—¿Quién está ahí? —interrogó Alim, hasta ver de quién se trataba—. ¿Duque Pheriam?
Con una sonrisa llena de astucia, Cédric se acercó a Alim con paso relajado. El joven heredero pareció bajar la guardia, aunque su expresión no era la mejor.
—Podría fingir un poco de sorpresa —comentó tranquilamente.
—... es verdad que mi comportamiento en la reunión fue inadecuado —admitió con cierta culpa al recordar la cara de vergüenza de su padre—, pero... eso no cambia del todo mi opinión sobre usted.
—... ohh~
—Por la princesa, apoyaré este tratado de paz.
Cédric dejó escapar una baja risa frente chico con el ceño fruncido.
—No se preocupe, joven Inram... me atrevo a decir que tengo la misma opinión, ya que no suelo pasar por alto que le falten el respeto a uno de los míos —dijo con una calma gélida que hizo retroceder un paso al ajeno—. Tú sabes a qué me refiero, ¿no es así?
La sonrisa del pelirrojo había desaparecido, y su mirada era mucho más oscura y afilada, incluso dejó de lado el respeto a la hora de dirigirse a él. Alim tragó saliva, porque también era consciente de que cometió un error en desquitarse con la protegida del duque, y amiga de su adorada princesa.
—... también... me disculpé con la señorita... —dijo Alim en un susurro mientras desviaba la mirada.
—Mmm sí, lo escuché, y también me pareció genuino... es justo por esa razón que no he hecho algo más radical —confesó.
—De alguna manera... siento que ese no es el asunto por el que me detuvo aquí —sospechó, y pudo confirmarlo al ver esa sonrisa en el rostro de Cédric—. ¿Qué quiere de mí?
—... alguien ha estado vigilando las reuniones —dijo directamente, notando al instante la incredulidad de Alim—. No es uno de los míos, y dudo completamente que su majestad accediera a permitir esto sólo por vigilarme o algo parecido.
—Un momento, ¿cómo puede asegurar que nos vigilan? —exigió saber Alim.
—Cuando eres observado y juzgado toda la vida, te acostumbras a esa sensación, tanto que fácilmente puedes darte cuenta de cuando lo hacen —explicó Cédric con simpleza, aunque no tuviera mucho sentido para Alim.
—... ¿qué espera que yo haga? —preguntó finalmente.
La mirada de Cédric era tan directa como si fuera a taladrar sus ojos. Alim, en toda su desconfianza, pensó que la petición sería humillante, y su mente ya estaba poniendo en lista todos los insultos posibles.
—Tú... debes desaparecer —aclaró su duda—. Vas a desaparecer por completo de la vista de todos y la gente lo tomará como una objeción a esta reunión.
—Suena a que mi reputación será pisoteada...
—Con todo respeto, tampoco parecías tener una buena reputación, no por nada la princesa se veía incómoda cuando llegaste para la reunión —reprochó Cédric, sin importar la mala cara de Alim.
—Bastardo... bueno, como sea, ¿y para qué quieres que desaparezca? —consultó.
—Tengo un mal presentimiento, si esta persona nos está vigilando, significa que le pasa información a otro, y en resumen...
—... algo está por suceder —finalizó la teoría del pelirrojo—. Así como nos vigilan, tú quieres que yo también vigile, por eso quieres que desaparezca.
—Ahh captas rápido, no está mal~ —felicitó, escuchando segundos después el chasquido de lengua de Alim—. Con sólo desaparecer no es suficiente; mañana es el banquete de la princesa, y nadie debe reconocerte. Cambiarás tu apariencia y te mantendrás disimuladamente apartado de los demás, atento a cualquier acto sospechoso, ¿entendido?
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Tras haber explicado todo el plan, y la cooperación entre Cédric y Alim, las cosas finalmente estaban teniendo mucho más sentido, dando por hecho que el pelirrojo no estaba detrás del ataque.
—¿Todo este tiempo estuviste escondido? ¿Por qué no me dijiste? —exigió saber Miyaz.
—Disculpa padre, no era mi intención preocuparte, le di la razón al duque cuando dijo que era peligroso que muchos lo supieran, eso alertaría al enemigo.
Akeem se acercó, luciendo más centrado ahora que todo tenía mas lucidez.