Aquí termina mi voz.
He dejado mis pasos entre los cuatro vientos,
mis recuerdos en la arena,
mi corazón entre los árboles,
mi sueño bajo el hielo
y mi alma en el mar.
Si mis historias te hablaron, aunque fuera en un suspiro,
entonces ya sabes lo que yo supe al final:
que el mundo no se escribe con palabras,
sino con ecos.
Cada historia que escuchas es un espejo,
y cada espejo, un regreso.
Así, viajero, si algún día las sombras del mundo te nublan el camino,
solo detente y escucha.
El viento te recordará quién eres.
Y si entre susurros oyes mi voz,
no pienses que he vuelto.
No hace falta.
Estoy en cada palabra que pronuncies con fe.
Porque el canto no termina con quien lo canta,
sino con quien deja de escucharlo.
Por eso te dejo mi último verso:
Que los vientos te sean guía,
que el silencio te sea amigo,
y que, cuando mires al horizonte,
veas en él tu propio reflejo… y sonrías.
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Editado: 26.01.2026