⚠️Este capítulo contiene escena +18, pueden saltarlo y no afectara la trama ⚠️
BRAYDEN's POV.
La cabeza me retumba mientras el olor a stripper sigue en mis fosas nasales. Usé la excusa que me sentía mal para que Carlos no anduviera con las burlas y le demostrara a mi padre que no soporto una tercera cerveza.
Cuando cierro la puerta detrás de mí un cuerpo aterriza de espalda luego de rodar por las escaleras.
Me pego a la pared de la impresión mientras una risa malévola resuena en la segunda planta de la casa.
¿Qué mierda...?
—Día—no me responde—. ¿Te moriste?
Luego de unas cuantas carcajadas mi hermana pierde el conocimiento y me doy cuenta del pijama oscuro que le queda un tanto flojo, no tiene puesto su típico short de niña.
¿No es de Nova?
— ¡Ahora que sea Rafa y no tú la que caía! —la hermosa voz me distrae de cargar a mi hermana dejándola acostada en el sofá.
Huele a vodka.
La risa que tiene a medio Belcroft a sus pies me atrae como un canto de sirena.
Lo primero que veo es a Nova entrando al baño con un diminuto pijama rosa. Pregunto dos veces si se encuentra bien antes de irme a mi habitación.
— ¡Que sí, joder! —me rio porque sé que si Diana esta colada, ella debe estar igual.
Me pongo el pijama pese al calor que siento. El hecho de que el alcohol este aun en mi sistema no me ayuda a sobrellevar la erección que cargo después de ver su figura corriendo por el pasillo como un fantasmita rosado.
Acaricio un poco por encima de la tela hasta que, sin ningún aviso, la puerta se abre haciéndome quitar la mano del pantalón. Me pongo aún más nervioso al verla en el umbral con el pijama de mi hermana resaltando su figura.
—¡No-Nova!
Me siento en la cama con la almohada entre las piernas.
—Literalmente lanzaste a mi hermana por las escaleras. ¡No te juzgo! Puede que tengas razón, ¡hasta a mí se me ha antojado!
Ella no responde, sus penetrantes ojos azules me miran con una intensidad que me intimida.
— ¿Esta todo...?
—Quita la almohada—me congelo ante sus palabras.
La orden no pudo ser más que clara.
Me niego, trato de hacerla entrar en razón, pero es mi cordura la que se pierde cuando cierra la puerta con pestillo y vuelve a repetir la orden.
—Quita la almohada, Andrea —sabía que no iba a dejar pasar ese nombre—. Muéstrame qué tanto te gusto.
Trago saliva, haciendo lo que me dice.
—Mucho—la sangre fluye más rápido—. Me gustas mucho.
La dejo ante ella y aun con la vergüenza se mantiene recta y dura.
No hay ninguna reacción de su parte y eso me pone aún más ansioso. ¿No es suficiente? Jamás me sentí inseguro por el tamaño, no es una monstruosidad pero eso no lo hace tan malo como para obtener una mirada indiferente de su parte.
La luz azul neón de la pared se refleja en ella mostrándome más que nunca que es la personificación perfecta del peor súcubo con el que me pude haber topado; endemoniadamente bella y jodidamente tan sexy que parece un sueño.
Debe de ser otra fantasía de la cual Zeus me despertará, y rezo porque sea así pero no pasa. Jamás despierto y ella se acerca a mí sonriéndome como nunca pensé verla.
Aprieto la sábana ya que no sé qué hacer. Ella tiene el control y en sus manos la decisión de joderme es lo único que está claro.
Veo sus ojos brillar con cierta malicia que me eriza la piel.
— ¿Ahora no dices nada? —su sonrisa se ensancha—. ¿Y la confianza con la que te me insinuabas, Brayden?
Se fue a la mierda en el instante en que entraste a la habitación.
Su mano se pasea por mi pecho, hombros y cuello haciendo que me palpite doloroso. La cero experiencia en este tipo de situación no ayuda a calmar mis latidos, y saber que ella planea tener el control me prende más.
Mis ojos tienen la fortuna de pasearse por cada milímetro que expone el pijama, reparo su abdomen plano, vientre y llego a sus piernas con la intención de estirar la mano para tocarla pero ella se inclina a quitarme la camisa y puedo ver el valle de sus pechos, me lamo los labios por semejante vista, son demasiado blancos, siento que si los beso o muerdo le quedaran las marcas.
La lentitud, la sensualidad con la que hace todo me nubla la mente. Me vuelvo consciente de cada detalle en ella, la espesa y uniforme piel blanca, sin ningún lunar o peca que la interrumpa, su figura delgada pero muy bien proporcionada en sus partes, lo único que resalta en toda esa perfección que la hace parecer una muñeca de porcelana, es una enorme cicatriz que abarca el largo de su antebrazo.
Aprieto la mandíbula porque en el peor de los momentos recuerdo a Ricardo y las ganas de volver a partirle la cara regresan.
— ¿Sabes? Por lo general cuando estoy con alguien me gusta que piensen solo en mi—hace un puchero mientras acaricia mi mejilla—. Se lo que estás pensando, sé que piensas en Ricardo.
— ¿Por qué lo haces sonar como si tuviera una homosexualidad oculta? —Espeto—. Mejor ve a dormir.
Ni yo sé cómo logre decir eso.
—¿No me quieres aquí?
Y el hecho de que Nova haya eructado confirma todas mis sospechas.
—No hare nada con una ebria.
La creía con más tolerancia al alcohol ¿Cuánto habrán bebido esas dos? Nova se endereza y me mira con una determinación que hasta a mí me da escalofríos.
— ¿Eso te quita las ganas?
Antes de que pueda decir nada, ella empuja mi pecho obligándome a acostarme sobre mi espalda mientras se sube encima de mí con ambas piernas a los lados de mi cadera.
—¿Me rechazas? —provoca.
En automático llevo mis manos a su cintura, sentándola encima de mí.
Nova me aprieta y se acomoda como le place.
Solo reacciono ante los impulsos y me arrastro al espaldar de la cama con ella sentada encima de mí.
Ella comienza a mover sus caderas en un vaivén que roza sobre la tela haciéndome ahogar un gemido.
Editado: 21.05.2026