La noticia de la "Princesa de las Sombras" (y el épico error de cálculo de Jake) corrió por los pasillos del palacio más rápido que un rayo biespectral. El ambiente de guerra parecía haberse tomado un respiro, reemplazado por el aroma a asado y la vibración de las risas que escapaban del Gran Comedor. La noticia llega a la Reina Luz, quien, a pesar de tener su ala todavía en cabestrillo, no perdió un segundo. Con un chasquido de sus dedos sanos, ordenó a los cocineros reales preparar un banquete que haría palidecer a cualquier festival de verano. — ¡Una niña! ¡Astra necesita más inteligencia femenina para compensar a estos testarudos! —exclamó Luz, brindando con una copa de néctar solar. Ángel, sentado a su lado, no podía dejar de reírse. El General, con su imponente armadura de lava, le daba palmadas en la espalda a un Jake que intentaba hundirse en su plato de sopa. — ¡Así que un niño, eh, Jake! —tronó Ángel, su risa haciendo vibrar las cucharas—. ¡Confundiste un cordón umbilical con un guerrero! ¡Espero que tus mapas de estrategia sean más precisos que tu vista biespectral, porque si no, vamos a terminar invadiendo un campo de margaritas pensando que es un cuartel enemigo! — ¡Fue la refracción de la luz en el cristal de Saphira, Ángel! ¡Cualquiera se habría confundido! —protestó Jake, con las orejas todavía rojas. El drama cómico alcanzó su punto máximo cuando las puertas del comedor se abrieron. Valeria, la hija de La Jefa, entró con su paso firme y su látigo de sombras enrollado en el cinturón. Al ver a Jake, una sonrisa felina apareció en su rostro. — Vaya, vaya... el "bibliotecario" va a ser padre —dijo Valeria, cruzándose de brazos frente a la mesa real—. Felicidades, Lucy. Espero que la niña herede tu puntería y no la capacidad de su padre para quedarse colgado de las vigas cuando se pone nervioso. Jake trató de esconderse detrás de una cortina de terciopelo que colgaba cerca de su silla, pero era demasiado tarde. Williams, que estaba sentado enfrente, casi se atraganta con el vino de la risa. — ¡Míralo, Valeria! —gritó Williams—. ¡Ayer casi derriba mi pared "moviendo muebles" y hoy no puede ni mirar a su ex a los ojos! ¡Jake, sal de ahí, que la cortina no es un escudo biespectral! Lucy, disfrutando de la escena más que nadie, tomó la mano de Jake por debajo de la mesa y lo obligó a sentarse derecho. — Déjenlo en paz —dijo Lucy con una chispa de malicia en los ojos—, que bastante tiene con saber que ahora va a tener a dos mujeres en casa dándole órdenes. Valeria, gracias por el consejo del látigo; si se pone muy pesado con las clases de ajedrez para la bebé, te pediré que me prestes uno. — Cuando quieras, capitana —rio Valeria, guiñándole un ojo a un Jake totalmente derrotado—. Pero cuidado, que a veces le gusta que lo aten, dice que ayuda a su "concentración mental". El banquete continuó entre bromas pesadas y brindis. Por una noche, el fantasma de Nihil fue olvidado, reemplazado por la imagen de un estratega sonrojado y una guerrera de hielo que, por fin, veía un futuro brillante para su hija.
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