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Salí de la oficina de papá furiosa.
Estaba totalmente enojada por la forma condescendiente con la que me había tratado. Y sentía una especial molestia por haberme presentado como su "hija" frente a Bastián.
A Riccardo Giovanni, la palabra "papá" le quedaba grande.
Pasé frente a la recepción y Ana me miró. Me conocía, sabía que algo estaba pasando y notaba su preocupación en sus ojos, pero no podía contarle absolutamente nada. Desde hace ya tiempo, ella sólo era la secretaria, ya no era mi amiga.
Presioné el botón 5 del ascensor, y subí a mí habitación; cerré la puerta demasiado fuerte como para despertar a todos los huéspedes del piso. Me senté en la cama, y a los pies pude ver la colección de libros que treinta minutos atrás me habían generado tanta felicidad.
Cuando voltee para quitarme las zapatillas, pude ver la pila de regalos envueltos que había sobre el sillón, al lado de la cama.
Pensé, con lágrimas en los ojos, si eso era todo el amor que papá podía darme. Si tenía que aceptar que siempre había sido así, y que nunca iba a cambiar. O si, al menos, tenía una pequeña esperanza de que algún día entienda de que no necesitaba regalos, necesitaba un abrazo, y de su compañía.
Busqué mis auriculares, necesitaba llorar escuchando I'll be there for you. Era mi modo de desahogarme pensando en mamá. Los recuerdos de ella dolían demasiado, pero también era mi método de escape a esta nueva realidad que se había generado luego de su muerte.
Recordé que por la mañana había dejado esas bolitas rosas en la cocina.
Bufé. Debía bajar a buscarlos
Nuevamente esperé el ascensor
Cuando estaba entrando en la cocina, por las ventanas de las puertas vaivén, pude ver a Bastián. Estaba muy concentrado en lo que tenía en la mano, lo miraba como si lo estuviera inspeccionando.
Definitivamente, era un hombre que emanaba misterio.
Entré despacio, sin hacer ruido.
El suspiró, y se comió el canapé de jamón
— Eso debe estar verdaderamente horrible — dije
No sabía porqué había iniciado esa conversación; nisiquiera me sentía con ánimos de socializar
—Señorita! No, de hecho, está delicioso — respondió Bastián.
No sé cómo, pero él siempre lograba sonar calmo y serio, su voz siempre era firme.
Pero el término "señorita" me había enojado mucho. Su mirada había cambiado ¿Por qué?
Tenía emociones a flor de piel, y cada palabra podía ser sobre analizada por mi cabeza. Así que giré hacia donde estaban mis auriculares, los tomé, y me dirigí hacia la salida, pensando en ir lo más rápido posible hacia mi habitación y meterme en mi cama a llorar.
Pero mi cuerpo y mi boca parecían manejarse solos.
— ¿Por qué me dices señorita? — mi voz tembló del enojo
Hizo un silencio. ¿Me estaba ignorando? Sólo había una persona además de mi en esa cocina, no podría hablarle a nadie más que a él.
Me aclare la garganta de una manera demasiado ruidosa
— Lo siento, creí necesaria la formalidad. Ahora sé que es la hija de...
No dejé que terminara la frase. Sus palabras me enojaron aún más, porque significaba que ya no era Clara, ahora era la hija "de"
— ¿Entonces, eso hace que debas tratarme diferente?
—No, solo me refería a que...
— ¿Qué edad tienes? —pregunté
Él me miró en silencio. No lograba descifrar si había entendido lo que quise decirle, o sólo me daba la razón por ser la hija del jefe.
Relajó el entrecejo
— Veintiocho —respondió muy serio y seco
— Yo tengo veinticinco, no soy mayor que tú, no puedes tratarme de usted— No sabía si eso había tenido mucho sentido
Silencio. Absoluto silencio. Bastián había decidido ignorarme definitivamente
'Me da igual' me dije, y me volví hacia la puerta. No estaba dispuesta a lidiar con esto ahora.
—Me disculpo Clara —dijo entonces
Voltee nuevo. ¿Cuántas veces había amagado con irme?
— No sabía cómo dirigirme hacia ti. Soy nuevo y me acabo de enterar de que tu papá es el dueño de todo esto.
Vi, en sus ojos, que sus disculpas habían sido sinceras, al igual que mi enojo. Pero decidí dejarlo de lado. Había descargado un poco de mi ira con la persona incorrecta
Caminé hacia la encimera y me senté sobre ella. No podía mantenerle la mirada, no sólo porque mis cambios de humor en menos de 5 minutos me avergonzaban, sino también porque algo en él me intimidaba.
Desvié la vista hacia el piso, siguiendo con la mirada los cuadrados de la cerámica.
— Entiendo, es por eso que nunca digo que él es mi padre. La gente se confunde, y cambia su actitud conmigo.
Por un segundo recordé cuando Ana supo mi apellido.
Nos llevábamos tan bien, teníamos casi la misma edad y habíamos programado una salida a un pub. Dos días después, ni siquiera me miraba
El sonido del motor de las heladeras interrumpió mi recuerdo.
Mire el reloj del microondas, marcaban las 20:45.
— ¿Porque aún sigues aquí? ¿No deberías irte a casa?—pregunté
Me miró repentinamente
— En quince minutos debo llevar al señor Giovanni al aeropuerto
Eso realmente me sorprendió.
Papá había llegado a la ciudad hace apenas 3 horas, y ya tenía que irse
Eso explicaba la excesiva cantidad de regalos
— ¿Se va?
Quería preguntarle a dónde, por cuánto tiempo, cuándo volvería. Pero siendo sincera, me sentía vergüenza el saber que Bastián tenía más información de mí papá que yo misma.
—Si. Y me pidió que durante su ausencia te cuidara.
¿Qué?
—No necesito una niñera — eso es lo que sentía—papá no puede cuidarme, por lo que paga a alguien para que lo haga.
Me dolió aún más
— Puedes pensarlo como una compañía
Sentí esas palabras. Levante la mirada y me encontré con Bastián mirándome. Analicé su rostro, ¿Estaba sonrojado? ¿Porque él, una persona con la que no había ningún tipo de comunicación, sería una compañía para mí?
Interiormente solo podía sonreír y pensar en la ironía de esa frase.