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Había terminado de limpiar el mercedes, a punto de irme a casa, cuando Julia me llamó a la recepción.
— Bastián, el señor Giovanni ya volvió de su viaje. Se encuentra en su oficina y quiere verte
Eso significaba que, después de dos semanas trabajando en El Arrayán, iba a conocer al jefe. No me había relacionado mucho con los demás empleados, por lo que no tenía ni idea de cómo era el señor Giovanni físicamente ni como era su personalidad. Aunque siendo sincero, poco me interesaba. Era mi jefe y este era mi trabajo. Sólo era cuestión de seguir órdenes
— De acuerdo — dije
—Entonces ve, ve, ve — ordenó Julia haciendo ademanes.
El teléfono en la recepción no paraba de sonar, y mientras Julia me despachaba hacia la oficina, con la otra mano atendía las incesantes llamadas.
Me dirigí hacía a la oficina 1, el cartel de la puerta marcaba <gerente>. Entonces me pregunté, porqué simplemente no decía <Jefe> o <dueño>. Me reí internamente, mi chiste era tan malo. Pero necesitaba canalizar mi nerviosismo por algún lado.
Golpeé la puerta y una voz firme me respondió
— Adelante
Cuando ingrese pude notar la majestuosidad en esa oficina. Muebles de vidrio y un gran sillón negro ejecutivo con rueditas. Sentado en él, "el jefe".
Riccardo Giovanni, dueño de El Arrayán, el hotel más prestigioso, lujoso y concurrido de la ciudad.
Para mi "no sorpresa" era un hombre elegante, vestía un traje al parecer carísimo y un reloj al parecer carísimo también, tenía demasiada clase. Me llamó la atención lo joven y en forma que se veía.
Detrás de él, una pared cristal que dejaba apreciar el imponente mar. Me imaginé como serían esas vistas durante el atardecer y por un momento me sumergí en ese sueño.
Tardé dos segundos en responder, estaba muy sorprendido con la belleza de esa oficina
— Señor, permiso. Me presento, soy Bastián Meier — por fin logré decir. No sabía cómo mi voz había logrado sonar tranquila
—Si claro, Emilio me ha hablado muy bien de ti. Tengo muy buenas referencias tuyas
Entonces noté la presencia de una tercera persona, con la que había hablado muy poco, pero lograba reconocerla muy bien, aun cuando estaba de espalda.
Su cabello oscuro, esta vez, estaba suelto y pude ver como todo el largo caía por su espalda.
Su ansiedad era notable. Estaba mordiendo sus uñas pintadas de color negro y su pierna no dejaba de temblar. Era como si, inconscientemente, tratara autorregularse, liberándose de algún tipo de estrés.
Cuando se levantó de su silla, el señor Giovanni dijo
—Ella es Clara, mi hija.
Era la chica que me había guiado en silencio mi primer día de trabajo.
Era la que comúnmente estaba en la cocina haciendo desastres, de los que Leonel constantemente se quejaba, aunque no expresamente, pero si con su mirada.
Clara era su nombre. La chica a la que muchas veces ni siquiera le hablaba.
Me aclaré la garganta.
— Buenos días señorita
Ella sólo me miró y, cómo de costumbre, no emitió ni una palabra. Pero en sólo dos segundos pude leer esos ojos negros que tanto llamaban mi atención. Estaban vidriosos, y no tenían la misma luz que cuándo cocinaba, o leía cumbres borrascosas.
Inclinó su cabeza y se fue. Quedé completamente en silencio.
—Bueno Bastián, muy bienvenido al equipo— el señor Giovanni aún seguía con la vista en sus papeles, y se movía de manera nerviosa.
Aclaró su garganta y tomo una gran bocanada de aire
—Ahora que puedo hablar contigo — continuó — necesito dejarte en claro tu trabajo, aunque seguramente Julia ya te dio las directivas básicas
Estaba un poco intrigado. Emilio había hablado conmigo sobre los encargos del señor Giovanni. Había dicho que, por lo general, el trabajo constaba de llevar y traer al jefe, haciendo de chofer full time. Pero otras veces, debía trasladar grandes cantidades de dinero al Banco o ayudar con el papeleo cuándo no estuviera en el país. Era entre una especie de cadete y de chofer a la vez.
—No sólo voy a necesitar de tu ayuda con mi traslado cuando yo esté aquí. Sino también, deberás estar atento para encargarte de Clara en mi ausencia— dijo, y eso me tomó por sorpresa.— Según tengo entendido, Julia te especificó otros trabajos y, para eso— me miró a los ojos— voy a necesitar de tu absoluta responsabilidad y discreción.
Durante la reunión con el señor Giovanni me explicó las grandes cantidades de dinero que manejaba el hotel con los bancos y que confiaba en la elección de Emilio para que yo pudiera encargarme de esa tarea.
Entendía que eso implicaba mayor responsabilidad. Ya había llevado al banco cheques por encargo de Julia en esas dos semanas, pero aún me sentía incómodo cuando veía todos esos ceros. Sólo con imaginarme perdiendo uno de esos documentos se me ponía la piel de gallina. Valían aún más que mi casa entera.
Luego, procedió a explicarme el resto del trabajo que me había tomado por sorpresa.
— Con respecto a Clara— hizo una pausa — ella es una chica tranquila, no te va a solicitar mucho. Sin embargo, mi orden es contundente. Cuando Clara salga de este hotel, debes salir con ella. Debes cuidarla y si es necesario, seguirla.
Esa tarea me resulto particularmente extraña. Su voz al ordenarme fue dura y estricta.
El "cuidarla y seguirla" ¿Implicaba ser una especie de guardaespaldas? Porque yo no estaba ni cerca de serlo. No manejaba armas, no sabía de defensa personal y mucho menos estaba en forma como los guardaespaldas de las películas
Me quedé en silencio, y entonces el señor Giovanni siguió.
— Que eso no te incomode. Suelo ausentarme por períodos relativamente largos, y entenderás que no puedo dejarla sola tanto tiempo. Emilio seguro te habrá contado.
Emilio no había emitido ni una palabra respecto a Clara. Ni siquiera me había dicho que existía tal hija