Los secretos de la esclava

55. Tratado de paz (Fin)

El nuevo banquete estaba dando inicio en el patio principal del palacio, y el contraste con la última fiesta que fue arruinada era muy notorio; ni siquiera con la presencia de Cédric rondando los invitados se mostraban incómodos, al contrario, todos se concentraban únicamente en disfrutar del baile y los aperitivos. El pelirrojo estaba sentado en su mesa designada, observando un panorama en especial que le hacía sonreír.

Un poco más adelante, Soraya intentaba llevarse a Mare a la pista de baile, y la peliazul entre risas intentaba evitarlo; se veía tan feliz que Cédric simplemente no podía dejar de mirarla, para después terminar riendo al notar que Soraya salió victoriosa y logró jalar a Mare. Ambas reían con energía, y no era como si se pusieran a bailar como otras parejas, sólo se pusieron a dar vueltas en el lugar olvidándose de la etiqueta al menos por ese día. Tampoco era como si a alguien le disgustara, porque el simple hecho de tener a su princesa sana y feliz, era lo que movía todo el júbilo de Rúmir. «Parece que no necesitaré preocuparme por los ánimos de Mare», pensó mientras observaba reír. Sí, con eso estaba más que satisfecho.

—¡Soraya, no tan rápido, nos vamos a caer! —exclamó en medio de los giros.

—¡Ah lo siento! —respondió antes de parar, todo le daba vueltas, pero no le importaba—. Es que... estoy tan feliz, todo yendo tan bien. Al fin... finalmente las cosas están tomando un rumbo positivo, y todo ha sido gracias a ustedes.

—No digas eso, por favor —objetó avergonzada, pero compartiendo el sentimiento.

—No hay otra manera de decirlo. Rúmir tendrá un futuro próspero. Muchísimas gracias —apretó sus manos—. Conocerte ha sido una bendición, nunca había tenido una amistad tan valiosa como esta, ¡no me olvides aunque regreses a Tessia!

—¡Eso jamás! —exclamó como si esas palabras la hubieran ofendido—. Siempre nos podemos enviar cartas, no perderemos la comunicación.

Soraya hizo una mueca rara para evitar llorar, estaba con las emociones en su máximo desborde. No fue hasta que logró ver a Cédric y su enorme sonrisa; no sabe si él se dio cuenta de que lo descubrió, de lo que sí está segura, es que en esa mirada hay algo fuerte y profundo. «Ah Mare... realmente espero que todo vaya bien para ti también», pensó, antes de continuar dando vueltas con su preciada amiga intentando seguirle el paso en medio de las risas.

Las horas transcurrieron entre cenas y brindis, hasta que Akeem finalmente caminó hasta un lugar en donde podría ser visto por todos, había llamado incluso a Cédric para presentarlo oficialmente con un fuerte aliado para la familia real. Se encargó de decir sus verdaderas virtudes, y el cómo arriesgó su vida por estas tierras y la princesa y futura reina. El pelirrojo no hizo nada por lo cual alguien pudiera pensar que estaría presumiendo, sólo mantenía una mirada de genuino respeto. Ante los aplausos de los presentes, ambos estrecharon sus manos con una firmeza intachable; tal vez todavía podía existir inseguridad, y tal vez aún pasaría su debido tiempo hasta ganar el completo favor de la gente, pero todo estaba claro: el tratado de paz se convirtió en una realidad. La fiesta continuó, aunque nadie se percató de la hora en que verdaderamente terminó.

El amanecer llegó con una calma que hace mucho no se sentía. Los Rúmirianos continuaban con sus vidas cotidianas y sus respectivos negocios, pero en la entrada de toda la ciudad se encontraban preparados los carruajes con el símbolo de Tessia junto a los caballeros que los escoltaban. Cédric y Akeem estaban cara a cara.

—¿Están seguros de querer volver hoy? Podrían tomarse un día más, especialmente para que su herida se cure totalmente —ofreció Akeem, usando un tono totalmente opuesto al de la primera vez.

—Agradecemos su hospitalidad, pero ya llevo muchos días fuera de Tessia, no puedo seguir postergando mis deberes allá —respondió Cédric con la misma calma.

—Vaya, nunca me habría imaginado que fuera tan responsable. Siendo así, no puedo hacer nada —desistió.

Soraya se acercó a Mare una vez más para poder despedirse.

—No lo olvides, debes enviarme cartas, contarme cómo estás, ¿de acuerdo? —quiso asegurar.

—... responderé a cada carta que me envíes, espero lo mismo de ti —respondió.

Ambas se dieron un abrazo fuerte.

—No tienen que despedirse como si fuera la última vez que se verán. El próximo banquete será en el palacio imperial, ¿no es así, duque Pheriam? —preguntó Akeem.

—En efecto, ambas podrán verse de nuevo, sólo deben tener paciencia —aseguró el pelirrojo, viendo sus enormes sonrisas de emoción.

—Zia Merjall —llamó Akeem—. Estuviste alejado de tu tierra natal por mucho tiempo. Siempre que quieras reconectar con tus raíces, serás bienvenido.

El mencionado no tardó en sonreír al escuchar esas palabras, la verdad es que también estaba pensando en eso.

—Agradezco su gesto, su majestad —respondió con una reverencia, antes de rodear a Emily por los hombros con su brazo, ahora ambos tenían un lugar que podían visitar.

Todos embarcaron en los carruajes, y con el azote de las riendas, los caballos relincharon para así empezar con el galope. Mare se asomó por la ventana para agitar su mano, su despedida con Soraya no terminó hasta que una perdió de vista a la otra. Suspirando, la peliazul se sentó finalmente. Tantas cosas pasaron, y lograron todo aquello que se habían propuesto.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.