Los Secretos de la Magia 2:"El Vacío"

El Aliento del Vacío y el Colapso de la Luz

El Jardín de Cristal, aquel santuario que Saphira había diseñado para ser el pulmón espiritual de Astra, se convirtió en cuestión de segundos en el escenario de una pesadilla química y mística. El aire, que antes olía a jazmín y rocío estelar, ahora apestaba a ozono quemado y a algo metálico, rancio... algo que no pertenecía a este mundo.

Aura, logró ir al palacio tapándose la nariz con el corazón martilleando contra sus costillas como un pájaro enjaulado, no miró atrás. El pánico infantil es una fuerza de la naturaleza, y ella solo tenía un objetivo en mente. Sus pequeñas botas golpeaban el mármol de los pasillos con un eco desesperado.

¡Mamá! ¡Papá! ¡Hay algo feo! ¡Algo se está comiendo las flores! —gritaba la pequeña, con la voz quebrada por un sollozo que se negaba a salir.

Irrumpíó en el Gran Salón del Trono, donde Luz y Ángel revisaban unos mapas tácticos. Al ver a su hija en ese estado, el General soltó su arco de rocas y la recibió en el aire, envolviéndola en un abrazo protector que desprendía un calor reconfortante.

¡Aura! Tranquila, respira... ¿Qué pasa? ¿Dónde están Jake y Lucy? —preguntó Ángel, su voz profunda resonando con una nota de alarma que trató de ocultar para no asustar más a la niña.

En el jardín... el brillo púrpura... ¡Jake me gritó! —balbuceó Aura, escondiendo el rostro en el cuello de su padre.
Luz, cuyos instintos biespectrales estaban vibrando como cuerdas de violín a punto de romperse, se puso en pie. Su mechón negro brillaba con una intensidad errática.

Ángel... no es un juego. Siento el vacío. Es una presencia fría, una que ya hemos sentido antes.

Mientras tanto, en el jardín, el tiempo se había congelado de la peor manera posible. Lucy, con las manos extendidas, mantenía una cúpula de electricidad sobre la mancha viscosa, pero las grietas empezaron a aparecer. No eran grietas físicas, sino fracturas en la realidad misma.

¡No va a aguantar, Jake! ¡Esta cosa tiene voluntad propia! —exclamó Lucy, con el sudor frío resbalando por su frente—. ¡Siento cómo absorbe el frío! ¡Se está alimentando de mi magia!

Jake, cuya mente estaba trabajando a una velocidad sobrehumana analizando las partículas de energía, dio un paso atrás, manteniendo su posición de defensa.

¡Es una bomba de esporas de vacío, Lucy! ¡Si rompe el sello, el aire se volverá letal! ¡Retrocede!

Fue demasiado tarde. Con un sonido similar al de un cristal rompiéndose bajo mil toneladas de presión, la sustancia se abre violentamente. No fue una explosión de fuego, sino una exhalación silenciosa y aterradora. La mancha soltó un polvo fino, de un color violeta eléctrico que flotaba desafiando la gravedad.

¡Cúbrete! —rugió Jake.

De inmediato, Lucy se tapa la boca con el antebrazo y Jake también, usando el borde de su capa reforzada. Sus ojos se encontraron por encima de sus brazos, compartiendo un segundo de terror puro.

El polvo no caía al suelo; se expandía, buscando los conductos de ventilación, buscando la vida.

Lo que ocurrió después fue una cascada de desastres. La sustancia no se detuvo en el jardín. Al entrar en contacto con el aire puro del palacio, se abrió paso por las estructuras, llenando el lugar de una sombra oscura y densa que parecía tener dedos líquidos.

La negrura trepó por las columnas de mármol, apagando las lámparas de las trillizas y convirtiendo el día en una noche artificial y asfixiante. En el Gran Salón, la oscuridad entró como una marea negra. Justo Luz y Ángel estaban ahí, de pie, viendo cómo la luz de Astra era devorada.

¡Maldita sea! —rugió Ángel, bajando a Aura y poniéndose frente a ella—. ¡Luz, saca a la niña de aquí! ¡Esto es una emboscada!

¡No hay a dónde ir, Ángel! —respondió Luz, desenvainando sus espadas con un movimiento fluido. Las hojas biespectrales cortaron la niebla, pero la sombra se cerraba de nuevo instantáneamente—.
¡Está en todas partes! ¡Está en las paredes, en el techo!

Desde la entrada del jardín, Jake y Lucy irrumpieron en el salón, jadeando, con los rostros pálidos.

¡No inhalen el polvo! —gritó Jake, su voz proyectándose telepáticamente para que todos lo escucharan—. ¡Nihil ha infectado el núcleo del palacio! ¡Es un agente neurotóxico elemental! ¡Si entra en sus pulmones, perderán el control de sus poderes!

¡Lucy, ayúdame con una barrera eléctrica ! —gritó Ángel, extendiendo sus manos. Una oleada de lava comenzó a fluir desde sus pies, tratando de crear un círculo de fuego que mantuviera a raya la sombra—. ¡Si no quemamos este aire, nos va a asfixiar a todos!

Luz se colocó espalda con espalda con Ángel, sus ojos escaneando la oscuridad que bullía como un mar furioso.

¡Ángel, las trillizas! —exclamó Luz con el corazón en un puño—. ¡Si esto llega a las cunas de cristal, Saphira no podrá protegerlas sola! ¡Óscar y Lyra están atrapados en el ala este!

¡Vayan ustedes! —ordenó Ángel, su armadura brillando al rojo vivo mientras luchaba por mantener el fuego encendido en un ambiente que robaba el calor—. ¡Jake, Lucy, escolten a la Reina y a Aura! ¡Yo me quedo aquí para contener el avance de esta marea negra!

¡Ni hablar, General! —replicó Lucy, conjurando estacas de hielo que brillaban con una luz azulada contra la penumbra—. ¡No vas a pelear contra el vacío solo! ¡Este polvo está diseñado para apagar tu fuego!

¡Es una orden! —bramó Ángel, pero su voz se quebró ligeramente cuando una lengua de sombra rozó su brazo, dejando una marca de escarcha negra—. ¡Salven a los demás niños! ¡Salven a Astra!

La sombra comenzó a susurrar. Eran miles de voces, todas con el tono gélido del Coronel Nihil, resonando desde las paredes mismas del palacio.



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En el texto hay: fantasia épica, guerra epica, leyendas y profecias

Editado: 23.06.2026

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