Los Secretos de la Magia 2:"El Vacío"

El Frío del Vacío y el Escape Desesperado

El salón del trono se había convertido en un campo de batalla de voluntades. Mientras las sombras se retorcían, la Jefa avanzó hacia el Coronel Nihil con una frialdad que superaba cualquier poder elemental. Nihil, confiado en su red de portales y su látigo, intentó decir algo hiriente, pero no tuvo tiempo.
En un movimiento tan rápido que ni siquiera los Aliados del Vacío pudieron seguir, la Jefa acortó la distancia y, con un movimiento seco y cargado de toda su rabia contenida, le cruzó el rostro a Nihil con una bofetada sonora que resonó en toda la fortaleza.

Eso —dijo la Jefa con voz gélida—, es por tocar a mi familia. No eres un conquistador, Nihil. Solo eres un niño despechado jugando con fuerzas que no entiendes.

Nihil retrocedió, sujetándose la mejilla con una expresión de pura humillación, pero antes de que pudiera contraatacar, un estruendo sacudió los cimientos del lugar. Ángel emergió del pasillo inferior, cargando a Luz en sus brazos. El contraste era aterrador: Ángel hervía de calor y rabia, mientras que Luz, envuelta en jirones de su túnica celestial, colgaba inerte, con la piel de un color blanco traslúcido.

¡Vámonos de aquí ahora! —rugió Ángel, con la desesperación asomando en cada palabra.

Kira, la alumna de Saphira, no perdió un segundo. Usando su rapidez y su capacidad de creación de portales, abrió una grieta dimensional gigante en medio de la sala. Jake, que todavía protegía a la pequeña Aura, saltó primero. Laura y Eris lo siguieron de cerca. Los Aliados del Vacío cubrieron la retaguardia, lanzando ráfagas de gravedad y rayos para impedir que Henry o Lucas los persiguieran.

Apenas cruzaron el portal y aparecieron en los jardines del palacio de Astra, Ángel se desplomó de rodillas sobre el césped, todavía sujetando a Luz contra su pecho. El sol estaba terminando de ocultarse, pero el calor del atardecer no parecía afectar el cuerpo de la reina.

¡Está fría! ¡Está demasiado fría! —gritó Ángel, con la voz quebrada.

Sus manos de lava, que normalmente debían calentar a cualquiera, parecían no tener efecto. El veneno de las flechas de Henry y la pérdida masiva de sangre celestial habían dejado el cuerpo de Luz en un estado de hipotermia mágica. No era un frío normal; era el frío del Vacío, una ausencia de vida que estaba apagando su núcleo interior.

Aura, al ver a su madre así, se soltó de los brazos de Jake y gateó desesperadamente hacia ella, llorando y tratando de tocar la mejilla de Luz con su pequeña manita.

¡Luz, por favor! ¡Quédate conmigo! —suplicaba Ángel, pegando su frente a la de ella—. ¡Saphira, haz algo! ¡Se me está escapando!

Saphira se arrodilló rápidamente, tocando el pulso de Luz con sus dedos metálicos. Su rostro, usualmente imperturbable, se contrajo en un gesto de extrema preocupación.

La sangre celestial es lo que mantiene su calor divino. Sin ella, el frío de las cadenas oscuras terminará de congelar su alma. ¡Necesitamos a Ana y a Leo ahora mismo!

Ana y Leo se acercaron, preparando sus manos para transmitir calor, pero el cuerpo de Luz empezó a soltar una neblina helada que marchitaba la hierba a su alrededor. El tiempo se agotaba, y la reina de Astra estaba cruzando el umbral de donde nadie regresa.



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En el texto hay: fantasia épica, guerra epica, leyendas y profecias

Editado: 28.05.2026

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