Secretos.
BRAYDEN's POV.
Sé que es fría, obstinada y he de admitir que escuchar sobre su reputación me eriza la piel al punto de hacerme dudar. Muchos les temen y no sé por qué exactamente.
Sí, puede que a veces se pase de la raya, o que parezca una psicópata cada que alguien se atreve a enfrentarla, que casi haya matado a mi hermana e inclusive a mi... Pero es que se ve tan linda frunciendo el ceño cuando está molesta.
— ¿Qué putas haces aquí?
—Más amorosa y le ganas a Cupido.
—Son las ocho de la noche —Me regaña—. ¿Qué haces a estas horas, Brayden?
—Vine a cumplir las visitas comunitarias —rueda los hermosos ojos azules—, también a que me dieras explicaciones de lo que pasó ayer. Ya me enteré de que le pediste a la recepcionista del hospital que no me dijera nada.
—Yo no... —levante las cejas—, bueno sí, pero fue para que precisamente no me fastidiaras.
— ¿Y te funcionó? —me burle.
Recuesta el cuerpo en la puerta detallándome de arriba abajo, pensando; la mirada que me dedica a veces me incomoda por el simple hecho de que tener sus ojos sobre mí.
Chasquea la lengua resignada, intenta enderezarse para hacerse a un lado, pero casi cae de boca cuando su madre la empuja.
— ¡Cariño! —se me lanza con los brazos abierto y me abstengo de gritarle «¡Suegrita! »—. Pasa, pasa. Nova tráele café.
—Con veneno, anotado —responde ella haciendo que voltee a ver.
— ¿Qué dijo?
—No le prestes atención —formula mi suegra llevándome al sofá—. Ella no sabe dónde guardo eso.
— ¡En el fondo de la gaveta de abajo! —grita desde la cocina tensándome los músculos.
—Solo está jugando —ríe nerviosa.
— ¿Segura?
No responde y eso me hace dudar que haya sido buena idea venir sin avisar antes.
Un rayo cae cuando su figura se asoma con una sonrisa que jamás había visto.
—Para ti —los ojos le brillan cuando se inclina a dármelo.
—Nova —le advierte su madre.
—Disfrútalo —me mira sin quitar la sonrisa filosa.
Trago saliva, miro la taza y mi mente ve la espuma con una calavera. Veo a Liz que rueda los ojos antes de echarse en el sofá y a su hija parada frente a mí esperando que me tome lo que me sirvió.
—Adelante, Brayden —me anima—. Bébelo.
La mano me tiembla cuando tomo la taza, no digo nada pues presiento que eso será peor. Pido ayuda con la mirada, pero su madre está distraída con su teléfono e intento hacer el momento más duradero.
No lo haría.
¿O sí?
Ayer me empujó de un puente. No me imagino de qué sería capaz de hacer cuando llego de sorpresa, atrapándola en pijama y fuera de base.
Esa risa de la reina de Blanca nieves cuando finalmente envenena la manzana rezumba en la habitación cuando me arrebata la taza.
—Si eres idiota —le da un sorbo sopero al café y me lo devuelve—. Le falta azúcar.
—A-así está bien.
Las palabras no logran salir de mi garganta, el miedo causando por la incertidumbre continua en mi cerebro y entiendo que su mejor habilidad es jugar con la mente de sus víctimas.
— ¿Crees que si quisiera matarte lo haría enfrente de mi mamá?
—Lo harías frente a todo Belmont.
Hizo un gesto, dándome la razón.
—Que amor tan raro tienen los jóvenes hoy en día —se levanta su madre suspirando y la expresión colérica de Nova me da ternura.
Bajo la mirada de Nova tomo el café. Tenía razón, está amargo, pero me lo bebo de todas formas.
Sé que por sí sola no dirá nada, así que me aseguro de que su madre no esté cerca para mudarme a su lado del sofá y preguntarle.
— ¿Qué pasa con Megan?
Tiene la frente en alto, la mirada impasible y los labios rojos en una mueca de indiferencia.
— ¿Qué pasa con qué exactamente?
Tiene la facilidad de hacerte sentir como si fueras un insecto y al mismo tiempo un no sé qué que te hace querer que te pisotee.
Esta de lado, con las piernas recogidas y el brazo apoyado en los antebrazos del sofá por lo que se acaricia el mentón buscando las maneras de empezar.
— ¿Está enferma? —consulto—. Últimamente ha ido mucho al médico.
— ¿Has notado algo en ella desde que la conoces?
— ¿Qué me tiene la misma paciencia que tú? —respondo.
Realmente soy un poco lento a la hora de leer, analizar o inclusive darme cuenta de la existencia de otros.
—No —Se ríe con la cara de tonto que debo de tener—. ¿La has visto comer acaso?
Hago memoria. La primera vez que la vi fue minutos antes de entrar a clases el primer día, estaba saliendo del baño y Debrah parecía reclamarle.
Las horas del recreo en donde jamás la he visto haciendo cola para pedir el almuerzo.
—Ahora que lo mencionas, no —admito—. ¿Pero eso que tiene que ver?
— ¡Piensa, Brayden! Has uso del maní que tienes —se desespera—. Es delgada. Nunca la has visto comer y está en el hospital. ¿Qué crees que sea?
Me da jaqueca.
A muchas chicas le gusta verse delgadas, por lo que mantienen dietas estrictas y la comida de la cafetería nos es la más saludable de todas. Debrah incluso me lo ha admitido y eso no evita que agarre fruta una vez en cuando.
Pero eso no explica lo del hospital.
— ¿Y si vamos al grano?
Gruñe.
— ¡Bulimia, Brayden! Megan Wesley es bulímica Y anoréxica —se frota la cara.
— ¿¡Y como carajos quería que yo supiera eso?!
Me miró, con la boca entreabierta y los ojos desorbitados.
Despierta de su desconcierto cuando su madre nos llama a comer.
Sigue asombrada.
¡No soy adivino para saber que todo el que va caminando tiene un trastorno mental!
Se acomoda el pijama antes de sentarse frente a mí, mi mirada va a su pecho con los pezones erectos e intento disimular cuando llega Liz a dejar la cena frente a mí.
— ¿Podemos seguir hablando de lo de hace un rato o tu mamá...? —le hago señas con los ojos para que entienda.
Editado: 10.01.2026