Como hace varios minutos antes de que Mare y Soraya empezaran su lucha, ahora era el grupo de Cédric quien se estaba preparando para la batalla.
—Esto no acabará bien para ti —advirtió Cédric.
—Jeje... ¿y crees que me importa? Todo lo demás me importa una mierda. A fin de cuentas, ya no tengo nada que perder —dijo son ningún tipo de remordimiento o culpa—. ¡Escuchen! Tenemos un último encargo, eso se los dejaré a ustedes. Yo... me haré cargo personalmente del duque.
—¡Sí, jefe!
El grito resonó en el lugar, y fue como si todo el temor anterior hubiera desaparecido, pues, al no tener que lidiar con Cédric, podían concentrarse más en Soraya y quienes la rodeaban.
—Protejan a la princesa y a la señorita Mare! —ordenó, recibiendo la afirmación de los guardias.
La pelea se desató, siendo Hazem el que se lanzó con violencia a atacar a Cédric, pero este no tuvo ningún problema en bloquearlo. Sin embargo, al siguiente segundo fue sorprendido por una fuerza que desconocía, y que lo obligó a poner más resistencia de la que había ejecutado.
Se vio obligado a echarse para atrás, pero no sólo la fuerza de Hazem era diferente, sino también su velocidad, cosa que, para un hombre corpulento como él, no debería llegar a ese extremo. El filo de la espada rozó al pelirojo de una manera perfecta, como si encajara una pieza en su respectivo lugar, pero sin siquiera dañar los bordes. Cédric mantuvo la distancia mientras analizaba lo ocurrido en los últimos segundos.
—... pareces tener trucos nuevos, Hazem, creí que habías perdido el tiempo en estos años —comentó. «Seguramente, es obra de aquel hombre que logró escapar antes», teorizó, y decidió arriesgarse con una pregunta—. ¿Acaso esto es obra de tu nuevo benefactor?
—... jaja supongo que subestimé tu astucia —respondió, confirmando indirectamente la pregunta del pelirrojo—. Esto es... sólo un pequeño beneficio del trato, sabía que pronto tendría la oportunidad de hacerte pagar por todo. Yo contaba los segundos para este momento.
—No sabía que me extrañabas tanto. No sé si sentirme alagado o asqueado... creo que me inclino más por lo segundo.
Sin dar oportunidad para otra palabra, Cédric también hizo evidente su velocidad al acercarse, sabiendo que Hazem podía reaccionar rápidamente al ser alguien acostumbrado a pelear y robar, pero eso no significaba que sus ataques fueran difíciles de evitar. Desvió la espada de Hazem, pero el pelirrojo no se limitó a eso, por lo que la punta se enterró en la arena para usar el asta como impulso. El líder de los bandidos retrocedió con brusquedad al recibir una perfecta patada en la quijada.
El golpe lo llenó de ira, pero al intentar otro movimiento, le fue imposible ejecutarlo porque Cédric simplemente no lo permitió, al arremeter con todas sus fuerzas, Hazem se veía obligado a retroceder, y la molestia por no poder contraatacar era evidente. Su odio se estaba desbordando con cada movimiento, estallando con el fallo de cada golpe. Por supuesto, el joven duque no pasó por alto ese detalle. La mentalidad de Hazem se resquebrajaba con cada segundo, y Cédric aprovecha cada abertura
—¡Maldito! —Hazem insultó abiertamente a Cédric.
—¿Es que no te das cuenta? —preguntó, quitándole el aire al encestar un golpe en sus costillas con el asta de su lanza—. Nunca estuviste a mi altura, ni siquiera cuando era niño.
Esa pudo haber sido una mentira por parte de Cédric, aunque nunca podrían saber la respuesta. Sin embargo, esto sólo era un golpe más al orgullo de Hazem, porque estaba cegado por la evidente diferencia entre sus habilidades y las de Cédric, y además, que su mejor forma para la lucha quedó muchos años atrás, pero el resentimiento siempre estuvo ahí, desde el día en que conoció a Raphael y su hijo, su instinto gritaba que serían su perdición, mas la codicia en esas épocas era más fuerte que sus voces internas.
«Me arruinaron por completo, pero no me voy a hundir solo, te llevaré al infierno conmigo»
Retrocedió sus pasos, y Cédric no tardó en ir por él, porque no había manera de que lo dejara escapar y provocara más daños. Sin embargo, el impulso antes visto que lo hacía atacar de manera tan descuidada, quedó pasado tras una sonrisa calculadora. El pelirrojo procesó por un par de segundos lo que esa sonrisa podría significar, y eso fue suficiente para que sus pies levantaran polvo cuando se detuvieron bruscamente, y con la mirada buscó a su grupo con urgencia.
—¡Cuidado! —Gritó Cédric.
Con sus amarillentos ojos, vio una soga salir de un punto ciego que nadie vigilaba. Fueron los segundos más eternos que pudieron existir, en el que todos vieron la cuerda aferrarse al cuello de Soraya. Los bandidos parecían entender sin palabras que debían hacerse a un lado, todo para permitir que el doloroso tirón que le hizo soltar un chillido a la princesa la alejara de sus protectores tanto como fuera posible, y el nuevo objetivo fue impedirles ir por ella. Cédric miró con furia a Hazem, porque todo esto era lo que se ocultaba detrás de su gesto victorioso.
—Hay que terminar el trabajo —dijo, mostrándose superior.
Tres bandidos más salieron de su escondite, pasando a rodear a Soraya con espadas en mano. Alim intentaba pasar como fuera, los guardias hacían todo lo posible, Mare exclamó con desesperación el nombre de su amiga. Soraya no poseía armas, no podía defenderse, y Cédric sabía que no iba a llegar a tiempo por más que corriera. Todo parecía indicar que habían perdido, incluso Soraya parecía creerlo, terminando por cerrar los ojos.