tu primer baile?

Recordando todo con rapidez, Mare sintió que volvía a revivir el suceso de días anteriores, ese en el que nadie más existía a su alrededor, sólo ella y aquella persona con la cual bailó. Nuevamente, como en aquella noche en el balcón, ocultó el hecho de haber dado su primera danza con alguien más.

—... por... supuesto —balbuceó. Cédric rió en bajo.

—Disculpa... —se quedó a media frase, cuando empujó a Mare hacia atrás, manteniendo un agarre firme en su cintura—. Puede que hayan sido ideas mías.

Las manos de Mare se encontraban sobre los hombros de Cédric, pero no hubo necesidad de sujetarse con más fuerza, ni siquiera se había asustado. Ella sabía que él no la soltaría, lo único que se agitaba en ese momento, era su pobre corazón.

El baile siguió, y Cédric jaló a Mare para que volviera a estar firme sobre sus pies. La experiencia ya no era nueva, y aun así tenía que admitir que era igual o hasta más emocionante de lo que esperaba. De repente, la sensación se volvió demasiado conocida, tanto que sólo aumentaba sus sospechas sobre que fue Cédric quien la sacó a bailar durante el festival.

Guiándola con maestría, Cédric le hizo dar un último giro, yendo en justa sincronía con la melodía, haciendo quedar a Mare entre sus brazos cuando todo se redujo al silencio. La música había terminado junto con el baile, y el pelirrojo tomó su distancia para inclinarse ante ella.

—Espero que... haya sido un buen primer baile para ti —dijo sonriente, antes de besar su mano.

Ese gesto, aunque fuera pequeño, fue suficiente como para hacer que Mare sintiera una descarga en todo su cuerpo. Sin embargo, su corazón sólo se llenaba de esa calidez que Cédric siempre le generaba. Un hombre amable y bondadoso, pero que es juzgado por la gente por no saber la verdad de las cosas, y él sólo carga con ese peso sin importarle.

Mare se inclinó respetuosamente en respuesta ante tan hermoso momento disfrutado, y sin decir otra palabra más, ambos fueron a reunirse con Zia y Emily, quienes ya los esperaban en un extremo del salón. Emily tomó de inmediato las manos de la peliazul.

—Fue un baile maravilloso. Las clases privadas fueron muy útiles —señaló.

—¿Qué cosas dice? Yo sólo me dejé llevar... y el duque me guio perfectamente —respondió Mare, bajando la mirada con cierta vergüenza.

—Que gran habilidad la de nuestro duque —comentó Zia con cierta burla en su sonrisa, agregando un leve empujón al pelirrojo.

—Ah sigue burlándote de la persona que te enseñó los pasos para impresionar a la señora Emily —contraatacó Cédric, alarmando a Zia.

—Era tierno verlo cometer algunos errores, no puedo negarlo —rió Emily.

—Dijiste que no contarías eso...

Entre ellos empezaron a reír, fue un momento verdaderamente agradable. Sin pensar en las reuniones y tensiones de estar en territorio enemigo, era como si se encontraran en un banquete realizado por personas cercanas.

En medio de aquel momento lleno de tranquilidad, Mare alcanzó a ver la silueta de Soraya salir con cierta prisa del salón, demasiada en su opinión, como si huyera de algo.

—¿Todo está bien, Mare? —llamó Cédric.




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