Los secretos de Nova.

CAPÍTULO 6. FUTUROS NUEVOS RUMORES.

Cierro el grifo, limpiando los restos de sangre que fluyeron de mi nariz. Me apoyo en los bordes de porcelana del lavabo del baño de chicas y por el espejo observo el reflejo de Jess. Trae esa sonrisa inocente de quien acaba de cagarla y espera ser perdonada por su cara bonita.

—Lo siento—sus ojos brillan con una diversión contenida.

—Sabes que soy alérgica a eso —señalo la cabeza del cachorro que se asoma de su bolso, un bicho marrón con ojos saltones—. Deja de contrabandear a cada cachorro que veas por la calle.

Nos quedamos en silencio unos segundos. La recorro de arriba abajo, fijando la mirada en el perro pulgoso que ahora intenta lamer la cremallera del bolso.

—Ya sal de aquí —me recuesto del lavado, viéndola esconder el cachorro que empieza a chillar.

—¡Shh, Firulais, nos van a descubrir! —susurra Jess, acariciando la bolsa—. Te espero en el pasillo, no tardes. ¡Y ponte algo de rubor! O dejaras de ser la más guapa del colegio.

Me quedo unos minutos analizando mi aspecto y Jess tiene razón, me surge la necesidad de ir a la playa de lo pálida que estoy.

Salgo encontrándome a los dos, pero freno para estornudar y Luke retrocede con los brazos abiertos para que Jess no se me acerque.

—Aléjate de nosotros satanás, que llena de gérmenes estás y la muerta por ti vendrá.

— ¡Luke! —Jess lo golpea y este se acerca a darme un beso en la sien.

—Marica —le digo.

—Mafiosa —pasa su mano por mi cintura caminando conmigo.

La campana suena cuando Jess termina de peinarse y ellos me acompañan a mi casillero para sacar mis cosas. Les pido que se adelanten.

Aprovecho que estoy con la cabeza metida en mí casillero y abro mi estuche de maquillaje para darme un retoque y acomodar mi cabello.

—Te ves mejor al natural—oigo a mi espalda.

—Y tú a treinta metros lejos de mí. O bajo tierra, no soy exigente —respondo sin girarme.

Recuerdo lo que ocurrió ayer con mi madre y un reflujo ácido se aloja en mi garganta, cierro la puerta de metal con un golpe firme.

Al girarme lo encuentro apoyado en los casilleros con una sonrisa juguetona en sus labios. Choco mi hombro con el suyo para caminar al salón de clase.

Me sigue.

De cerca.

Y lo siento mirarme el trasero.

—¿Qué quieres? —digo cruzada de brazos.

Él se acerca, invadiendo mi espacio personal sin pedir permiso, e inclina su rostro para quedar a escasos centímetros del mío.

—Invitarte a salir para empezar.

—Te invito al bosque, a mitad de la noche.

—¿Irías al bosque? —frunce el ceño.

Sonreí.

—Puede ser.

Luego que te coman los animales.

Al instante que le doy la espalda para irme y olvidarme de esa agradable charla, abro mis ojos de golpe al sentir que agarran de la cintura, a mitad del pasillo, frente a todos.

—Suéltame.

Me gira con una facilidad indignante, obligándome a quedar cara a cara con él otra vez.

—¿Saldrás conmigo? Solo di que sí. Una hamburguesa, un café, lo que quieras.

—¿Tengo cara de tragarme una hamburguesa?

—Por favor, solo una tarde.

—No lo repetiré, Brayden, suéltame —advierto—. Cuento 3 y llevo 2.

—No creo que vayas a hacer algo —se burla.

Mala elección de palabras.

Levante una ceja, seguido de la rodilla dando justo en las bolas lo que lo obliga a doblarse. Ya tenía tiempo resistiendo para no darle ese golpe.

Los murmullos no tardan en comenzar.

—¿Viste eso? Nova le pegó a Brayden.

—Dios, debió dolerle.

—¿Están peleando o coqueteando? Qué raros son.

La muchedumbre mira la escena entre sorprendido y divertido. Justo cuando doy un paso dentro del salón, me detienen agarrándome de la cintura.

— ¡Brayden, suéltame! —intento soltarme, pero al momento de no sentir el suelo dejo de luchar.

— ¿Por qué eres así de odiosa? —hace que me gire a verlo, puedo notar sus ojos un poco más brillosos debido al golpe.

—Porque me da la regalada gana.

—Te estoy pidiendo una cita, no un riñón.

—Bájame ya.

Me baja despacio, pero sus manos no abandonan mi cintura de inmediato. Sus ojos buscan algo en los míos, una grieta, una señal de que estoy bromeando. No la encuentra.

—Lo siento, no era mi intención... presionarte así.

Aprovecho el momento para entrar al salón cerrando la puerta en su cara, convirtiéndome en el centro de atención de todos. Ignoro las miradas burlonas y otras celosas.

La clase de Historia comenzó con la caída de los antiguos romanos, y terminó siendo igual de caótica.

Nadie prestaba atención. El profesor Ricardo hablaba sobre acueductos, pero el aula era una sinfonía desastrosa de tonos de mensajes, vibraciones y murmullos ahogados. Todos estaban comentando bajo la mesa el incidente del pasillo.

—¿Crees que salen?

—No, ella lo odia. Se le nota.

—Pues él casi se la come con la mirada.

Hasta que, de repente, el profesor Ricardo, un hombre de cuarenta años con una actitud gélida y un historial de poca paciencia, dejó de hablar en medio de una frase. Caminó con pasos silenciosos y le arrebató el teléfono de las manos.

El salón entero contuvo la respiración.

Ricardo miró detenidamente los brillitos que adornaban el aparato, cerró los ojos mostrando la sonrisa más diabólica que he visto y caminó hasta la ventana la cual abrió y arrojo el teléfono fuera del salón.

— ¡Guarden los malditos teléfonos! —todos, que estábamos en shock, reaccionamos de un sobresalto guardando todo excepto nuestros libros.

La dueña de ese costoso aparato estaba al borde del llanto. Volvió a su escrito y esperó a que todos guardaran silencio para que luego él sacara el suyo.

Pasaron los minutos y nadie se dignaba a decir nada, teníamos miedo. Nos mirábamos las caras preguntándonos si el profesor continuaría con la clase.

—Examen la próxima semana. De todo el Imperio. Y será sin opción múltiple —anunció, sentándose en su silla.



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En el texto hay: romance, secretos, drama

Editado: 21.05.2026

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