Los secretos de la esclava

51. Apoyo

—... informa —ordenó tras ver llegar a uno de sus subordinados.

—Maestro Shin, la explosión en el palacio provocó la distracción esperada. Los bandidos que contrató raptaron a la princesa como se había planeado, pero... hubo algo que no pudimos predecir —bajó la cabeza en espera de su reacción.

—... ¿qué ocurrió?

—... una mujer aparte de la princesa se vio involucrada en el secuestro. Los bandidos se la llevaron también, por su cabello azulado y piel morena, seguramente quieren sacarle provecho —explicó, hasta que soltó un chillido por el susto que le provocó el ser sujetado por el cuello—. ¡M-maestro Shin, espere!

—... ¿cómo dijiste que lucía esa mujer? —interrogó, mostrando fiereza en su mirada.

—... y-yo no estaba ahí, sólo recibí una descripción rápida de nuestro compañero que supervisaba el secuestro —explicó con palabras que se atoraban.

Shin parecía querer una respuesta más específica, y el no estarla recibiendo parecía ponerlo de mal humor; esto sólo hacía que su subordinado se espantara más, pero fue salvado cuando otro de sus colegas apareció.

—Maestro Shin, la persona que envió a infiltrarse en el banquete fue descubierta por el duque —dijo rápidamente, atrayendo la atención de Shin, quien lo miró de reojo.

—Explica...

—Al parecer, el duque logró idear una estrategia que contrarrestó la nuestra. Se alió con el hijo de uno de los jefes de distrito, y desde un inicio nos estuvo vigilando. Ahora se están preparando para buscar a la princesa.

—Ohh... es más listo de lo que esperaba... ¿no reveló ninguna información? —preguntó, refiriéndose al que habían capturado.

—Por nuestro señor, la piedra mágica fue ingerida —respondió sin titubear.

—Perfecto —murmuró, pasando a soltar a su subalterno—. Los que aún vigilan el lugar, que regresen en este mismo instante, interceptaremos al duque en el desierto.

—¡Sí, maestro Shin! —exclamaron al mismo tiempo.

—Y con respecto a la mujer que se involucró en esto... yo me haré cargo de ella personalmente —aseguró, dedicándoles una mirada que les heló la sangre—. Que esos bandidos no se atrevan siquiera a tocarla.

Las órdenes fueron claras, pero no estaba seguro de que los bandidos lo obedecieran a pesar de haber realizado un trato; a fin de cuentas, son personas despreciables que hacen lo que sea por dinero, pero no fue hasta que se había quedado sin ayudantes y tuvo que escapar que finalmente llegó al lugar de la batalla. Sus ojos se abrieron con gran impresión al ver con sus propios ojos a la mencionada mujer que también se habían llevado.

La mirada de Shin estaba reflejando un sin número de emociones. Las palabras no salían, lo único que ahora podía hacer, es verla, y confirmar muchas cosas que hace mucho creía perdidas, pero sólo importaba una única cosa: era ella.

--

Ahora, con Hazem inerte sobre la arena tras ser apuñalado por la espalada por Shin, y con Cédric apenas manteniéndose consciente por su propia herida. Soraya y Mare lucían un poco confundidas por esta nueva persona, pero Cédric, Alim y los guardias miraban a Shin con total desconfianza, incluso estando listos para atacarlo, pero lejos de sentirse intimidado, el pelimorado estaba de lo más tranquilo, porque sus ojos estaban enfocados únicamente en Mare. Sin embargo, su único disgusto apareció cuando vio a Cédric intentando alejarla; aún en la agonía, sacaba fuerzas con tal de protegerla.

Los gritos de la guardia real empezaron a escucharse a distancia, recordando que Soraya y Alim seguramente habían usado la magia del desierto para revelar sus ubicaciones. Shin frunció el ceño antes de chasquear los dedos, levantando la cúpula sobre todos los presentes, pero lejos de cualquier acción que los demás esperarían, él simplemente utilizaría ese momento para volver a escapar.

—Gracias...

Esa única palabra junto con ese suave tono de voz, detuvo los pasos de Shin antes de abandonar la cúpula, volteando en dirección a Mare, aunque ella no podía verlo en toda esa oscuridad, pero sentía que ya no había peligro. La mirada de Shin se suavizó bajo el pañuelo que ocultaba su rostro, y sólo hizo una única reverencia ante la peliazul, para después retroceder para abandonar el terreno.

El hechizo se deshizo segundos después, y ya no había rastro de nadie, sólo del grupo de Cédric, y la nube de polvo que se levantaba en la cercanía, señal de que la guardia real estaba llegando, fue ahí en que Mare sintió cada vez más el peso del pelirrojo sobre ella, al parecer, ya no podía soportar más estar despierto.

—¡Cédric!

El grito de Mare terminó por atraer a los refuerzos, y en uno de los caballos venía Zia, quien no tardó en ir por el pelirrojo para atenderlo. Tragó saliva al ver la herida, y de inmediato hizo uso de su magia de curación.




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