(Hallada entre las cuerdas de un instrumento cubierto por la sal del tiempo)
A quien encuentre estas palabras,
No preguntes por mí.
El viento me llevó allí donde las historias descansan antes de nacer.
Si tienes este laúd entre tus manos,
no temas tocarlo.
No está maldito: está vivo.
Ha viajado conmigo por los reinos y ha escuchado todas sus voces;
dentro de sus cuerdas duermen las notas de Namhara, Holaguare, Solantre y Portial.
Si tocas con el corazón,
oirás cómo las dunas susurran,
los árboles suspiran,
el hielo canta,
y el mar responde.
No repitas mis cantos:
escribe los tuyos.
El mundo no necesita ecos antiguos,
sino voces nuevas que se atrevan a sentir.
Si alguna lágrima cae sobre las cuerdas,
déjala quedarse.
La sal reconoce a la sal.
Y cuando el viento sople desde los cuatro horizontes,
si escuchas una melodía que no sabes de dónde viene,
no busques su origen.
Son los ecos que regresan a casa.
Cuídalos.
Y cuando llegue tu hora de partir,
deja el laúd en algún lugar donde otro corazón pueda hallarlo.
Así el canto nunca morirá.
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Editado: 30.01.2026