1, 2, 3, 15, 20 de 30 academias de las cuales solo quedaron 10 finalistas, entre ellos Will, la gorda de la otra vez y nosotros. Por alguna razón Jared no pasó y a esta hora debe estar en un vuelo directo a California.
Faltan dos horas para las presentaciones por lo que la habitación de Brayden se convirtió en un campin de planeación guerrillera en donde Carlos se mueve de aquí a allá con sus alentadores discursos.
Yo tengo algo más importe en la mente.
— ¿¡Nova, me estas escuchando?!
—Si.
Tuerce la boca en una mueca de disgusto.
—Última oportunidad para que no queden como unos fracasados, demostrarme que no perdí el tiempo y ustedes su dinero.
Motivador.
— ¿O qué? —Me burlo sentada en escritorio parecido al mío—. ¿Nos mata? ¿Nos expulsa?
Voltea a verme, sonriente.
La expresión maniática en su rostro me dio cierta punzada.
—Te llevo a rastra a un altar y te caso con este imbécil.
Palidezco en segundos.
—No sería tan cruel.
— ¡Oye! —se queja ofendido Brayden—. ¿Por qué siempre me toca a mí ser el castigo?
—Pruébame —me reta él apretando mi cachete —. Si no ganan, el altar te espera.
Cuando llega la hora final me voy con Brayden a detrás de bambalinas esperando nuestro turno.
Cuatro parejas pasan y Will se levanta encaminándose a la oscuridad del pasillo con su compañera. Pocos minutos después percibo la canción que escogieron y por alguna razón muero por verla, es una especie de bachata con electrónica, no muy visto, pero si curioso por lo que escucho.
Los dedos tamborilean en mis rodillas, por un lado Sabrina me habla y por el otro Brayden intenta decirme no sé qué tontería sobre el equilibrio. No sé quién es más molesto o a quién quiero matar primero para que se haga el silencio.
—¿Puedes cerrar la boca, por favor? —le digo a Brayden, clavándole la mirada.
—Solo te decía que si te resbalas, te sujeto —responde él, serio.
—Si me resbalo, es porque tú me soltaste. Concéntrate.
Me trago los nervios poniéndome la máscara de hielo cuando la melodía acaba y sé que es nuestra señal.
Las primeras melodías suenan y las manos de Brayden acarician mi vientre, me eleva en el aire y me lanza como lo hemos practicado miles de veces, doy una vuelta y desciendo con el pulso acelerado cuando tarda en agarrarme, siento sus manos tocarme, pero no me ataja, al contrario, resbalo y casi toco el suelto cuando sus manos aprietan mi cintura y me da dos vueltas antes de volver a la rutina ensayada.
Carlos nos va a matar cuando bajemos de aquí.
El público aplaude, los jueces anotan sus opiniones, pero Maximiliano me mira con sorpresa luego de decirles algo a sus socios. Brayden y yo salimos por lados distintos de la tarima y nos reunimos detrás topándonos con Fiby comiendo limón y Carlos cruzados de brazos.
— ¡Fue un accidente! —Se anticipa al regaño, pero su tío se le abalanza para ahorcarlo.
— ¡Vamos a perder por tu culpa, gonorrea!
Me mantengo apartada viendo que Brayden intenta separarse y al no lograrlo es Fiby la que se levanta exprimiéndoles un limón en la cara de ambos.
—¡Ahg! ¡Mierda, Fiby! —bramó Carlos, soltando a su sobrino para cubrirse la cara. —¿Pero qué te pasa? —chilló Brayden
—Necesito un rociador con urgencia —murmura Fiby.
Yo una correa de adiestramiento y bozal.
—No sé quién me pone más de los nervios —vuelve a quejarse Fiby—, si este bebe o el malcriado de su padre.
Me toma del brazo caminando lejos de ellos. La siguiente pareja en pasar se prepara en la tarima mientras salimos al auditorio.
Hace que me siente con ella en los asientos acolchados mientras Brayden y Carlos se mantiene de pie en la pared. Vemos los participantes que quedan hasta que los jueces piden unos minutos para retomar la decisión que nominaría a los tres ganadores.
—Concursante, por favor, posicionarse en la tarima.
Fiby me desea suerte e ignoro la mirada asesina de mi instructor. El silencio es un poco abrumador, sobre todo desde esta perspectiva donde todos se toman de la mano y yo soy la única que rompe la cadena con el mentón en alto.
Ya logré mi objeto, vine a Los Ángeles a hablar con la policía, lo que ocurra después no me interesa.
—Los ganadores del tercer lugar del concurso nacional de bachata son... el número nueve. Con la coreografía Entre páginas.
Me reservo la tarea de aplaudir ya que Brayden lo hace por los dos en tanto la pareja da un paso al frente recibiendo la medalla y posando para la foto con los jurados.
—La pareja ganadora del segundo lugar son...
Brayden toma mi mano y la aprieta con la mirada al frente.
— ¡El numero veinte, Instintos! —la audiencia aplaude y Brayden me abraza.
Disimulo el disgusto cuando es el mismo Maximiliano quien se acerca a hacer la entrega de las medallas y el cheque del maldito segundo lugar. Premio de consolación que me provoca tirarlo a la basura. Carlos sube con sonrisa falsa, esa que pone el asesino diciendo que no te hará nada cuando en la mano trae un cuchillo.
El viejo me felicita con la mirada clavada en mi pecho, sonrío con mucha dificulta, pero logro convencerlo para no parecer maleducada. Me vale una hectárea de verga siendo sincera, pero no se me antoja escuchar el sermón de Carlos.
El fotógrafo nos pide que nos juntemos, ponemos el cartón del cheque gigante en alto, Brayden en una esquina, Carlos en otra dejándome en el medio con el mal sabor de boca.
—Nova —gruñe mi instructor con un tono forzado—. Brayden se vestía de mujer a los trece años.
— ¡Noo!
Le piso el pie para que se calle y en un solo movimiento Carlos nos arrebata de las manos el cheque. Anuncian a los ganadores del primer premio y la compañera de Wilbur chilla saltándole encima cuando le entregan el ramo de rosas rojas.
Me trago la envidia con la mirada orgullosa que me lanza el moreno y le aplaudo de mala gana.
Editado: 21.05.2026