Esta sensación de tranquilidad y tortura no puede ser solo la causa de una borrachera. La serenidad en mi pecho, el martirio en mi cabeza y la humedad en mi entrepierna.
La vibración de mi teléfono me hace estirar la mano hacia el velador al lado de la cama.
¿Qué hago despierta a las siete de la mañana?
Me siento en la cama. Por increíble que parezca tengo 124 mensajes de Jess, 14 de Luke, 3 llamadas perdidas de Megan y un montón de mensajes de números desconocidos lo cuales ni me molesto en abrir.
«¿QUE PUTAS SIGNIFICA ESTO?» me llega el insulto número 125 de Jess.
Subo más arriba del chat y lo que veo ni yo mismo me lo creo, fotos de Diana y de mí, no sé en qué parte de la casa, pero yo llevo su ropa y ella la mía.
¿¡Pero qué?!
¿Qué pasó?
¿Qué me hizo Diana McCarthy anoche?
Brayden entrar al cuarto en bóxer oliendo a jabón y el cabello rubio gotea por su espalda.
—Creía que los muertos revivían de noche.
— ¿Qué haces aquí? —cuestiono.
Es demasiado temprano para soportarlo.
—Es mi habitación.
— ¿Pero de qué estas...? —dejo de respirar.
Intento mirar la habitación, pero mi cerebro choca contra mi cráneo sacándome un quejido.
—Tomaste de más y viniste en la madrugada a abusar de mi cuerpecito.
Las palabras no se procesan en mi cabeza, solo escucho bla, bla, bla.
— ¿Tú y yo...?
—No. Casi, pero te quedaste dormida.
Me quejo sujetándome la sien, creo en su palabra cuando dice que no hicimos nada porque no siento ese dolor que queda después del sexo, solo una resaca bestial que me taladra la cabeza.
— ¿Solo eso?
Guarda silencio, lo afano y me certifica su respuesta agitando la cabeza.
— ¿En qué momento bebiste?
—En el momento que me encontraba a solas con tu linda hermanita.
Brayden termina de ponerse una camisa y se inclina sobre la cama, poniendo ambas manos a cada lado de mi cuerpo, mezclando su respiración con la mía. Escucho sus latidos acelerados mientras yo sigo con sueño.
No me muevo ni reacciono, tenerlo cerca no me pone nerviosa, ni siquiera cuando sus dedos rozan mi frente pasando algunos mechones por detrás de mí oreja.
—No vuelvas a beber—la dulzura con la que lo dice me irrita.
Me quedo quieta mientras él se acerca a dejar un pequeño beso mis labios.
— ¿Quieres café, agua o la sopa levanta muertos de la abuela? —Rechazo todo, aprendí a las malas a no tomar nada luego de una borrachera.
Brayden se termina de arreglar en el espejo de la pared, cada movimiento que realiza lo hace torpemente con mi atención sobre él.
¿Qué nunca estuvo con una chica en su cuarto?
La sonrisa de bobo no se le borrar y la imagen de Goofy me pasa por la mente.
No tengo ni idea de cómo debo estar, capaz y como un mini demonio despeinado, ojerosa y con cara del gato amargado.
—Por cierto, el "tú y yo" —repite con aire melancólico—, suena lindo.
Se va dejándome sola en su habitación. Me doy cuenta de que en el escritorio está el pijama de Diana perfectamente doblada. Con pereza miro la camiseta azul gigante que traigo puesta.
Me froto la cara abrumada. Entonces es eso... Estando borracha yo lo busque a él.
Interesante.
Me pongo el short de pijama y salgo con la cabeza dándome vuelta, pero el asunto se vuelve peor cuando me topo con uno de los gemelos pillándome salir de la habitación de su primo.
Él enarca una ceja y una sonrisa pícara aparece.
— ¿Dónde quedo tu dignidad, Vanessa?
Es Jeremy.
—En el mismo lugar donde terminará tu cabeza cuando le diga a Alice de las fotos que tienes en tu teléfono.
Eso es más que suficiente para callarle la boca.
Llevo dos años acostumbrada a las resacas de los after party, mi experiencia me ayuda a la hora de caminar como una persona normal y no un Zombi recién salido de la tumba.
Se supone que es el día de la boda y que todos deberíamos estar frescos cual lechuga, pero si ni la novia se ha levanto mucho menos el cadáver sin vida de Diana tirado a mitad de la sala.
¿Entonces si la empuje por la escalera o se cayó solita? No recuerda nada y si no fuera por el movimiento de su pecho hasta diría que la perdimos.
Debe ser su primera resaca de lo cosida que está. Voy a disfrutar de lo mucho que le dolerá cuando despierte. Mi franela la tiene levanta por encima de estómago y a duras penas le tapa los pechos.
— ¿No harás nada? —le pregunto a su hermano sentado en el sillón.
Brayden la mira de reojo y vuelve a su teléfono.
—Nadie la manda. Por cierto, que bonita foto—me muestra una foto mía empinándome la botella, luego cambia a otra donde estoy arrullando al zorrillo como un bebe.
¿What the fuck, Diana?
Ahora entiendo el bombardeo de mensajes. Me acerco a patearla, refunfuña y yo la zarandeo con el pie.
—Ya déjame, Rafa.
— ¿Rafa? —cuestiona su hermano mientras yo sigo pisándola.
— ¿Con que mierda ligaste el vodka?
— ¿Ligar? —vuelve a preguntar Brayden.
—He bebido ron con fuego y ni eso me ha fundido tanto como lo que bebimos anoche—la vuelvo a patear en la cadera haciendo que se siente—. ¿Qué le pusiste a los tragos, Diana?
—Nada... —suelta una oleada de vomito provocando arcadas en Brayden que hace que se pire lejos.
Me arrodillo, hago un puño con su pelo echando su cabeza para atrás.
— ¿Con que me drogaste? —le exijo, ella lloriquea con los ojos cerrados—. Dime o hago que te ahogues en tu propio vomito.
—¡No sé! —Caigo de culo al piso de la impresión—. Alexandra me dio un poco de algo, de un polvito blanco, pero me daba miedo probarla sola.
¡Hija de...!
Ya decía yo que la víbora de Alexandra tenía que ver con todo esto; es la única estúpida en todo Belcroft que puede tener este tipo de drogas en sus manos.
— ¿Cuánto te dio esa perra?
—Una bolsita pequeñita.
— ¡¿Y la consumimos toda!? —intento bajar la voz, pero los nervios me quieren provocar un infarto.
Editado: 21.05.2026