El día finalmente había llegado. El Altar del Equilibrio estaba decorado con flores de cristal que reflejaban luces violetas y doradas. El aire se sentía cargado de una magia antigua y pacífica. Sin embargo, detrás de las grandes puertas de mármol, el ambiente era puro caos emocional.
En la habitación de preparación, Luz caminaba de un lado a otro, haciendo que sus alas soltaran pequeñas chispas de energía. Su ojo oscuro brillaba con intensidad, reflejando su agitación.
¡O sea, Luz, quédate quieta! —gritaba Jennifer intentando ponerle el último broche al velo—. ¡Si sigues vibrando así, vas a electrocutar el peinado!
Luz se detuvo y miró su reflejo. Estaba aterrada.
¿Y si me tropiezo? ¿Y si mi lado oscuro decide salir a saludar en medio de los votos? ¿Y si Ángel se arrepiente porque ayer cantó que no quería casarse? —preguntó Luz con la voz temblorosa.
Sara se acercó y le tomó las manos con firmeza, mientras Maya le acomodaba el ramo de rosas de madera y luz.
Luz, escúchame —dijo Sara con voz serena—. Eres la persona más fuerte que conocemos. Has unido la luz y la sombra; un pasillo de iglesia no es nada comparado con eso.
Ángel te ama —añadió Maya con su dulzura habitual—. Él no estaba nervioso por casarse, estaba nervioso porque no puede creer que alguien como tú lo haya elegido a él. Respira, eres una reina.
Afuera, en el altar, la situación no era mejor. Ángel estaba parado frente a Raúl (que era su padrino) y Apolo. Llevaba un traje elegante que apenas contenía el calor de su cuerpo; de hecho, un pequeño hilo de humo salía de su cuello.
Estaba tan rígido que parecía una estatua de piedra. Sus manos temblaban tanto que casi deja caer los anillos.
Raúl... —susurró Ángel—. Siento que me voy a derretir. Literalmente. Voy a dejar un charco de lava en el altar.
No seas dramático —respondió Raúl, dándole una palmada en la espalda que casi lo tira al suelo—. Solo no te desmayes. Selene me dijo que si arruinas la boda de su hermana, me cortará a mí también. Así que, por mi seguridad, ¡mantente firme!
Todos los invitados estaban sentados: Saphira con sus engranajes recién pulidos, Miguel con un traje tres tallas más grande, y los Elementos conteniendo la respiración.
De repente, la música de la flauta de Sofía empezó a sonar, una melodía suave que calmó el corazón de todos. Las puertas se abrieron lentamente.
Entró Luz.🌷
El silencio fue absoluto. Llevaba un vestido blanco puro que parecía tejido con hilos de nubes, pero con sutiles detalles en seda negra que honraban su naturaleza dual. Sus alas, una blanca y otra negra, estaban semiabiertas, creando un contraste majestuoso. Su ojo de zafiro y su ojo de obsidiana brillaban con un amor tan puro que Ángel finalmente dejó de temblar.
Ángel se quedó con la boca abierta. Toda la resaca, las bromas y el miedo desaparecieron. Solo existía ella.
Estás... —susurró Ángel cuando ella llegó a su lado, pero las palabras se le quedaron atoradas en la garganta.
Lo sé —respondió Luz con una sonrisa traviesa, recuperando su confianza—. Estoy fabulosa.