El gorgoteo del té siendo servido no evitaba la mirada del actual director de la academia. Tanto Adam como Cédric sabían que esta reunión ocurriría en cualquier momento, solamente la estaban postergando.
—Entonces, duque Pheriam —comenzó Adam, dando un sorbo de su té—. Ambos sabemos que, aunque el tratado de paz debía hacerse, en realidad era algo secundario, y sus intenciones principales en Rúmir eran otras.
—Heh... sabía que entre todos, usted sería el primero en comprender ese punto, señor Aranda —respondió Cédric con una sonrisa.
—Por supuesto, el hecho de revelar que aquel que fue mi mejor estudiante, es en realidad su hermano, sólo me hace pensar que fue un método para buscar mi simpatía —concluyó, manteniendo una mirada seria.
Cédric sonrió. No esperaba menos del principal responsable de que Noah se volviera una bestia para la magia y la batalla.
—Parece que estamos en la misma sintonía, pero le pido que no culpe a Noah por haber ocultado su identidad, ya que esa fue una orden que yo le di —explicó con calma mientras bebía el té—. Usted está bien enterado de que no era devoto a mi padre, pero lo único que le agradezco fue que me dejara llevarme a Noah. Sin embargo, con el tiempo empezó a molestarle el lazo que se formó entre nosotros; él estaba seguro de que influiría de mala manera en mí.
—... entonces, la idea de mandarlo a la academia, ¿fue porque el duque quería hacer daño? —intuyó—. Siendo ese el caso, tiene sentido el ocultar su apellido. Sin embargo, su actual visita no es por el joven Noah, ¿no es así? ¿Qué es lo que busca de mí en realidad?
Directo al grano, no era necesario alargar la charla con el director de la academia. Una seña fue más que suficiente para indicarle a Zia lo que debía hacer. El castaño abrió sobre la mesa un papel que tenía enrollado en su bolso, mostrando en este las runas encontradas en el flujo de maná de Mare. Cédric levantó la pierna para pasarla sobre su rodilla, mientras que su codo descansó en el posamanos de su asiento, y su mentón en sus nudillos.
—Analizar el nivel de poder mágico en los estudiantes es un procedimiento obligatorio en su academia, ¿no es así? De esa forma es que pueden distribuir a los estudiantes —explicó Cédric con brevedad, observando cómo Adam analizaba las runas del papel—. Usted lo vio, ¿no es así? El cómo se veía el flujo de maná de Noah. Fue algo sin precedentes, y estoy seguro de saber la conclusión a la que llegó.
—... interesante... —murmuró Adam, tocando con su dedo índice el papel, antes de formar un círculo que brilló por el uso de su magia. una imagen del dibujo se proyectó, y obviamente eso impresionó a Cédric—. ¿Por qué razón plasmaron este flujo de maná en el papel de una manera tan errática? Así no era cómo lucía la primera vez que lo vi.
—... es que ese no es el flujo de maná de Noah —respondió con simpleza, levantándose de su lugar y caminando hasta quedar a espaldas de Mare—. Pertenece a esta señorita que está aquí. Su nombre es Mare, y es mi protegida.
Adam la observó con sorpresa, reconociéndola de inmediato como la señorita que también estuvo envuelta en el secuestro de la princesa. Por educación, el director de la academia se inclinó para saludarla.
—Me comentaron que fue de gran apoyo para nuestra princesa, le estoy agradecido —dijo con tranquilidad.
—¡N-no diga esas cosas, por favor! Sora-... digo, la princesa fue muy valiente, ella me protegió en todo momento, de no ser así, ni siquiera estaría aquí diciendo esto —respondió Mare con modestia.
Adam empezó a reír por primera vez desde que cruzó miradas con el grupo del duque, pero estaba muy lejos de ser una risa de burla, solamente estaba impresionado, ya que Mare era tal y como la habían descrito. Luego de aclararse la garganta, volvió al tema principal, aunque ya no con tanta tensión.
—Es impresionante, pero repito mi pregunta, ¿por qué su flujo de maná se ve tan errático? —insistió en saber Adam.
—Director Aranda, usted fue testigo de la conversación que tuvimos con esa persona esta mañana.
La mirada de Adam se tensó. No había sentido tanto desagrado en años, pero escuchar las palabras hipócritas de ese hombre, fácilmente podría sacar lo peor de él. La taza quedó olvidada en la mesa.
—Cuéntenme todo —exigió Adam.
Cédric sonrió complacido, y aunque no tuviera todos los detalles sobre esa persona, de todas formas lo puso al tanto de lo que ya había hecho en contra de su familia, empezando por los años en que mantuvo a Mare en la esclavitud, hasta las dificultades que Noah tuvo en el flujo de maná, pero omitiendo el detalle más fuerte; de eso último fue que Adam pudo comprender el por qué de sus palabras sobre Noah en la llamada de esa mañana: estaba obsesionado. Por supuesto, lo principalmente mencionado, fueron los sellos que tantos problemas le daban a Mare, y esto hacía que ella se tensara, aún no lograba explicar por qué razón había alguien que quiso hacerle tanto daño.
—Al final, su último golpe fue aquí en Rúmir. Al ver hurgar en las memorias de Noah, supo sobre todo lo que hizo mi padre aquí —dijo Cédric para finalizar con el relato.
—... sin duda es una molestia que debe ser acabada, y en cuanto a esos sellos... dudo mucho que el romperlos sea lo que buscan de mí —concluyó.
Revisando una vez más eso papeles, volvió a hacer el mismo círculo mágico para proyectar las runas. Su mirada lo decía todo, estos eran símbolos que en años se habían presenciado.