Cuando Cédric atravesó la gran puerta, se encontró esta vez frente al trono del rey; en el mismo lugar también estaban presentes la princesa Soraya y los líderes de distrito con sus respectivos herederos. Cédric y Zia se acercaron lo suficiente para poder hacer el saludo respectivo junto con una reverencia.
—Duque Pheriam, lamento profundamente el hacerle venir hasta aquí cuando apenas ha despertado —dijo Akeem, con una actitud muy contraria a la que tuvo en su primer encuentro con el pelirrojo.
—No se preocupe, su majestad, todavía tenemos varios asuntos pendientes, tampoco podía permitirme estar en cama por más tiempo.
Por última vez, Akeem analizó al joven duque con la mirada, y tras los últimos acontecimientos, ya no había nada malo con lo cual pudiera vincularlo. Suspiró. El rey se levantó de su trono, y bajó esas escaleras con una calma que no sentía después de mucho tiempo, todo para llegar frente a aquella persona, descendiente del mayor monstruo que Rúmir pudo soportar.
Cédric no había levantado la mirada hasta que sintió la presión que representaba el título de Akeem, pero sin temor alguno enfrentó su mirada, la mantuvo, pero lo siguiente que presenció logró descolocarlo un poco. Una mano extendida lo fue todo, palabras de por medio no eran necesarias para transmitir el mensaje. El pelirrojo suspiró con ligereza, estrechar esa mano con firmeza, se sintió como cerrar una etapa que lo llevaba persiguiendo desde hace muchos años.
—... salvó a mi hija, exponiendo la suya al peligro. Yo... no tengo palabras para agradecerle, pero le debo mucho ahora. No... le debo todo desde el día en que liberó a mi gente de la esclavitud.
—Su majestad, no hay necesidad de recordar esa época —quiso interrumpir Cédric.
—Te equivocas, Cédric Pheriam... —replicó severamente, no iba a permitir que a esas alturas, todas esas hazañas fueran minimizadas—. Tú no eres en lo absoluto... parecido a lo que era tu padre. Me disculpo por mi hostilidad hacia ti desde nuestro primer encuentro, tuvieron que pasar tantas cosas para darme cuenta de que nunca fuiste mi enemigo; al contrario, luchaste por mi gente y los liberaste.
—Yo no... —suspiró suavemente, desviando un poco la mirada al recordar la batalla en la que guió a los rumirianos a luchar para romper sus cadenas—. Nunca estuve del lado de mi padre.
—Lo sé, ahora lo comprendo, me he dejado llevar por los rencores del pasado, y... por alguien más...
La sala se llenó de un silencio total. Akeem estaba visiblemente avergonzado por dejarse influenciar con un desconocido que ni siquiera a visto en persona. La mirada se afiló, como la de un gato que estaba analizando todos los patrones de su entorno.
—Su majestad —llamó, frunciendo levemente el ceño mientras sonreía, tocándose el mentón con ligereza—. Tal vez ahora sería el momento más adecuado para platicarme sobre su... informante misterioso, ¿qué le parece?
Ahora que se había decidido el dejar atrás los rencores, no había nada que le impidiera a Akeem contar todo respecto a su informante, incluso Soraya le reprochó la evidente verdad en la cara: ese hombre siempre le mintió. Le contó todo a Cédric, absolutamente todo, empezando por la primera vez que en que la esfera de comunicación se iluminó, y la "información" sobre Cédric que empezó a circular.
A medida que la historia avanzaba, la mirada del pelirrojo se ensombrecía. El aura que Cédric desprendía era fácilmente percibida por los presentes; Zia sudaba frío, porque han sido pocas las ocasiones en que ha visto a su amigo con ese nivel de rabia contenida, y nunca era bonito cuando estallaba. Akeem terminó de explicarlo todo, y sólo observaba con cierta tensión la manera en que el pelirrojo había comenzado a caminar de un lado al otro, con una lentitud que a cualquiera pondría nervioso.
Zia parecía estar procesando todo, porque según lo que ha escuchado, tanto él como Cédric estaban teniendo una idea sobre quién era el informante desconocido.
—... jaja que yo lo separé de su persona destinada... eso dijo... —repitió esas palabras con incredulidad mientras se cubría la cara—. Jaja... ¡jajajajaja!
Ese estallido de risa era algo que nunca se vio en el duque. Zia siempre conoció a Cédric como alguien frío ante las situaciones, que rara vez le ha visto perder la compostura, así que verlo reír de esa manera le asustaba. Akeem y los líderes estaban nerviosos, Soraya sólo confirmaba para sí misma que, la persona que ha entregado información falsa a su padre, simplemente no era de fiar.
—Cédric, cálmate, recupera la compostura —dijo Zia tocando su hombro.
—¡Jajaja!... ahh... —bajó la mirada y suspiró un par de veces tras haberse reído tanto, y luego miró al rey—. Entonces... ese hombre se atrevió a meterse con nosotros una vez más...
El tono con el que Cédric habló definitivamente hizo que la piel de Akeem se erizara, suficiente tenía con la mirada mordaz que le estaba dedicando.
—Duque Pheriam, podría...
Un sonido suave llamó la atención de todos. La esfera de comunicación había vuelto a iluminarse después de algunos días sin reaccionar, y eso sólo podía significar una cosa. Akeem observaba el artilugio con desdén, tomando la decisión de ignorar ese llamado.
—¡Su majestad! —llamó Cédric—. Permítame responder, por favor...