Los Secretos de la Magia 2:"El Vacío"

La Fragilidad de la Esperanza y el Reflejo de una Familia

El ambiente en la Cámara de Extracción era asfixiante. El zumbido de la máquina de Henry devoraba el aire, mientras la pequeña Aura se retorcía sobre el altar de piedra, sintiendo cómo su esencia plateada era arrancada centímetro a centímetro. La oscuridad parecía ganar la partida, hasta que la realidad misma sufrió un sutil parpadeo, como si el tiempo se detuviera a tomar aliento.
De las sombras laterales, surgió Laura. No venía con armadura ni con aires de batalla; se encontraba en un estado de vulnerabilidad absoluta, envuelta simplemente en una toalla blanca, con el cabello goteando agua y el vapor del baño aún rodeándola. Su aparición fue tan repentina y fuera de lugar que el efecto en la habitación fue inmediato.

Henry, cuya mente estaba enfocada únicamente en el flujo de energía de la novena cola, levantó la vista. La visión de Laura, tan humana y desprevenida en medio de ese antro de maldad, lo dejó completamente descolocado. Su dedo, que presionaba el gatillo del drenador, vaciló por un segundo.

¿Laura? ¿Qué haces aquí? —balbuceó Henry, parpadeando confundido.
Ese segundo de desconcentración fue todo lo que la energía de Aura necesitaba para reaccionar. Al romperse el flujo constante del drenaje, una pequeña explosión de luz residual empujó los cables hacia atrás. Aura, con el instinto de supervivencia a flor de piel, rodó fuera del altar y, a pesar de la debilidad que sentía en sus pequeñas piernas, empezó a correr hacia la figura que no emanaba el odio gélido de los demás.

Laura reaccionó con una rapidez que solo alguien que controla el tiempo posee. Se arrodilló y cogió a Aura entre sus brazos con una ternura infinita, envolviéndola parcialmente con la suavidad de su toalla para protegerla del frío del calabozo.
Aura levantó la vista. Sus ojitos, inundados en lágrimas, buscaron los de Laura. La bebé se aferró a su cuello con sus manitas temblorosas y rompió en un llanto desgarrador, un llanto que pedía, entre balbuceos y suspiros, que la sacaran de ese lugar horrible.
— Shhh... ya pasó, pequeña estrella —susurró Laura, sintiendo cómo el corazón de la niña latía desbocado contra su pecho.
Henry recuperó la compostura y levantó su arma, pero una risa seca y profunda lo detuvo desde el trono de sombras. El Coronel Nihil observaba la escena con una sonrisa que helaba la sangre.

Déjalas, Henry —ordenó Nihil, haciendo un gesto displicente con su mano—. Que se la lleve. Que Laura la consuele en su cuarto.

Henry frunció el ceño.

¿Por qué? Estamos perdiendo tiempo de extracción.

Oh, Henry... no entiendes la verdadera crueldad —respondió Nihil, sus ojos brillando con un sadismo puro—. Si la niña tiene a alguien en quien confiar, su sufrimiento será mayor cuando se lo arrebatemos. Deja que vea que hay "alguien bueno" aquí; así, cuando la devuelva al altar, su desesperación alimentará el Vacío con el doble de fuerza. La esperanza es el mejor condimento para el dolor.

Laura, sin mirar atrás, caminó rápidamente hacia sus aposentos privados dentro de la fortaleza. Una vez dentro, cerró la puerta con llave y se sentó en su cama, meciendo a Aura con delicadeza. La habitación de Laura era el único lugar que olía a flores y no a azufre.
Aura poco a poco dejó de gritar, aunque sus hombros seguían sacudiéndose por los sollozos. Mientras la pequeña se calmaba, Laura notó algo que brillaba colgado del cuello de la bebé. Era una pequeña medalla de oro celestial que Luz le había puesto antes del paseo al lago.
Con dedos temblorosos, Laura abrió el guardapelo. Dentro, protegida por un cristal encantado, había una foto mágica que parecía tener vida propia. En ella se veía a Luz sonriendo con una paz radiante, a Ángel rodeándola con sus brazos mientras una chispa de lava jugaba en su hombro, y al pequeño Solion, que en la foto intentaba morderle una oreja a su papá mientras reía.

Laura sintió un nudo en la garganta al ver ese retrato de felicidad familiar, un contraste doloroso con las cadenas oscuras que ahora sujetaban a Luz en el calabozo y el drenaje que amenazaba a Aura.

No voy a dejar que te apaguen —susurró Laura, mirando la foto y luego a Aura, quien finalmente se había quedado dormida del agotamiento, agarrando fuertemente la toalla de Laura como si fuera su único anclaje al mundo—. Te sacaremos de aquí, aunque tenga que detener el tiempo para siempre.



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En el texto hay: fantasia épica, guerra epica, leyendas y profecias

Editado: 14.05.2026

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