Los Secretos de la Magia 2:"El Vacío"

El Silencio de la Alas y la Marca de la Reina

La oscuridad en las celdas profundas de la fortaleza de Nihil no era una oscuridad natural. Era una negrura espesa, cargada con el peso de los lamentos de aquellos que habían sido olvidados por el tiempo. Luz se encontraba tirada en el suelo de piedra fría, con sus mejillas empapadas en lágrimas que brillaban débilmente antes de ser absorbidas por el suelo maldito. Cada vez que cerraba los ojos, veía la imagen de Aura siendo arrastrada por Henry, y un sollozo desgarrador escapaba de su pecho, rompiendo el silencio sepulcral del calabozo.
De pronto, un sonido metálico y violento retumbó en la estancia. Lucas acababa de golpear los barrotes de la celda con su tridente gris, produciendo un estruendo que hizo que los oídos de Luz pitaran.

¡Cállate de una vez, maldita sea! —rugió Lucas, cuya paciencia era tan escasa como su honor—. Tus lamentos me están dando dolor de cabeza. ¿Acaso crees que alguien va a venir a salvarte? Estás a kilómetros bajo tierra, "Reina". Aquí nadie te escucha, solo yo.

Luz intentó responder, pero su garganta estaba seca y el dolor de las cadenas oscuras, que drenaban su magia constantemente, la mantenía pegada al suelo. Otro sollozo, más pequeño pero cargado de agonía, se le escapó involuntariamente.

Lucas se acercó a los barrotes, su rostro deformado por una mueca de crueldad.

¿No me oíste? Si escucho un solo ruido más que salga de esa boca, voy a entrar ahí y te voy a arrancar una de esas plumas blancas de tus alas. —Lucas metió su mano entre los barrotes, señalando el ala derecha de Luz, que brillaba con una luz mortecina—. Me han dicho que las plumas de los celestiales valen una fortuna en el mercado negro del Vacío. ¿Quieres ver cómo se siente perder una parte de tu alma?

Luz se quedó helada. La amenaza de Lucas tocó una fibra de orgullo y dolor que el veneno de Henry no había podido apagar. Apretó los dientes, tratando de ser silenciosa, ahogando sus gritos en la manga de su túnica desgarrada. El silencio volvió a la celda, pero no era un silencio de derrota, sino la calma que precede a la tormenta.
Lucas, creyéndose victorioso y pensando que Luz estaba totalmente indefensa por las cadenas, cometió el error de acercar demasiado su rostro a los barrotes para burlarse de su mirada caída.

Así me gusta. Una reina silenciosa es una reina obediente —se mofó él.
En ese instante, Luz reunió la poca energía que le quedaba en sus terminaciones nerviosas. A pesar de que las cadenas oscuras le quemaban las muñecas y limitaban sus movimientos a solo unos pocos centímetros, Luz lanzó un zarpazo relampagueante. Sus garras de oscuridad, afiladas por la pura desesperación, cortaron el aire con un sonido sibilante.

¡AHG! —el grito de Lucas resonó en todo el pasillo.

Las garras de Luz habían alcanzado la mejilla de Lucas, dejando tres surcos rojos de los que brotaba una sangre espesa y oscura. Lucas se echó hacia atrás, llevándose la mano a la cara, con los ojos inyectados en sangre por la sorpresa y el dolor.
¡Maldita... zorra celestial! —Lucas bramó, su voz temblando de furia—. ¡Me has cortado! ¡A mí!

Lucas levantó su tridente, cuya punta gris empezó a brillar con una energía inestable. Estaba a punto de entrar en la celda para cumplir su amenaza, pero Luz, a pesar de estar de nuevo inmovilizada por el tirón de las cadenas que la devolvieron al suelo tras el esfuerzo, lo miró fijamente. Sus ojos, aunque rodeados de lágrimas, tenían una chispa de la guerrera que había derrotado a mil sombras.

Hazlo, Lucas... —susurró Luz con una voz que, aunque débil, cortaba como el hielo—. Arráncame lo que quieras. Pero recuerda esa marca en tu cara. Es el recordatorio de que, incluso encadenada, sigo siendo tu reina. Y cuando Ángel llegue... esa marca será el lugar donde él pondrá su lava.
Lucas retrocedió un paso, sorprendido por la frialdad de la mujer. La herida en su mejilla ardía, no solo por el corte, sino porque la magia de Luz estaba infectando la herida con un rastro de luz pura que el cuerpo del villano rechazaba.

Disfruta de tu valentía mientras dure —masculló Lucas, limpiándose la sangre con la manga—. Mañana, cuando Nihil termine de vaciar a tu hija, veremos cuánta fuerza te queda para hablar.

Lucas se alejó por el pasillo, dejando a Luz en la penumbra. Ella volvió a caer sobre su costado, respirando con dificultad. El esfuerzo la había dejado agotada, pero mientras miraba hacia la oscuridad, sintió una pequeña conexión a través del suelo de piedra... un latido. Era la energía de la medalla que Aura llevaba en el cuello.

Luz cerró los ojos y, por primera vez en horas, no lloró. Se concentró en ese latido, enviando un mensaje mental que esperaba que el viento llevara hasta el palacio: "Resistan. Estamos vivas."



#2686 en Fantasía
#550 en Magia

En el texto hay: fantasia épica, guerra epica, leyendas y profecias

Editado: 14.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.