La situación en el baño era un desastre de proporciones épicas. Luz estaba empapada, Ángel seguía forcejeando con Solion, que se aferraba a la esquina de la bañera como si su vida dependiera de ello, y Aura flotaba desafiante sobre el agua, moviendo sus ocho colitas para salpicar a cualquiera que se acercara con una esponja.
Justo cuando Ángel estaba a punto de rendirse, la puerta se abrió con un golpe seco. Era Miguel, que seguía en su papel de "soldado protector". Al ver el caos, el hijo de Williams y Evelyn no se inmutó.
Permiso, tíos. Un soldado sabe que el reconocimiento del terreno es clave —dijo Miguel con una seriedad cómica.
Miguel se acercó a la bañera y, usando su control sobre el hielo, metió la mano en el agua. En segundos, el agua tibia se llenó de pequeñas figuras de hielo: barquitos de guerra, patitos congelados y hasta un pequeño castillo que flotaba en el centro.
Solion, fascinado por el contraste del frío contra su calor de lava, soltó la esquina de la bañera para intentar atrapar un barquito de hielo que navegaba hacia él.Entró al agua de golpe, creando una nube de vapor.
Aura, al ver los patitos de hielo que brillaban con la luz de la habitación, bajó la guardia. Dejó de flotar y aterrizó suavemente en la bañera, usando sus colitas para empujar los barquitos hacia su hermano.
¡Funciona! —susurró Luz, aprovechando que Aura estaba distraída para empezar a frotar con cuidado el aceite de sus colas—. Miguel, eres un genio.
Bajo la supervisión de Miguel, que se quedó al borde de la bañera vigilando como si fuera un guardacostas, los gemelos finalmente se dejaron lavar. Ángel pudo por fin enjabonar a Solion sin que el pequeño intentara incinerar la toalla, y Luz logró que las ocho colas de Aura recuperaran su blanco brillante y sus puntas de un rojo vibrante.
Al terminar, los dos bebés estaban envueltos en toallas gigantes, con olor a lavanda y con cara de sueño después de tanta batalla acuática. Williams, que pasaba por ahí, vio a su hijo escoltando a los bebés de regreso a su cuna.
Buen trabajo, soldado —le dijo Williams, dándole un choque de puños.
Misión cumplida, papá —respondió Miguel, aunque por dentro solo quería ir a dormir él también.