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Clara
Julia se había ofrecido para ayudarme con las donaciones. Pasar tiempo con ella no resultaba totalmente incómodo, trabajábamos en silencio y eso me gustaba
Estuvimos horas para clasificar cada una de las cajas. Cada vez que Julia abría una y encontraba algo de valor, me preguntaba <¿Estás segura?> y yo sólo asentía; no quería nada de eso y tampoco lo necesitaba
Los libros habían causado un pequeño dolor en mi pecho; había guardado esa caja durante años y ahora tenía dos colecciones, nuevas y sin leer. No paraba de preguntarme cómo papá sabía que quería tanto esa edición especial de Game of Thrones.
También había encontrado una pequeña cajita forrada en terciopelo rojo, y dentro de ella un hermoso dije de diminutos diamantes que formaban una margarita. Las margaritas eran las flores favoritas de mamá; siempre colocaba una margarita en el pequeño florero que había sobre la mesita de luz
Sonreí. Ese regalo me había encantado por lo que decidí quedármelo.
Habían pasado varias horas cuando decidimos que ya era hora de dejar el trabajo para el siguiente día.
Julia se marchó alrededor de las doce, asique decidí darme una ducha caliente. Me puse el pijama de polar gris con estrellitas que era mi favorito; sequé mi cabello con el secador porque iba a tardar horas en hacerlo naturalmente y encendí una vela de vainilla. Coloqué la ropa sucia en el canasto para llevarla al otro día a la lavandería y cuando dejé el jean dentro, un pequeño papel cayó de uno de los bolsillos. Lo abrí y había un número, era el número de móvil de Bastián, el que me había dado Julia cuando se ausentó esta tarde.
Dejé el papel en la mesita de noche, apagué las luces y me acosté. Estaba mentalmente cansada pero no podía dormirme.
— ¿Dónde habré dejado el móvil? —murmuré
Prendí las luces y comencé a buscarlo. Por un momento pensé que era una misión imposible. Había muchos libros, ropa, y basura por toda la habitación. Pero por algún lugar tenía que estar.
De repente empezó a sonar. Ese sonido lo conocía bien, era el que le había puesto a papá para identificar la llamada. En un momento de ira no lo habría atendido, pero esa noche, después de los regalos, al menos le quería decir gracias. Pero el sonido se detuvo.
Recordé que lo había llevado esa mañana a la cocina; revisé la chaqueta blanca y allí estaba.
3 llamadas perdidas de Riccardo. Decían las notificaciones
1 mensaje de voz. Seguramente también de papá
1 mensaje de texto. ¿Otra vez papá?
Abrí el sobrecito
📩 Dejo el móvil encendido y en volumen alto
Era un mensaje de Julia
Siempre me decía lo mismo cuando me quedaba sola en el hotel, si es que se podía estar sola allí. Más bien era su técnica para cuando estaba sin niñera. 'demasiado controladora' pensé.
No me tomé ni un minuto en responderle.
Sin embargo, busqué el papel con el número de Bastián y lo observé por unos segundos. Lo copié y guardé el contacto.
Bastián
Cuando llegué a casa, más temprano de lo normal y con helado de chocolate y limón, Tomás corrió a abrazarme. Había escuchado el ruido del auto, y me estaba esperando con su mochila de oxígeno en la puerta.
—¡Qué buen hermano! me trajiste helado
Me quitó la bolsa de las manos y de inmediato entró a la casa. Metió los potes en el freezer y corrió a la habitación. Estaba viendo Capitán América. Ya había perdido la cuenta de las veces que había visto esa película, como un verdadero fan.
—Hola cariño—saludó mí tía —Qué lindo tenerte en casa tan temprano
Me dio un cálido abrazo y un beso en la mejilla, por lo que me tuve que agachar.
— Me han dado permiso para salir antes— le dije y en modo secreto agregué — también me han dado el fin de semana, y prometí llevarlo al diablito a la playa
Lina brincó de felicidad
— Prepararé galletas de anís para llevar al picnic
Lina era una persona muy alegre y le encantaban los planes familiares. Su risa era particularmente ruidosa, pero le daba vida al hogar. También era muy entusiasta y realmente muy buena consejera.
Desde que había fallecido mamá, su hermana, jamás nos había dejado solos. Vivía y se desvivía por nosotros.
Muchas veces la había encontrado llorando sola en la habitación, pero nunca la había visto derrotada y sin ánimo. Ella era luz y calidez. Era nuestro sol propio
Me di otra ducha rápida; después de tanto movimiento de cajas, tenía el cabello lleno de polvo.
Apenas salí, mi tía ya tenía preparada la cena: pastas con bolognesa. Mi plato favorito
Tomás ya estaba comiendo, y tenía la boca llena de salsa
— Límpiate Tomás
—Tía después de la cena tenemos postre y noche de películas. Podemos ver el...
— ¡NO! —gritamos con mí tía
Y los tres nos reímos a carcajadas.
Era claro que quería sugerir Capitán América, pero no había ni una mínima posibilidad de que me sentara a ver otra vez esa película.
Cuando terminamos de cenar, le tocó el turno a Tomás de bañarse. Lina solía encargarse de acomodar su ropa y entretenerlo desde el otro lado de la cortina. A ambos les gustaba escuchar Ed Sheeran y cantar las canciones en un pseudo ingles a todo pulmón, mientras el diablillo se duchaba, aunque ni siquiera se supieran bien la letra
Yo me encargué de lavar los platos, y de preparar el living con mantas y almohadas para la noche de películas.
Solíamos tardar demasiado tiempo en encontrar una peli que nos gustara a los tres, y luego, cuando ya estaba a la mitad, mis acompañantes se dormían.
Y ese día no había sido la excepción.
Primero cayó rendida Lina; ella siempre se dormía en el sillón. Y, minutos después, Tomás ya estaba babeando el almohadón que había traído de mi cama.