— ¿Qué hay entre tú y Brayden? —dice Jess entusiasmada, y la miro con la cuchara de helado a medio camino
«Brayden y tú.» Me saca de quicio cuando utilizan mal la gramática.
Y ahora me molesto más conmigo mismo por molestarme por eso y no por el contexto.
—No hay nada entre él y yo.
Me levanto buscando a Beta desde el rincón y me tiro en la cama con el conejo en brazo.
— ¿Segura? ¿No son novios? —insistió ella, sentándose al borde de mi cama, invadiendo mi espacio.
— ¡No! —Respondo con asco—. ¿Por qué lo dices?
—Porque es lo que se dice. Aparte que se han visto juntos últimamente en el colegio. El otro día los vieron discutiendo, pero él te miraba como si quisiera comerte viva, y luego está el detalle de un video en donde se ve que casi se besan en medio del pasillo...
Mis ojos se abren aterrada, pero más que todo sorprendida.
—Ya no es un secreto que ambos están juntos en la academia esa de bachata y que él es tu compañero. medio Belcroft haciendo apuestas sobre cuándo van a formalizar.
—¿Formalizar qué? ¿Un contrato de odio? ¿Por qué insistes tanto?
—Porque no es normal que un tipo como Brayden, que tiene a medio mundo lamiéndole los pies, ande como un perrito faldero.
Ruedo los ojos tan fuerte que casi veo mi propio pasado.
—Solo dice que está "enamoradísimo" de mí—hago comillas con mis dedos y arrugo la nariz.
Jess suelta otro de sus dramáticos gritos emocionada, interrumpiéndome completamente mientras las galletas son arroja por la emoción.
— ¿Y lo dices así? ¿Cómo si nada? ¡Nova, el chico es guapo, tiene coche y parece que no le tiene miedo a tu carácter de mierda!
— ¿Qué esperabas? ¿Qué me pusiera a saltar en la cama como lo que acabas de hacer?
—Algo así—afirma, sin bajarle el volumen a su tono—. ¿Y qué harás con respecto a eso? Porque el tipo no se va a rendir.
— ¿Cómo que qué haré con respecto a eso? Nada. Ignorarlo. Tampoco es que le daré mucha importancia. Él no me gusta. Es ruidoso y sonríe tanto que me duelen los dientes solo de verlo.
Poco a poco se fue sentando nuevamente en la cama, frente a mí, con una expresión afligida. Me miraba fijamente esperando a que dijera algo, más nada salió por mi parte.
—No deberías tratarlo así—me acusa, haciendo una especie de puchero.
—Es mi problema el cómo lo trate. No es a ti a la que acosan ni tiene un chicle pegado en el culo.
Vuelvo a darle un trago a la botella de refresco, y me ahogo después de su "consejo".
— ¿Y si intestas superar a Adrián?
Casi me ahogo de verdad. Se tuvo que pasar la sabana por la cara cuando gran parte del refresco que escupí cayó en ella, graciosamente también borrándose accidentalmente una ceja al limpiarse.
Tarde segundos en controlar la tos que el casi ahogamiento provocó. La miro enojada y su expresión cambia a una aterrada.
—Quizás Brayden es el clavo que necesitas para sacar ese tornillo oxidado.
Le lanzo patada que hace que se termine cayendo de la cama.
—No quiero involucrarlo y que luego termine lastimado.
Su risa se detuvo en seco. Apoyó los brazos en el borde de la cama, mirándome con seriedad.
— ¿Te importa? —susurra, más como una afirmación que como una pregunta.
— ¡Por supuesto que no!
—Noo, claro que no—arrastró las palabras con sarcasmo pesado—. Porque estar esparramada en tu cama y tomando una botella de refresco como cerveza mientras me dices que no quieres lastimarlo, no significa que te importe.
Me inclino para hacer como que la pateare de nuevo, pero ella se separa de la cama y pone sus brazos en X tapando su rostro.
—Solo no quiero involucrarlo—me enderezo, y abro otra bolsa de frituras.
Brayden no me importa, solo no quiero que nadie sepa lo que pasó y mucho menos termine lastimado cuando el momento llegue.
Además...
—Me está empezando a agradar.
—Nova... —vuelve a sentarse en la cama y pone su mano en mi pierna, me mira compasiva y con una leve sonrisa dice lo que temo—, ya lo involucraste.
Puede que sea un problema. Uno jodidamente grande.
Miro a Beta que olfateaba las frituras.
— ¿Qué hora es? —extiendo mis brazos hacia arriba y estiro la espalda.
—Son las cuatro.
Me levanto dejando claro que hasta aquí se acabó el tema y me dirijo a mi armario quitándome la ropa en el camino.
— ¿Qué ocurre?
—Me tengo que ir a la academia, voy atrasada. Ten—le tiro las llaves—, quédate aquí y cuida a Beta. Solo serán dos horas. Si llega mamá ya sabes qué hacer.
—Contar chismes.
—¡NO molestarla! —repito.
—¿Y si me pregunta por el "novio"?
—¡Le dices que es un rumor de gente sin vida! —grité antes de cerrar la puerta.
Apenas puse un pie fuera de la casa, un auto gris impecable se estacionó en mi porche. La ventana bajó lentamente revelando a Brayden con sus gafas de sol puestas, a pesar de que el cielo estaba nublado.
— ¡Amorcito! Te llevo.
Me quedé estática.
Lo miro sin saber que pensar, se encontraba en el porche de mi casa, no como en las películas sentado en el capo de su carro con campera de cuero, no, está sentado dentro de en su auto y como los vidrios no eran precisamente ahumados se podía ver a la perfección su postura relajada esperando mi respuesta.
El "Te llevo" había sonado más a una orden que a sugerencia.
Respiro hondo.
Aceptando.
Camino hacia él y abro la puerta copiloto. Brayden esboza una sonrisa triunfal y el auto se mueve en vía a la academia.
—Eso sonó a secuestro.
—Si te fuera a secuestrar, tendría un mini vans con vidrios ahumados y pondría música más dramática —replicó él—. Quería asegurarme de que mi futura cita para la boda no huyera.
—Sigues muy seguro de que ganarás esa apuesta.
—Tengo fe.
Sin nada más que hacer aprovecho de inspeccionar cada detalle. Todo es de un color crema, sorprendentemente ordenado, limpio y huele a papas fritas. Me detengo en el portavaso donde había un paquete de ellas.
Editado: 21.05.2026