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Bastián
Desperté demasiado temprano esa mañana, preparé tostadas y jugo exprimido para Lina y para mi. Tomás no tenía actividades de la escuela ese día, asi que podía dormir un tiempo más.
Los rayos del sol entraban por la ventana del living dando directamente a la pequeña mesa que había en medio. La mañana era hermosa.
Cuando se hicieron las 8, saludé a mi tía, tomé las llaves y me fui a trabajar.
Dejé mi auto como siempre en el estacionamiento de atrás, esa era la parte de empleados.
Todas las mañanas era la misma rutina, llegar al hotel, quizás tomar un poco de café y hacer los papeleos que Julia me entregaba.
Pero esa mañana, cuando entré por la puerta vaivén, sentí un aroma exquisito que conocía muy bien, el que toda mi vida había tenido en casa.
Muchos recuerdos me vinieron a la mente. Mamá rallando zanahorias, papá batiendo el frosting, yo picando nueces y Tomás... Bueno Tomás todavía no existía.
Solíamos cocinar en familia la torta de todos mis cumpleaños, mi favorita: torta de zanahorias. El toque especial de mamá siempre habían sido las nueces; el toque de papá era el frosting con mascarpone y una leve pizca de crema, era suave y dulce en la medida justa.
Extrañaba esos momentos. Intentábamos seguir la tradición, pero Lina no era muy especialista en pastelería y Tomas solía comerse las nueces en el proceso.
Sonreí. La tradición se mantenía, sólo que el resultado no era el mismo
La vi de espalda, con el cabello negro recogido en un rodete, y con el uniforme blanco de cocina. Cantaba en voz baja y su pequeña mano tomaban el batidor enérgicamente. Esta vez no llevaba auriculares, sólo escuchaba música en el televisor del fondo.
Clara solía estar absorta en las recetas, y se movía dentro de la cocina con una gran agilidad; definitivamente estaba en su mundo
—Buen día Clara
Ella frenó con el batido, me miró, y me medio sonrió.
—Buen día. Hoy es un día especial, es el cumpleaños de Leonel — dijo, más parlanchina de lo normal —Le estoy preparando mi especialidad, sé que le gustará
En sus ojos se notaba que estaba contenta, y además estaba muy enérgica.
No conocía esa faceta de Clara y llamó mi atención. En ese momento, parecía tener ganas de hablar conmigo.
— Por el aroma puedo notar que es una torta de zanahorias— agregué
—Así es — asintió — es la mejor versión de mí receta. Puedes probar el primer intento, aunque todavía no tiene frosting
Señalo unos pequeños trozos de bizcocho que quedaban sobre la encimera
Me gustaba esa felicidad que traía esta mañana, era contagiosa
—Claro que sí — eso me gustaba
Tome una porción, el bizcocho estaba realmente húmedo, se podían ver las mini bolitas de azúcar moreno que no se habían diluido. Cuando lo probé, el corazón se me hizo chiquito
—Puedes opinar constructivamente si es que no te gustó
No me había dado cuenta de que estaba mirándome, esperando un veredicto. Estaba sumergido en el sabor del bizcocho y en mis sentimientos y en cuánto extrañaba a mis padres, pensando cuándo iba a desaparecer el dolor de no tenerlos.
— Está delicioso Clara —mi voz fue baja
— Tiene la pizca justa de nuez moscada y canela — dijimos en simultáneo
Nos miramos y sonreímos. Pero la sonrisa de ella fue mucho más amplia, de orgullo. Nunca la había visto sonreír tanto. Sus dientes blancos y alineados contrastaban a la perfección con su piel morena.
No solía observarla mucho, el contacto que teníamos era realmente mínimo. Pero ese día, algo en ella hacía que brillara.
Clara
Estaba muy feliz, aún no entendía como sabía de pastelería, pero me encantaba que su paladar estuviera adaptado a sabores tan especiales como la canela y la nuez moscada. Él sabía diferenciarlas a la perfección.
Lo observé dos micro segundos. Sus ojos negros se hacían chinos cuando sonreía.
Su sonrisa era cálida y sincera. Pequeñas líneas de alrededor de su boca resaltaban y unos huequitos en sus mejillas aparecían.
Tímidamente miró hacia abajo ¿Avergonzado?
— Voy a necesitar tu ayuda esta tarde, no es que sea una orden, sólo si estás desocupado — dije nerviosa
—Seguro — respondió sorprendido — ¿Necesitas que ponga en marcha el mercedes?
— No. Es en mi habitación — eso sonó extremadamente raro y esperaba que Bastián no lo hubiera notado
—Claro - dijo tranquilamente
- Claro, Clara – bromeé
Estaba de buen humor, pero en ese momento quise autogolpearme por esa estupidez. No lo necesitaba realmente, pero sería de mucha ayuda
Cuando Leonel terminó su turno de las 15hs, nos reunimos todos en la cocina para cantarle el feliz cumpleaños. Casi 20 personas estábamos festejando, entre personal administrativo y ayudantes de cocina, incluso Víctor el encargado del estacionamiento
Ana se había encargado de la decoración y de la bebida, fría y caliente.
Estuvimos dos horas charlando y compartiendo la torta, que todos me alagaron.
Pero algo llamó mi atención, Bastián no estaba en la reunión.
- Le di permiso para retirarse dos horas. Me dijo que volvería a las 17, sin falta. De todas formas, dejó un número para llamarlo si lo necesitábamos- dijo Julia cuando le consulté
Entonces me entregó un papel, con un número.
Lo examiné y lo guardé en el bolsillo trasero del jean.
Bastián
Corrí una hora por la playa, necesitaba despejar la mente. Cuando corría me concentraba en la respiración, mis pensamientos solo se dirigían a mantener el ritmo.
Sentía el aire fresco en las mejillas, y el olor a mar era relajante.
Detrás de mi, el hermoso calor del sol de otoño acompañaba sonido de las olas que eran música constante.
Frené por un segundo a verificar el móvil; no tenía ni llamadas ni mensajes. Todo estaba bien
Nunca me hubiera atrevido a pedir esa hora libre, pero Julia me dio la oportunidad y no quería desaprovecharla. De todas formas, era horario de almuerzo y en la cocina aun seguían de festejo.