El Valle de las Llamas Eternas comenzó a temblar, pero no por la lava, sino por el eco del poder de Ángel que se sentía incluso a kilómetros de distancia. La Reina Luz sostenía la Flor de Fénix, sintiendo cómo el calor sagrado de la planta empezaba a sellar las fisuras de su alma, pero la tensión en el grupo era máxima. Miguel se mantenía firme, aceptando el juicio de su Reina, cuando el aire a sus espaldas se volvió denso y cargado de una autoridad antigua. Dos figuras emergieron de entre la niebla de azufre con una elegancia que solo los veteranos de guerra poseen. Evelyn y Williams aparecen detrás de Miguel. El rostro de Williams estaba serio, marcado por las cicatrices de mil batallas, mientras que Evelyn mantenía una mirada de profunda preocupación. — ¿Padre? ¿Madre? —balbuceó Miguel, bajando su espada de hielo—. ¿Qué hacen aquí? Williams le dice: "Vamos, hijo... Tenemos que hablar de algo...". Su voz era como el crujido de un glaciar. — Has arriesgado la seguridad de los príncipes y has desobedecido una orden directa de la corona. El linaje de los guerreros de hielo no se forjó con imprudencias. Hay cosas sobre tu deber que aún no comprendes, y el General Ángel no será el único que pida explicaciones. Miguel apretó los puños, mirando a sus padres. El drama familiar se palpaba en el aire; la lealtad de Miguel hacia los niños chocaba de frente con el código de honor de su propia sangre. Mientras tanto, lejos del caos del volcán y de la furia de Ángel, la paz del jardín secreto del palacio parecía un mundo aparte. Jake y Lucy estaban a solas paseando, rodeados por las flores de escarcha que Lucy mantenía vivas con su magia. Jake, siempre analítico y estratégico, caminaba con las manos tras la espalda, intentando procesar todo lo que había ocurrido con Nihil. Pero Lucy no estaba pensando en la guerra. Se detuvo frente a él, obligándolo a parar. En un movimiento que rompió toda la lógica del estratega, Lucy entonces besa a Jake. Fue un beso largo, cargado de la incertidumbre de haber estado a punto de perderlo todo. Jake entonces se sonroja, un rojo intenso que subió por su cuello hasta sus orejas, algo inaudito para el hombre que siempre tenía el control. — Lucy... yo... —intentó decir Jake, pero ella le puso un dedo en los labios. Entonces Lucy le dice: "Quiero tener un bebé contigo, Jake...". Sus ojos brillaban con una determinación que daba más miedo que cualquier ejército. — He visto a Luz y Ángel luchar por sus hijos. He visto a esas trillizas ser la luz de este palacio. No quiero pasar otra batalla pensando en "qué hubiera pasado". Quiero que construyamos algo que valga la pena proteger, más allá de los mapas y las estrategias. Jake se quedó mudo. Su mente, que usualmente calculaba mil variables por segundo, se detuvo por completo. El drama de un futuro posible lo golpeó con más fuerza que un rayo biespectral. En el centro del salón, Solion corre hacia su padre justo cuando Ángel estaba a punto de derribar la última columna de la entrada. — ¡PAPÁ, DETENTE! —gritó el niño, mostrando la Flor de Fénix—. ¡La tenemos! ¡Mira! ¡Mamá está bien! Ángel se detuvo en seco, el fuego de sus ojos disminuyendo al ver a su hijo sano y salvo. Al ver a Luz entrar al salón, caminando con más firmeza gracias al poder de la flor, el General cayó de rodillas, soltando un sollozo de alivio que hizo vibrar el suelo. Solion le entrega la flor a su padre. — Cúrala tú, papá. Fuimos a buscarla para que no estuvieras triste. Ángel tomó la flor con manos temblorosas y, mientras la luz dorada envolvía a Luz, el General abrazó a toda su familia, jurando que nunca más dejaría que el miedo los separara.
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