Los secretos de Nova.

CAPÍTULO 23. TE ELIJO A TI.

Para mí, el mundo se detuvo. El eco de las palabras de Carlos rebotaba en las paredes del salón, pero mi cerebro se negaba a procesarlas. Era como si me hubieran sumergido en agua helada: el ruido de los murmullos de mis compañeros llegaba amortiguado, lejano. Mi cuerpo estaba inmóvil, mis ilusiones de ser la elegida se desintegraban como ceniza y mi ego... mi ego estaba sangrando en el suelo.

Sentí como el peso del brazo de Brayden dejaba mis hombros.

—Ahora escoge pareja para la competencia —pidió Carlos

Fue como si alguien hubiera encendido un reflector gigante sobre nosotros. Todas las miradas se enfocaron en él, obviamente algunas chicas no perdieron el tiempo de desabotonar sus blusas y lanzar esas miradas picaras que daban vergüenza ajena.

Brayden no se inmutó. No miró a las rubias, ni a las morenas, ni a las veteranas. Su inescrupulosa mirada azul se fijó en mí con una intensidad que me hizo querer retroceder.

Oh, mierda.

Ahí viene.

Lo va a decir.

Y nada me salvará de esto.

—Escojo a Nova.

Me provocaba gritar hasta romper los espejos, pero esta era mi única oportunidad de concursar.

—Que novedad —se burla Carlos, despegando su vista del teléfono—, Thompson era mi segunda opción.

Justo en el ego.

—Iras. Con los. McCarthy—susurra en mí oído en tono cantarín.

Carlos levantó la vista, clavándola en mí.

—¿Nova, aceptas?

Sentí la tensión en el aire, las miradas, la absurda tensión en algunos deseando que me negara para que el puesto quedara vacante... y a Brayden sostener mi mano.

—Si.

Muy a mi pesar.

Suelto un suspiro largo y me permito mirar por la ventana.

¿Cuál es la posibilidad de romperme una costilla si salto?

Tampoco es como si me pudiera negar, he querido ir a Los Ángeles para competir desde... bueno, en realidad desde hace un año solo para probarme a mí misma que si obtengo lo que quiero.

Y esa competencia es un capricho personal que me propuse conseguir.

Carlos despidió a todos los demás, se enfocó en netamente nosotros durante toda la tarde. Explicó las reglas de la competencia, quien serían los jueces, la temática y parte de la rutina que ya venía maquinando.

—Te recuerdo que la boda es este fin de semana —me dice una vez salimos de la academia.

—Si jodes.

Mire a todos lados sin ver a nadie en la calle.

—¿Te paso buscando mañana?

Lo miro de reojo, sintiendo el peso de la derrota.

—Sí, ya que —cedí, subiéndome al auto sin esperar a que me abriera la puerta a esperar que me llevara a casa.

Yo misma me había metido en este callejón sin salida. Dentro de mí, tenía las esperanzas de deshacerme de él.

Brayden arrancó el motor. Parecía ridículamente contento, como un cachorro al que acaban de anunciar que va de paseo al parque. No paraba de tamborilear los dedos sobre el volante.

—¿Todo bien? Parece que buscas algo en la calle.

—Nada, todo bien — asentí, ajustándome el cinturón con fuerza—. ¿Podemos pasar por la panadería?

—Yo voy a donde tú me digas. Soy tu chofer personal, socio y, próximamente, tu novio.

—Sigue soñando.

—Oye, para que veas que confío en ti... te tengo un chisme.

—No me interesa —saque el teléfono para fingir que leía algo importante, aunque mis oídos ya estaban atentos.

—Fiby está embarazada—Volteo como el exorcista, con los ojos abiertos de par en par y el aparato se me cayó de las manos.

—¿Fiby? ¿La instructora de ballet Fiby?

—¿Cuál otra conocemos?

¡Wao!

—¿Ella te lo dijo? —inquiero.

—Sí, pero Carlos no lo sabe aún—me guiña un ojo —. Así que guarda el secreto.

— ¿Y por qué tu sí?

Se encoje de hombros sonriente.

— Me llevo bien con ella.

—Si... Me he dado cuenta de que tú te llevarías bien hasta con una cucaracha.

—Por eso es que somos tan buena pareja. Tenemos ese equilibrio perfecto.

Me voltee a verlo.

—¡No somos pareja! —grito indignada.

—¡De baile! — aclaró él de inmediato, aunque su mirada decía otra cosa.

Fruncí el ceño, volviendo a mi teléfono.

—Aunque en el otro sentido también.

Esta vez no me aguanté. Alcé la mano y le metí un manotazo en el hombro. Él soltó una carcajada limpia.

Tal vez fue la experiencia, o tal vez la paranoia de sentirme siempre amenazada.

En un segundo veo el rostro de Brayden iluminado sonriendo, y al otro vi una mancha oscura por el rabillo del ojo.

Una camioneta negra venía a toda velocidad.

—¡BRAYDEN, CUIDADO! —grité

Sentí un impacto brutal. El auto se desvió violentamente del camino, patinando hacia la acera. Sentí mi cuerpo balancearse como una muñeca de trapo, impactando contra la puerta del copiloto.

En medio del caos y el aturdimiento, un pensamiento cruzó mi mente como un rayo: Brayden no se había puesto el cinturón.

—¡Brayden! —como pude, en medio de los giros, estiré los brazos y lo atraje hacia mi asiento con todas mis fuerzas justo cuando el auto daba un latigazo hacia el lado contrario.

Eso impidió que su cuerpo saliera despedido hacia el parabrisas, pero el golpe que dio contra el techo del coche fue inevitable.

Cerré los ojos, esperando el impacto final, y apreté el cuerpo de Brayden contra el mío, protegiéndolo con mis propios brazos mientras un poste de luz conseguía detenernos. El silencio que siguió fue aterrador, solo roto por el siseo del motor dañado y el goteo de algún líquido.

Como pude abrí los ojos, y lo que vi, jamás pensé que me aterraría tanto.

— ¿Brayden? ¡Brayden! —le grité, sacudiéndolo suavemente..

Tenía una herida profunda en la frente que empezaba a bañar su rostro de un rojo intenso. Sus ojos estaban cerrados. Estaba pálido, demasiado pálido.

—No, no, no... ¡Brayden! ¡Despierta! —grité, presa del pánico, mientras buscaba desesperadamente su pulso.

Pero él no despertaba.



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En el texto hay: romance, secretos, drama

Editado: 21.05.2026

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