—. ¡Mamá está peleando con un monstruo, papá es un helado gigante y Selene está hablando de rituales prohibidos! ¡Mi trabajo es que no te conviertas en puré de príncipe!
Solion, que a pesar de su corta edad tenía el mismo temperamento volcánico que Ángel, logró sacar la cabeza de entre los brazos de su hermana. Sus ojos brillaban con una chispa naranja, reflejando el caos del salón.
¡Pero mira! ¡Selene está dibujando runas en el suelo con humo de luna! —exclamó el pequeño, señalando hacia donde la Dama Lunar y la Reina Luz se preparaban—. Solion quería ver el ritual. ¡Tengo que aprender! ¿Cómo voy a ser General si no sé cómo se rompe un vínculo de almas?
¡No vas a ser General si Nihil nos come a todos primero! —replicó Aura, dándole un tirón de orejas—. ¡Agáchate!
¡Ay! ¡Oye! —Solion se frotó la oreja, indignado—. ¡Mamá le cortó el ojo! ¡Viste eso? ¡Garras celestiales en toda la cara! ¡Fue increíble! Cuando sea grande, quiero que mis manos también brillen así, pero con lava. ¡Lava biespectral!
Eres un salvaje, Solion. Papá está ahí congelado y tú solo piensas en las luces brillantes —Aura suspiró, aunque en el fondo su corazón latía de orgullo por la valentía de su hermano—. Escúchame bien, pulga de fuego. Selene dice que el ritual es peligroso. Si nos acercamos, nuestras energías podrían arruinarlo todo.
Solion puso una cara de ángel que no engañaba a nadie.
Solo quiero ver un poquito más cerca, Aura. Prometo que no lanzaré ni una sola chispa. Mira, mis manos están apagadas. ¡Mira!
No me fío de ti ni cuando duermes, Solion. La última vez que dijiste eso, terminamos con las cortinas de la biblioteca en cenizas —Aura lo miró con severidad, pero Solion aprovechó un descuido.
Con la agilidad de un cachorro de tigre, Solion se escurrió de entre los brazos de su hermana y gateó por detrás de un escombro, acercándose peligrosamente al círculo de poder donde Luz y Selene unían sus manos.
¡SOLION! ¡Vuelve aquí ahora mismo o le diré a mamá que tú fuiste quien le pintó bigotes al retrato del abuelo! —susurró Aura en un grito ahogado, corriendo tras él.
Solion se detuvo en seco al ver a su padre de cerca. El gigante de lava, siempre tan cálido, ahora emanaba un frío que quemaba. El pequeño estiró una mano, pero Aura lo alcanzó justo a tiempo, tomándolo del hombro. Esta vez, su voz no era de regaño, sino de miedo real.
Solion... no lo toques —susurró Aura, con los ojos llenos de lágrimas—. Si lo tocas ahora, el frío de Nihil entrará en ti también. Papá no querría eso.
Solion bajó la mano lentamente. Su expresión divertida desapareció, reemplazada por una madurez repentina que le partió el alma a su hermana.
Tiene frío, Aura. Papá siempre está caliente como una estufa... no me gusta que esté así.
Por eso tenemos que dejar que hagan el ritual —dijo Aura, abrazándolo de nuevo, esta vez de forma más suave—. Selene va a usar su oscuridad para engañar al vínculo, y mamá va a usar su luz para sacar a papá de ahí. Nosotros... nosotros solo tenemos que ser fuertes. Por ellos.
Solion asintió, recostando su cabeza en el hombro de su hermana mayor mientras observaban cómo el círculo de runas lunares empezaba a brillar con un color violeta prohibido.
Está bien —murmuró el niño—. Pero si el ritual falla, yo le lanzaré mi flecha de fuego al ojo que le queda a ese feo de Nihil.
Aura soltó una pequeña risa nerviosa entre lágrimas.
Hecho. Pero por ahora, quédate quieto