Los segundos contigo

DIEZ | Clara

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Cuando desperté, los rayos calientes del sol entraban por mi ventana y salí al pequeño balcón con vistas al mar; era una hermosa mañana de otoño, y una leve brisa con olor a sal me recorrió el rostro. Respiré muy profundo, dejando que mis pulmones se llenaran de aire fresco.

Decidí posponer el trabajo de ordenar mi habitación. Quería aprovechar lo bien que se sentía el clima y caminar un poco por la playa; todo el proceso había desatado demasiadas emociones que no quería permitirme sentir y, además, ya estaba cansada de tantas cajas.

El día estaba cálido, pero, como buena lugareña, nunca olvidaba llevar un abrigo cuándo iba a la playa. En otoño, el clima podía incendiarte viva y en menos de cinco minutos cambiar hasta empaparte con una lluvia torrencial

Me cambié y me puse un conjunto deportivo de color azul francia. El top hacía que mis pechos se vieran considerablemente juntos y la calza corte biker marcaba mis glúteos. Me sentía poderosa

—Excelente — dije mirándome al espejo.

Y me reí. Sola. Como una desquiciada.

Me deje una nota mental: pedir por Amazon el mismo conjunto en otros colores

Tomé mi mochila negra, cargué en ella el iPad y, había que un clásico de clásicos jamás arruinaría un día tan hermoso, asique metí dentro mi ,ya dañado y estropeado, libro de Emily; porque a estas alturas, ya era mi amiga personal
Había olvidado cargar los auriculares, por lo que esta vez la caminata sería sin música. Me dejé otra nota mental: comprar auriculares de cable. Odio estar cargando constantemente los inalámbricos y más odio olvidar cargarlos; odio perderlos cuando me saco uno, y odio la calidad de sonido. Fin de la nota mental; estaba siendo demasiado larga

Cuando estaba punto de salir de la habitación, vi el móvil arriba de la mesita de noche. Bufé. Debía llevarlo conmigo si no quería desatar una guerra mundial. Lo tomé y lo metí en un pequeño bolsillito de mi campera que hacía juego con mi conjunto.
Nunca antes me había llevado el móvil a la playa, pero siempre había ido acompañada; mejor dicho, siempre estaba Emilio detrás.

Julia volvería a las 15hs para continuar con el desastre de mi habitación, así que tenía tiempo suficiente para pasar un buen rato disfrutando del mar.
Bajé hacia la cocina para tomar alguna fruta para el camino. Solía pasar por mi hamburguesería favorita para comprar nuggets, una hamburguesa con mucho queso y aderezos y alguna bebida poco saludable; pero eso me quitaría un buen tiempo de disfrute otoñal. Asi que decidí tomar un poco de arándanos - mi fruta favorita - y nueces; tambíen coloqué porciones de bizcocho de zanahoria que habían sobrado y guardé todo en un recipiente, dentro de la mochila

Una vez que tuve lista mi comida, le envíe un mensaje a Julia de que estaría en la playa.
Para ser sincera, me generaba un poco de culpa el haberle prometido a Bastián que no saldría del hotel, pero sería una caminata tranquila y volvería temprano.

Salí por la puerta de atrás y ya podía sentir el calorcito de los rayos del sol sobre mi piel. Busqué dentro de mi mochila el pequeño pote de protector solar y lo unté generosamente por mis piernas y mi rostro

Mientras caminaba a la playa pensaba en lo diferente que me había sentido esos dos días. No sabía explicarme a mí misma el porqué, sólo era diferente.

También pensaba en el martirio de la próxima semana.

La gran gala que celebraba el hotel de papá era un evento que llevábamos meses organizando junto con Julia y Leonel . A ella asistirían empresarios y colegas de papá y quizás futuros inversores, por lo que debía salir perfecto. En el instagram oficial de El Arrayan, ya había publicado el flayer con la información, incluyendo el dresscode formal: rojo, blanco o negro.

Debía encargarme del vestido, peinado y maquillaje ; y pensar en todo eso me frustraba. Odiaba asistir a ese tipo de eventos, pero ser hija de Riccardo implicaba socializar con esa gente, reír falsamente y vestirse como una barbie de plástico.
Pero se lo había prometido a mamá; había prometido asistir todos los años del brazo con papá.

Cuando por fin llegué a la playa, diez minutos después, me deshice de las medias y las zapatillas. Al dar el primer paso, mis pies entraron en contacto con la arena calentita y pude sentir cada granito exfoliando mi piel. Era realmente agradable

La playa estaba completamente vacía ya que muy poca gente vacacionaba en la ciudad durante el otoño. Pero yo estaba feliz; tenía todo el lugar para mí sola.

Caminé diez minutos por la orilla hasta mi lugar favorito. Hace años había encontrado una pequeña gruta, sobre el acantilado, en la que solía meterme cada vez que quería descansar de mi mente; allí dentro el sonido del mar se transformaba en un eco y además me brindaba la sombra necesaria para respirar del sol. Era un lugar perfecto.

Coloqué sobre la arena mi manta de aguacates kawaii y solté la mochila arriba. Me senté con las piernas cruzadas y cerré los ojos escuchando sólo la música del mar. Sin los auriculares, el sonido era mucho más vivido: las olas no solo rompían, sino que rugían al chocar contra la piedra antes de deshacerse en la orilla. Por cinco minutos sólo me dediqué a sentir ese momento dejando que el aire húmedo enfriara mi piel

Abrí la mochila y tomé mi libro de Cumbres Borrascosas para hundirme en el mundo de Emily, junto con Heathcliff y Catherine.

De fondo, alguien estaba reproduciendo música muy suave.

Sonaba Ed Sheeran.




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