Llegamos a la fiesta.
La casa McCarthy no era una mansión de ricos como pensaba, era solo una simple casa de dos pisos con una muy linda decoración, claro, linda de no ser por los hormonales con instintos primitivos, vasos regados por el jardín y una mezcla de cigarro, alcohol y vomito que me dan deseos de volver.
De inmediato reconozco a los dos hombres que resguardan la entrada como los hombres de negro, son los tíos vagos y rabo verdes de Rafa Wells, que seguramente contrataron por un par de cervezas.
—Nova — me suelta uno de ellos, recorriéndome con una lascivia que me revuelve el estómago—. Igual de preciosa.
Me abstengo de responder lanzándole la invitación por la cara cuando los demás entran, y le saco el dedo medio al otro cuando presiento que se han girado para ver cómo me queda el disfraz por detrás.
Entramos y parecía un portal a otro mundo, no era nada parecido a lo de afuera. Una opaca gama de colores negro, verde y dorado eran los que decoraba la casa. Los adornos eran muy sutiles, el Halloween y los dulce dieciséis de una Barbie estaban muy bien combinados.
Monstruos, princesas, alíen, cosplay y hasta animales nos rodeaban. El paraíso de Jess sin duda.
—¡Oh, por Dios! ¡Ese chico va de demonio y sus alas se mueven de verdad! —chilló Jess, ya olvidando por completo su "depresión" por el ex.
En menos de cinco minutos, ya la había perdido de vista. Creo que no hace falta mencionar a los depravados príncipes negros que para llamar mi atención pisaban "accidentalmente" mi capa o mínimo venían a preguntarme si me protegerían del supuesto lobo.
¿Quién sería tan estúpido para disfrazarse de hombre lobo en estos días?
Saliendo de mis pensamientos, me doy cuenta de que he perdido a la cuerda de raritos, me dirijo al patio trasero ya que es el único lugar que me falta por explorar.
—¿Te has perdido, Caperucita? —me soltó un tipo con una máscara de plástico barata—. Espera ¿Nova?
De la impresión se quitó la máscara.
—El aliento te huele a mierda, muévete —le respondí, empujándolo para abrirme paso hacia el patio trasero.
Necesitaba aire que no estuviera reciclado por trescientas personas.
En cuanto cruzo por la puerta de cristal, el mundo se vuelve borroso, alguien me sujeta violentamente por las caderas e impacto contra un pecho.
Me pongo en modo ataque y lo primero que me pasa por la cabeza es meterle un codazo, el sujeto lo atrapa igual de rápido y fácil como me pasa un brazo alrededor de la cintura y el cuello.
Estoy de espaldas a él, contra su pecho y con una mano me tapa la boca para que no grite. Vuelvo a luchar, atinándole un golpear en la costilla que por segundos me suelto, pero aun así me arrastra hasta la cocina.
Me arrincona en el espacio hueco de la nevera y el estante de madera, y es en ese milisegundo de libertad cuando me giro sobre mis talones, cerrando el puño, y le meto un gancho directo a la mandíbula al cretino, que iba vestido con un elegante traje negro y un antifaz del Zorro.
Su cabeza se hace hacia atrás por el impacto.
—¡Mierda! —gruñe él, llevándose la mano a la boca—. Yo esperaba un "gracias" por crear el mejor chisme de la vida, no que me voltearas la cara de un golpe —relaciono su voz con la de los audios y solo por eso me calmo.
Es el chico sombra.
—¡Agradece que no fue en las bolas, imbécil
Veo cómo le empieza a sangrar el labio. Él se pasa la lengua por la herida, probando su propia sangre con una sonrisa que me pone los pelos de punta.
—Y yo emocionado porque por fin estaríamos cara a cara.
—¡¿Secuestrándome!? ¿Esa es tu idea de romper el hielo?
Sonríe el muy enfermo mental.
Sus manos enguantadas subieron lentamente hacia su rostro y deslizaron la venda negra hacia arriba.
Me quedé muda. No sé qué esperaba, quizás un troll con granos o un tipo con cara de no haber visto el sol en años. Pero ni en mis más locos pensamientos pensé ver a un chico atractivo, tiene ojos oscuros y cabello marrón, pómulos marcada, acompañado de una altura favorable que se yergue sobre mi evitando que otros me vean.
—Taraa.
—Tarado querrás decir.
Me cruzo de brazo.
—Siempre quise estar a esta distancia de la hermosa Nova Thompson —dice, y antes de que pueda protestar, me toma de la cintura con una confianza que no le he dado y me jala hacia él, pegándome más a su cuerpo
—Entonces ya sabes lo que dicen de mí.
—Si. Lo sé.
— ¿Y también sobre lo de jugar con fuego? —inclino la cabeza, afilando la mirada.
—Soy pirómano —Me lanza una sonrisa.
— ¿Y el pirómano de verdad creía que no me iba a dar cuenta que me utilizó? —Le sostengo la mirada—. Te aprovechaste que mande a ensuciar la reputación de Diana para cobrártelas de Ethan, vaya a saber por qué.
Eso lo descolocó por completo. El brillo divertido de sus ojos desaparece, reemplazado por una cautela fría.
—Chica lista.
—Como no tienes idea, Garreth.
Se le bajan los colores.
Se le bajan los colores. La sonrisa se le borra al instante y su expresión se contrae, da un paso hacia atrás sin poder creer que acabo de pronunciar su nombre real.
—¿Cómo...? —intentó formular, pero las palabras se le atascaron en la garganta.
—Si, sé todo de ti, "Sombra". Último año, estuviste viviendo en Londres un tiempo y regresaste por tu hermanita la vegetal. ¿Seguimos, o vas a dejar de intentar intimidarme?
—¿Qué... quien? —intentaba formular, pero solo balbuceaba.
— Meter la mano en el fuego sin protección es estúpido, Garreth; deberías saberlo si tanto te gusta jugar con él.
Bufó molesto, desviando su mirada, sin encararme, me gustó haber cambiado los roles.
—Sí que eres una perra.
—¿No sé por qué aún se sorprenden?
De pronto, un grupo de cuatro chicos completamente ebrios entra a la cocina tropezando, riendo a carcajadas e intentando preparar un torpe beso de tres contra la encimera de granito.
Editado: 21.05.2026