Después de la adrenalina y la batalla en la fortaleza, el regreso al palacio fue como entrar en un sueño cálido. La paz se instaló en cada pasillo, y la felicidad de ver a Luz recuperada llenó de optimismo a todos. Pero entre los brindis y la música de Mateo, una conversación privada estaba a punto de cambiar el destino de dos personas muy queridas.
En un balcón tranquilo que daba hacia los jardines reales, Lyra y Óscar observaban las estrellas. Lyra, con su habitual dulzura pero con una determinación nueva en sus ojos, tomó las manos de Óscar.
Óscar... después de todo lo que hemos pasado, me he dado cuenta de lo corta que puede ser la vida —susurró Lyra—. No quiero esperar más. Quiero que formemos nuestra propia familia. Quiero que tengamos hijos.
Óscar, que en ese momento estaba dándole un mordisco a una galleta, casi se atraganta. Se puso rojo como un tomate y sus manos empezaron a temblar por los nervios.
¡¿H-hijos?! ¡Pero Lyra, si apenas sé cuidar mi peluche! —exclamó nervioso. Pero luego, al ver la mirada llena de amor de Lyra, su expresión se suavizó. Suspiró con ternura y la abrazó—. Está bien... si es contigo, acepto. Seremos los mejores padres de Astra.
Pasó la noche entre risas y celebraciones. Sin embargo, al día siguiente, después de un trama total, donde hubo carreras por el palacio, desayunos mágicos y mucha energía celestial flotando en el aire, Lyra llamó a todos al gran salón.
Estaba radiante, con un brillo especial que no era solo por su magia.
¡Tengo algo que decir! —anunció con una sonrisa gigante—. ¡Estoy embarazada!
El salón estalló en gritos de alegría. Óscar, aunque todavía un poco procesando la velocidad de las cosas, estaba saltando de felicidad mientras Ángel lo felicitaba con palmadas en la espalda.
La Jefa, que tenía un ojo clínico para detectar energías divinas y cambios en el aura, se acercó a Lyra. Usó su mano para sentir la energía que crecía en su vientre y sus ojos se abrieron con sorpresa y una rara expresión de ternura.
Vaya, Óscar... parece que no haces las cosas a medias —dijo la Jefa con una media sonrisa—. Lyra, no esperes solo a uno. ¡Vas a tener trillizas!
Pero lo más asombroso vino después. Gracias a la visión avanzada de la Jefa y a un pequeño escaneo de luz de Saphira, todos pudieron ver las siluetas mágicas de las bebés.
¡Miren eso! —exclamó Ana, señalando emocionada.
Las tres pequeñas no solo eran fuertes, sino que tenían una característica única: tenían pequeñas colitas de lámpara, iguales a la de su madre, que ya brillaban con una luz suave y acogedora. Eran como tres pequeñas bombillas de felicidad listas para iluminar el futuro de Astra.
Trillizas con colitas de lámpara... —susurró Óscar, desmayándose cómicamente de la emoción mientras Lyra se reía y lo ayudaba a levantarse.
La familia de los héroes seguía creciendo, y con estas nuevas luces, la oscuridad de Nihil parecía más lejana que nunca.