Los Secretos de la Magia 2:"El Vacío"

Trapeadores, Coqueteos y Campanas de Boda

La taberna y la mansión Astra se convirtieron en el escenario de una comedia muda. Treinta hombres, con ojeras que les llegaban al suelo y el orgullo herido, se enfrentaban a su mayor enemigo era el jabón y el agua.

Ángel estaba intentando escurrir un trapeador con la misma intensidad con la que lanzaba rocas, mientras Luz lo observaba recostada en una columna, comiendo una manzana con mucha calma.

¡Vamos, mi guerrero de la lava! —le gritó Luz con tono pícaro—. Ese piso no brilla tanto como tu calva cuando te enojas. ¿Necesitas que te sople para que no te canses?

Ángel se puso rojo como un tomate, pero no por el calor, sino por los nervios.

¡Luz, por favor! —susurró él, mirando a los lados—. Los chicos me están viendo...

Que vean —respondió Luz, acercándose y pasándole un mechón de pelo por la mejilla mientras usaba su voz más dulce—. Recuerda que "no te querías casar", así que tengo que esforzarme para convencerte de nuevo, ¿no crees?

Jennifer, que pasaba por ahí cargando una montaña de toallas sucias, soltó una carcajada.

¡O sea, literal! ¡Ángel está a un segundo de derretirse! ¡Luz, dale un respiro que va a dejar un charco de lava en el pasillo!

Mientras tanto, en un rincón más tranquilo del jardín de plantas gigantes, Raúl y Selene estaban sentados sobre una raíz enorme. A diferencia de los demás, ellos se veían inusualmente serios.
Raúl, que ya se había quitado el olor a cerveza de lava, miraba un mapa de pergamino oscuro.

Si vamos a hacer esto, Selene... tiene que ser en un lugar que soporte nuestro poder.

Sombría no puede ser en un salón de fiestas común.
Selene asintió, jugando con su guadaña.

El Altar del Equilibrio en las Montañas de Cristal. Es el único lugar donde la luz de tu fuego y mi oscuridad no harán que el techo colapse. Además... —Selene sonrió de lado, algo raro en ella—, mi hermana Estrella no dejará de molestar con el color de las flores si no elegimos un lugar rápido.

Me da igual el lugar, siempre que al final de la ceremonia dejes de intentar cortarme el brazo con tu guadaña —bromeó Raúl.

En el centro del patio, el resto de los elementos se moría de la risa. Juan y Mateo estaban usando los cubos de agua para hacer carreras de deslizamiento por el pasillo recién encerado, terminando estrellados contra los pies de Saphira.

¡Registrando niveles de inmadurez alarmantes! —anunció Saphira, aunque en sus ojos metálicos había una chispa de diversión—. Ángel, deja de mirar a Luz con cara de cachorro perdido y termina de limpiar los cristales.

Apolo intentaba limpiar el polvo de las estatuas con su túnica, mientras Estrella le ponía pegatinas de caritas felices en la espalda cada vez que él se agachaba.

¡Mírenlos! —gritó Liam, señalando a Ángel y Luz—. ¡El gran Rey de Astra ha sido derrotado por un trapeador y un guiño de ojo!



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En el texto hay: fantasia épica, guerra epica, leyendas y profecias

Editado: 16.03.2026

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