—No me importa lo que una princesa mimada tenga que decir. El bastardo de Cédric llegará, y al tenerlas como rehenes, tendrá que arrodillarse ante mí, ¡sometan a este par de zorras! —gritó.
El desastre se desencadenó luego de aquella orden. Los bandidos se acercaron, y lo primero que hizo Soraya, fue mantener a Mare lo más cerca posible mientras imbuía su espada con magia. La princesa realizó un movimiento rápido hacia adelante, como si fuera a punto de cortar a quien se le pusiera en frente, y en respuesta a eso, una ráfaga de viento empujó a los bandidos que tenían, logrando crear una apertura.
—¡Corre! —exclamó, tomando la mano de Mare para echarse a correr.
—Mierda, ¡atrápenlas, rápido! —gritó Hazem.
—¡Soraya, no podremos mantener este ritmo por mucho tiempo! —dijo Mare, mirando hacia atrás.
—¡Es mejor esto a que nos rodeen otra vez! —respondió.
Aunque ellas corrieran tan rápido como les era posible, uno de los bandidos ya les estaba pisando los talones, pero Soraya ya tenía previsto ese detalle, y no dudo en plantarle cara cuando este decidió atacarlas.
El choque entre los dos metales sacó chispas, mas Soraya giró rápidamente sobre sus pies para propinar un ataque directo por el lado contrario, notando que el enemigo no se lo esperaba de ella, por lo que terminó siendo empujado; sin embargo, ahí no terminó el enfrentamiento, y segundos se escuchó un quejido de dolor por parte del bandido tras recibir una patada de Soraya en el estómago, consiguiendo con eso, robarle su espada.
El estilo de pelea con la espada, parecía estar deslumbrando cada vez más a Mare, recordando las veces en que sólo podía observar todo eso en el ducado. «Soraya es muy fuerte, debió recibir la tutela de los mejores maestros», pensó, pero dichos pensamientos fueron interrumpidos cuando una inesperada soga fue lanzada, atinando a rodear a Mare por el cuello.
—¡Ahh! —chilló Mare al recibir un tirón agresivo que la tumbó al suelo.
—¡Mare! —exclamó Soraya con temor, acercándose rápido para cortar la cuerda que la ahorcaba.
—Eso dolió... —murmuró con la respiración agitada, para después verse horrorizada por los bandidos que ya las alcanzaban—. Soraya, tú eres la princesa de este reino, tienes que sobrevivir tú.
La castaña la miró como si la hubiera insultado.
—¿Estás loca? El duque no me perdonaría si permitiera que estos tipos te lleven —respondió con en ceño fruncido, antes de suspirar y sonreírle—, y yo tampoco me lo podría perdonar. Eres mi amiga, Mare, y no pienso dejar que te hagan daño.
Eran palabras hermosas, pero no podía sentirse bien, no cuando veía con sus propios ojos la forma en que Soraya caminaba con paso calmado hacia el frente, todo para enfrentar a los bandidas que, una vez más, las habían alcanzado. Tenía miedo, la peliazul estaba más que espantada, agregando la inutilidad que sentía porque su amiga arriesgaba la vida por protegerla.
No importaba si sus habilidades no fueran las de un principiante y derribara a quienes se le acercaran o que fuera una prodigio en la técnica, ya era insultante el ser una carga. Fue en ese momento en que algo captó la atención de Mare, y fue como si hubiera recibido una revelación divina, a tal punto que su mirada se llenó de determinación.
Aun si Soraya lograba dar pelea y mantenerlos a raya, esto no pudo durar mucho cuando uno de los bandidos logró pasar su defensa.
—¡Mare, cuidado! —gritó.
La mencionada se dio cuenta de que iban a atacarla, ya tenía al tipo prácticamente sobre ella, a punto de cortarla, pero Mare, con la espada que había caído cerca de ella, la levantó para poder defenderse. En un inicio consiguió lo que quería, pero el choque entre las armas fue más fuerte de lo que había imaginado, por lo que terminó cayendo hacia atrás por el empujón; sin embargo, eso no la detuvo de volver a ponerse de pie.
La adrenalina comenzó a invadirla. Siempre era ella a la que cuidaban; todos daban sus vidas para que la suya no corriera peligro: Cédric, Noah, Eleanor, Zia, Emily, y ahora también Soraya. Llegados a ese punto, ya era inaceptable no poder defenderse. «La postura lo es todo a la hora de pelear. No importa qué tan grande sea la habilidad de un oponente, si su postura es mala, pueden ser fácilmente derribados, recuerden eso siempre», esa voz, esa enseñanza, todo resonó en su cabeza mientras veía la inminente amenaza acercándose.
Tanto Soraya como los bandidos simplemente no daban crédito a lo que veían, pues, la manera en que Mare pudo desviar el ataque que le dedicaban fue algo sorprendente de ver, y sumando que, después de eso, ella lo empujó con el cuerpo para tirarlo al suelo. Jadeando y con las manos temblando , dio un paso atrás, y Soraya aprovechó la distracción para correr y dar un corte al hombre que estaba tirado en el suelo, para después ponerse de espaldas contra Mare.
—¡Ese fue un buen movimiento, Mare! —exclamó, llena de euforia—. Un movimiento básico como ese... no sabía que practicabas con la espada, debiste decirme.
—Ja... no practico, de hecho... e-es la primera vez que sostengo una con mis manos... —respondió, sintiendo más seguridad por tener a su amiga cubriéndola—. Pasa que... en Tessia, tenemos a un verdadero maestro de la espada, y verlo enseñar es... muy educativo.