Todos se quedaron callados por un momento.. Los guardias, que se mostraban muy alzados ante Zia y Emily, ahora tenían la mirada baja, tal cual como un niño que ha sido descubierto haciendo algo malo. Los pasos de Soraya resonaron con más fuerza a medida que se acercaba con un aire de ferocidad.
—¿No escucharon? Pregunté, ¿qué es todo este alboroto? —repitió.
—Princesa, no... e-esto es un malentendido —dijo uno de los guardias.
—¿Malentendido? Desde mi perspectiva, parecía que estaban siendo hostiles con nuestros invitados.
Los guardias temblaron, mientras que Zia y Emily se negaban a dejar de bloquear el acceso al cuarto.
—¡Su alteza, usted ya sufrió demasiado por culpa de ese hombre, no puede permanecer en este lugar! —terminó por admitir el que había iniciado todo—. El duque de Tessia es una amenaza para este reino, ¡debe ser expulsado!
—¡Suficiente! —exclamó Soraya con firmeza, furiosa por toda la falta de respeto que veía—. La decisión de que el duque siga en Rúmir o no, simplemente no les corresponde a ustedes, es su majestad el rey quien lo declare. Además, parece que debo recordarles que se retiró la orden de vigilar al duque, incluso tras haber sido testigos de eso, ¿pretenden seguir con este descaro?
Los guardias terminaron por bajar la cabeza luego de recibir semejante regaño.
—... p-pero, princesa... —balbuceó el guardia principal, pero palideció ante la fría mirada de Soraya.
—¿Va a seguir manteniendo esa postura? ¿Cómo se atreve a desafiar mi palabra? Peor aún, ¿cómo se atreve a desafiar la palabra de nuestro rey? —demandó Soraya.
—¡N-no pretendía...!
—Es inconcebible, tal vez deba considerar su posición en la guardia real.
Eso ya ni siquiera era una advertencia. Tras tanta resistencia a retirarse, aquello terminó siendo nada más que una amenaza directa, y el hombre lo captó al instante, por lo que ya se encontraba cayendo de rodillas con la frente directo a la fría baldosa.
—¡No, por favor, se lo suplico! Con este trabajo... es que puedo mantener a mi familia —confesó en medio de su ruego.
Sin duda alguna, era la primera vez que podían ver en persona como la princesa ejercía su poder. Alim se mostró sorprendido en los primeros segundos, pero una sonrisa no tardó en formarse mientras se cruzaba de brazos; provocar la ira de un soberano es el peor de los errores.
—Si es consciente de sus errores, entonces retírese en este mismo instante, ¡ustedes también! —subió de tono.
—¡S-sí, discúlpenos!
Con rostros completamente derrotados, uno a uno se fueron retirando del lugar, dejando sólo a aquellos que eran verdaderamente los aliados de Cédric. Soraya suspiró antes de cambiar su expresión.
—Me disculpo profundamente por todo, me aseguraré de que aquellos que orquestaron esta intervención reciban su respectivo castigo —aseguró.
—Yo puedo hacerme cargo de eso, princesa —dijo Alim con un tono tranquilo.
—... no, Alim, aunque te lo agradezco, pero la maleza sembrada por Raphael Pheriam es algo que la familia real debe arrancar de raíz, sólo así podremos seguir adelante.
Luego de decir tales palabras, se pudo escuchar el rechinar de la puerta, viendo todo cómo Mare se asomaba con cuidado. La expresión de todos volvió a cambiar, expresando sonrisas a excepción de Alim, que se mostraba neutro ante todo.
—¿Los guardias desistieron? —preguntó Mare antes de ver a Soraya, y fue ahí que comprendió todo, por lo que no tardó en acercarse a ella a sujetar sus manos—. Soraya, te lo agradezco muchísimo.
—Tranquila, Mare, ya todo pasó —respondió mientras daba el mismo apretón—. ¿Cuál es el estado del duque?
—Sigue estable, pero puede que tarde en despertar debido a la magia curativa. El único efecto secundario es que podría presentar dolor después de esto, pero pasará poco a poco —explicó Zia con calma.
Aunque no le gustara ver a Cédric en cama, no había duda del gran alivio que sentía Mare porque pronto podría verlo completamente recuperado. Pasando las siguiente horas, no se registraron cambios, y las actividades en el palacio siguieron su respectivo curso, principalmente con el papeleo que la familia real e incluso los líderes de distrito debían realizar con respecto al ataque reciente.
Sus párpados temblaron antes de abrirse con molestia y esfuerzo. El atardecer pintaba la habitación con una mezcla perfecta de naranja vibrante y dorado cálido. El techo de la habitación fue lo primero que Cédric pudo presenciar tras volver en sí; con mucho cuidado se sentó en cama, soltando un leve quejido de dolor en su cuerpo, especialmente en donde lo habían herido, pero al ver bien, sólo tenía un vendaje cubriendo su torso. Una vez más, intentó ubicar lo que más pudiera en ese cuarto, y fue en ese momento en que sus ojos enfocaron bien y presenciaron una escena que, en su mente, era la más hermosa de todas.
Estando en un sueño profundo, Mare reposaba en el sofá frente a la cama, acurrucada contra los cojines del mismo completamente relajada y ajena a su despertar. El pelirrojo sonrió con ternura, todavía recordando lo angustiada que estaba cuando él estaba herido, no quería hacerla pasar por tantos tormentos; cuando su cuerpo se acostumbró al movimiento y fue capaz de tolerar el dolor, se puso de pie para acercarse en silencia hacia la pobre chica que, seguramente, estaba más que agotada por todo lo vivido.