Los segundos contigo

DOCE | Clara

12

Preparamos la cancha de tejo sobre la arena y armamos las duplas para competir

— ¡Yo juego con Clara! —gritó Tomás

—¡Perfecto! Seremos el mejor equipo— dije mientras chocábamos los 5 y él me regalaba un pequeño abrazo

Bastián y Lina miraron y se sonrieron. Antes de comenzar con el juego, Lina sacó el protector solar

—Primero lo primero— sentenció

Tomás bufó, pero se dejo embadurnar nuevamente. Luego tocó el turno de Bastián, aunque él sólo se puso una pequeña cantidad en su mano para luego esparcirla en su rostro. Lina me ofreció amablemente y acepté

Tomás repartió los discos, y una vez que nos acomodamos en la línea dijo:

—El que pierde paga el helado

Y comenzó la partida.

Cada tanto, mientras esperaba mi turno, observaba a Bastián. Había estado muy pendiente de su hermano desde que llegamos; le sacudía la arena de la cara, le servía agua en pequeños vasitos o cargaba con su mochila para que Tomás no tuviera que hacerlo. Parecía en un estado de alerta constante, y lo entendía perfectamente

Luego de cuarenta minutos, estábamos saltando y festejando nuestra victoria con el diablito. Lina se había sentado en la arena a mitad de la partida porque el tejo no terminaba de convencerla, por lo que quedamos jugando sólo nosotros tres.
Hicimos cuatro partidas y ganamos todas. Bastián era realmente malo en el tejo, o quizás sólo nos había dejado ganar; pero lo importante era que debía pagar la apuesta

—Yo quiero chocolate y limón — pidió Tomás, todavía entusiasmado

Bastián se agachó y abrió la mochila de oxígeno, chequeando una pequeña válvula que tenía el aparato.

— Pero no será hoy — respondió él — Hay que cargar esta cosa

No entendía muy bien cómo funcionaba la mochila que debía cargar Tomás, pero noté que él ya estaba respirando con dificultad

—Podemos comprar de camino a casa y comerlo viendo una peli — propuso Lina, mientras comenzaba a juntar las sobra del picnic

Se notaba una pequeña urgencia en sus gestos por lo que me arrodillé sobre la manta rosa del spot y la ayudé a organizar todo. Guardamos todos los vasos y restos de frituras en la canastita. El sol ya no pegaba con tanta fuerza, aunque Lina y Tomás se habían bronceado bastante.

Comencé a buscar el móvil con algo de desesperación. No recordaba dónde lo había dejado; revisé la mochila, pero tenía demasiados bolsillos. Entonces recordé que el pequeño bolsillito de mi campera se sentía pesado. Cuando por fin lo encontré, vi la hora: cinco y media

—Oh no — susurré

Desbloqueé la pantalla y tenía diez llamadas perdidas de Julia y otras siete desde el número del hotel
Abrí los sobrecitos de los mensajes. En uno me preguntaba cómo estaba, y en otro, dónde estaba.

— Que carajos—dije en voz baja

— ¿Está todo bien?— preguntó Bastián, acercándose con preocupación

—Si, es... — negué con la cabeza, procesando la cantidad de llamadas— Había quedado con Julia en vernos a las tres para terminar de organizar mi habitación y lo olvidé por completo

Comencé a marcar el número, pero de reojo vi como Bastián también sacaba su móvil, con actitud tensa

—Mierd... — se quedó en silencio — me ha llamado...bastante. Creo que deberíamos ir al hotel

—¡No!— exclamé — Es tu día libre, ve a casa

Él negó con la cabeza y mientras yo intentaba comunicarme con Julia, él se acercó a hablar con Lina en voz baja.
La mujer no contestaba el móvil, así que tecleé un mensaje esperando a que lo leyera pronto 'Y que no haya llamado a la policía' pensé, con un nudo en el estómago

Ví cómo Bastián le entregaba las llaves de su auto a Lina.
Ella vino hacía mi y tomó mis manos con calidez

—Ojalá puedas venir a casa más tarde, a compartir tu premio — dijo antes de envolverme con un abrazo

Bastián, que estaba detrás de ella, abrió los ojos de par en par, completamente desencajado

— ¡Lina! —la reprendió

Ella me soltó y comenzó a alejarse, dedicándome un <Adiós> bajito.
Tomás, por su parte, me saludó desde la playa muy feliz, todavía lleno de energía

—¡Adiós Clara! ¡Comeré helado por ti!

—¡Hasta la próxima, compañero de equipo!— le grité

Bastián tomó mi mochila, se la cargó al hombro y comenzamos a caminar hacia el hotel. Había vuelto a su fachada silenciosa y cauta.
Hasta ese momento, había pensado que era una persona fría y seria; claro que solo me basaba en prejuicios, porque tampoco me había dado el tiempo de conocerlo realmente

Subimos los doscientos metros casi en silencio. Se notaba su preocupación; se mordía la mejilla interna y mantenía la mirada perdida en el horizonte. Estaba sumido en sus pensamientos.

Y yo no sabía que iba a decir cuando llegara

Los minutos que tardamos en subir hacia el hotel se hicieron eternos. Julia había llamado intensa e incansablemente en distintos horarios. Diez llamadas perdidas ¡Qué locura!

Cuando ingresamos, la vi en la recepción con el teléfono pegado al oído; tenía el ceño fruncido y hablaba rápido. Rogaba, internamente, que no estuviera hablando con papá. Eso sí sería preocupante.
Apenas me vio, colgó

—¡Clara! — gritó, y prácticamente corrió hacia mí— ¿Cómo estás? ¿Dónde estabas? ¿Por qué no atendías el móvil? ¿Por qué rayos no andas con tu móvil?

Me tenía agarrada de los hombros, y me examinaba cómo si fuera un médico. Suspiré profundamente

—Estoy bien —dije — No seas tan dramática

— Cómo que dramá... - Se detuvo en seco al observar a mi acompañante— ¿Bastián? ¿Estabas con Clara?

Por fin me soltó los hombross

— Si y puedo asegurar que está sana y salva — respondió él. Su voz sonaba dura y estaba muy serio. Era evidente que su humor había cambiado

— ¡Pero si a ti también te he llamado!— su tono fue más bien histérico y tenía las manos en la cintura, como cuándo se regaña a un niño — ¡¿Cómo puede ser que ninguno de los dos haya atendido el móvil en tres horas?!




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