A medida que el tiempo pasaba, parecía que era mucho más difícil para Cédric fingir que no le inquietaba no ver a Mare en el salón. Su mirada viajaba en diferente direcciones, esperando poder ver esa cabellera azulada en alguna parte.
—... Cédric, tienes que dejar de preocuparte, Mare volverá pronto —dijo Zia mientras intentaba calmarlo.
—Lo sé, es sólo que... tengo un mal presentimiento —murmuró en respuesta.
—Caballeros —llamó Emily en un susurro—. No me gustaría creer que soy paranoica, pero... siento que la gente nos está mirando demasiado...
La tensión regresó luego de escuchar esas palabras, pero tanto Cédric como Zia, optaron por disimular que no se daban cuenta. Emily tenía razón, las miradas ajenas estaban directamente sobre ellos.
—... algo pasa... —murmuró Cédric con seriedad.
—... Cédric, la princesa tampoco ha regresado al salón —avisó Zia, luego de haber echado un vistazo.
El pelirrojo frunció el ceño al instante, atando las conjeturas que estaban detrás de las miradas juzgadoras. «La ausencia de la princesa hace que la desconfianza hacia nosotros crezca. Si Mare no ha vuelto, los más lógico sería pensar que están juntas, pero... en lugar de aliviar las tensiones, esto está provocando el efecto contrario», pensó Cédric mientras analizaba el escenario.
—Tenemos que encontrar a Mare...
Aun si hay reuniones de por medio, Cédric sabía qué prioridades debía poner en primer lugar en los momentos cruciales, y sentía que traer de regreso a Mare lo era todo. Sin embargo, en menos de pocos segundos, la situación dentro del salón de banquetes se volvió crucial y peligrosa.
La experiencia. Los instintos. Los reflejos ganados en combate. La reacción fue instantánea para Zia y Cédric cuando detectaron el aroma de la pólvora, incluyendo a Emily, los tres se hicieron para atrás cuando un extremo del salón estalló.
Los gritos y el pánico empezaron, algunos presentes salieron lastimados por estar cerca de la explosión.
—... ¡Zia, los heridos! —exclamó Cédric.
Zia reaccionó rápidamente, acercándose hacia la zona destruida tan pronto como sus piernas se lo permitían, fue entonces en que el aroma de la pólvora volvió a su nariz.
—¡Aléjense de ahí!
La gente gritó más cuando llegó una segunda explosión, y varias fueron empujadas por la ráfaga. Sin embargo, los que estaban lo más cerca posible de Zia, fueron protegidos por el escudo que había creado, aunque eso no disminuía la cantidad de personas que ya estaban afectadas.
—¡Reúnan a los heridos por acá!
Los líderes de distrito y el mismo rey empezaron a dirigir a los guardias para proteger a los presentes, pero como si la situación no quisiera darles descanso, empezaron a ingresar varios hombres que portaban armas peligrosas.
Las intenciones eran claras. La amenaza fue dirigida hacia los presentes más cercanos, pero Cédric intervino lo más rápido que pudo junto a los pocos caballeros que lo acompañaron a Rúmir, demostrando el impecable uso de su lanza, no le costó mantener a raya al enemigo, pero notaba que cada vez llegaban más, y al ver sus prendas de inmediato los reconoció.
Zia recibía a los heridos en una esquina apartada, activando magia curativa en un par de pacientes luego de aplicar primeros auxilios a otros. Sin embargo, la cantidad de enemigos aumentaba, y al pasar por los puntos ciegos del salón, estaban a nada de llegar a Zia, pero este ni siquiera se inmutaba, porque la protección llegó de la persona que menos se esperaba el enemigo.
—¿¡Q-qué le pasa a esta mujer!?
Algunos se hicieron para atrás luego de ver a otros ser fácilmente derrotados por aquella dama con espada en mano. Emily los miraba con frialdad, porque no había nada más detestable que aquellos que quisieran herir a su esposo.
—... mi marido está trabajando duro salvando vidas... —dio algunos pasos hacia adelante, ejerciendo presión con su sola presencia—. No permitiré que lo interrumpan en su labor.
Segundos atrás, habrían atacado sin titubear, pero la postura de Emily mientras portaba una espada, delataba que no estaban tratando con una simple mujer que sólo quería defender a su amado, y no era para menos. Emily Ramiry fue estrictamente entrenada en el manejo de la espada, y dicho entrenamiento fue otorgado personalmente por su propio padre.
Actualmente, Emily puede no estar a la altura de las habilidades de Noah, pero talento es descomunal, a tal punto que provoca la inseguridad en sus enemigos.
Del otro lado del salón, poco a poco parecía que lograban controlar la situación, pues se demostraba la gran habilidad en combate que poseía la guardia real de Rúmir y su rey.
—... ¿¡dónde está mi hija!? —exclamó Akhem con evidente inquietud.
—... ¡no hay rastro de la princesa, su majestad! —respondió un soldado.
La mirada furiosa del rey cayó sobre el joven duque pelirrojo que también peleaba cerca de él. Por más que estuviera luchando por los inocentes en el palacio, en su cabeza rondaban las palabras de su informante, advirtiéndole que no debía confiar en Cédric en lo absoluto.
—... Cédric Pheriam...