El silencio de la mansión fue destrozado por el sonido de algo metálico chocando contra el suelo y una risa que solo podía pertenecer a un ángel con alma de demonio
¡ESTRELLA! ¡Devuélveme eso ahora mismo! —el grito de Raúl no era el de un guerrero, era el de un hombre desesperado por salvar su dignidad
Estrella corría por el pasillo principal, saltando sobre los sillones de terciopelo con una agilidad envidiable. En su mano derecha agitaba un relicario de plata que Raúl siempre llevaba oculto bajo su túnica
¡Vaya, vaya, Raúl! —se burló Estrella, frenando en seco al final del pasillo y abriendo el relicario de un golpe—. Sabía que guardabas un tesoro, ¡pero no sabía que eras el presidente del club de fans de mi hermanita!
Raúl se detuvo a pocos metros, con el rostro completamente rojo, intentando recuperar el aliento y la compostura
No es lo que parece... es una reliquia de protección...
¿Ah, sí? —Estrella giró el relicario hacia él
Dentro, no había runas mágicas ni sellos antiguos. Había una foto de Selene posando de manera natural ante la cámara, con una sonrisa suave que rara vez mostraba y el viento despeinando un poco su cabello—. ¡Mira qué protección tan específica! Te gusta Selene, ¡te gusta mi hermanita menor! ¡Lo sabía!
¡Cállate, Estrella! —Raúl se lanzó a quitarle el objeto, pero ella voló hacia el techo, riendo a carcajadas
¡Oh, Selene, mi dulce Selene, protegeré tu foto con mi vida porque soy un guardián muy profesional! —imitó Estrella con una voz exageradamente grave—. ¿Desde cuándo, Raúl? ¿Desde la última batalla o desde que ella te ayudó a entrenar con la espada?
En ese momento, la temperatura del pasillo bajó varios grados. Selene apareció en el umbral de la puerta, con los brazos cruzados y una expresión de confusión
¿Por qué gritan mi nombre como si el mundo se estuviera acabando?
Raúl se quedó congelado, más pálido que un fantasma. Estrella, sin piedad alguna, descendió del techo y le mostró la foto a su gemela
Mira, Selene. Parece que alguien te tiene en un altar plateado justo al lado de su corazón.
Selene miró la foto, luego miró a Raúl, quien intentaba estudiar intensamente el diseño de las baldosas del suelo. Un pequeño e inusual sonrojo apareció en las mejillas de la joven guardiana
Raúl... yo... no sabía que tenías esa foto... pensé que se había perdido en la biblioteca
Yo... bueno, la encontré y... —Raúl carraspeó, tratando de recuperar su voz de mando—. ¡Eso no importa ahora! Estrella, eres una irresponsable por quitarme cosas personales
Estrella iba a soltar otro comentario mordaz, pero de repente, la luz del sol que entraba por el ventanal se desvaneció. No fue un atardecer normal. La luz fue reemplazada por un tono púrpura eléctrico que bañó toda la habitación
Esperen... —dijo Selene, caminando hacia el cristal, olvidando el momento incómodo—. Miren el cielo
La diversión se evaporó instantáneamente. El cielo estaba siendo desgarrado por nubes negras que giraban en círculos, formando un vórtice gigante. El aire empezó a vibrar con una frecuencia que les hacía doler los oídos
Es energía oscura... —murmuró Raúl, recuperando su seriedad y acercándose a las hermanas—. Pero es distinta a la de la Jefa. Esta es más fría. Es como si el espacio mismo se estuviera vaciando
El Coronel Nihil... —susurró Selene con temor—. Raúl, Estrella, la fiesta... los 12 elementos están en la preparatoria. Si esto está pasando aquí, ellos son el objetivo principal
Estrella apretó el relicario en su mano, pero esta vez no para burlars
No hay tiempo para bromas. Si ese infeliz cree que puede arruinar la fiesta del año y lastimar a mis amigos, va a aprender por qué soy la hermana mayor
¡A las armas! —ordenó Raúl—. ¡Tenemos que llegar a la fiesta antes de que el Vacío los consuma!