La luz del sol entró por las ventanas de la taberna con una crueldad innecesaria. El suelo estaba cubierto de confeti, restos de nachos, la peluca de laurel de Apolo y unos cuantos hombres roncando en posiciones que desafiaban las leyes de la anatomía.
De repente, un estruendo metálico similar al fin del mundo retumbó en todo el lugar.
Luz, Estrella, Selene, Ana y Jennifer habían entrado armadas hasta los dientes... con sartenes de cocina, megáfonos y baldes de agua con hielo.
¡ARRIBA, "ESTRELLAS DEL ROCK"! —gritó Luz a través del megáfono, con su ojo oscuro brillando de pura maldad divertida—. ¡EL CONCIERTO SE ACABÓ!
Ángel pegó un brinco desde la barra, pero como aún estaba mareado, se enredó con su propia chaqueta y cayó de cara sobre un plato de puré frío. — ¡Luz! ¡Mi vida! ¡Apaga el sol, que hace mucho ruido! —gimió tapándose los ojos.
Apolo intentó levantarse con dignidad divina, pero se dio cuenta de que tenía dibujado un bigote con marcador permanente y que su túnica estaba amarrada a la pierna de Oscar.
Raúl se despertó abrazado a una pata de la mesa. — Selene... ¿por qué hablas tan fuerte? —susurró con voz de ultratumba.
Oscar soltó un pequeño hipo de humo verde que formó la palabra "Ayuda".
Jennifer caminaba entre los cuerpos caídos, grabando cada detalle con su teléfono en un palo de selfie.
O sea, ¡LITERAL! —decía a la cámara—. Aquí vemos los restos de la gira "No quiero trabajar". Miren a Leo, se quedó dormido dentro de un barril. ¡Qué poco glamuroso!
Ana se acercó a Ángel y le puso un cubo de hielo en la nuca.
Así que... "no quieres estudiar, no te quieres casar", ¿eh? —dijo con una sonrisa cínica—. ¡Qué interesante letra! ¿Verdad, Luz?
Luz se cruzó de brazos, mirando a su prometido con una ceja levantada.
Ángel, amor mío... Me encantó la parte donde decías que yo te iba a dar con la guitarra en la cabeza. No tengo una guitarra a mano, pero este sartén de hierro fundido hace un sonido muy parecido. ¿Quieres probar?
¡Era la canción! —gritó Ángel, intentando arrodillarse pero resbalando con una cáscara de plátano—. ¡Es un clásico! ¡Yo sí me quiero casar! ¡Me quiero casar mil veces! ¡Pero por favor, dejen de golpear los sartenes!
Estrella miró a Apolo, que intentaba ponerse su corona de laurel.
¡Apolo! ¡Se supone que eres un ser celestial de música! ¡Esa fue la interpretación más espantosa de la historia! ¡Castigado sin lira por una semana!
Saphira entró a la taberna con un delantal y varias escobas.
Los niveles de desorden superan mi base de datos. Como ayer "no querían trabajar", hoy van a limpiar toda la taberna, el jardín de plantas gigantes y la mansión Astra... sin usar poderes.
¡¿QUÉ?! —gritaron todos los hombres al unísono, sintiendo que sus cabezas iban a explotar.
¡A trabajar, guitarristas! —ordenó Luz, dándole una fregona a Ángel.