Los segundos contigo

DIECISÉIS | Clara

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El lunes por la mañana, luego de pasar todo el domingo aspirando la alfombra de mi habitación y limpiando los restos de cartón, Gus y Demian - del staff mantenimiento- me ayudaron a cargar todos los regalos al camión de donativos. Algunos miembros de la cocina, incluido Leonel, habían sumado a la colecta prendas de vestir y calzado en buen estado Una hora después de subir cajas y cajas, decidí darme una ducha rápida y bajar a la cocina para ayudar a Leonel.

El restaurante del hotel abría durante el almuerzo con un menú gourmet ejecutivo, y las reservas estaban completas.
El equipo estaba preparando todo tipo de meal preap para el resto de la semana, mientras algunos terminaban las entradas.
La cocina, parecía una danza de acero y fuego; el vaivén de las sartenes era un espectáculo, y el aroma al tomahawk sellado en manteca lo inundaba todo. El fuego nacía desde el centro de cada uno de los woks cuándo los ayudantes movían la preparación con una precisión técnica.
Un hermoso desastre digno de ver.

Le recordé a Leonel la reunión pactada para ese mismo día por la tarde para ultimar los detalles menú de la gala del jueves y elaborar una lista para que los gastos sean aprobados por contaduría.
Estaba muy nerviosa por el evento. Organizar la gala anual de El Arrayán no solía estar dentro de mis tareas, pero este año papá iba a estar ausente hasta el mismo día del evento y sugirió que su hija ya estaba preparada para tomar decisiones. ¿Quería hacerlo? Claro que no. Mi ansiedad porque todo salga bien me jugaría una mala pasada. Sin embargo, había comenzado a preparar el evento meses atrás de manera muy tranquila y, a tan solo cuatro días, sólo faltaban esos detalles del menú

También me estaba faltando algo esencial: el vestido. Todavía no había elegido mi outfit, ni el maquillaje o peinado. Solía dejar eso para lo último, incluso solucionarlo horas antes con un pequeño tutorial de YouTube porque era lo que más me estresaba.

Cuando volví a la recepción, Julia me hizo una pequeña seña para que la acompañara a su oficina. Sabía exactamente de qué quería hablar; tema de la salida a la playa aún no había quedado cerrado
Entré sin ganas, dejando la puerta abierta por puro instinto de escape

— ¿Cómo estás Clara? —dijo muy condescendiente

—Muy bien —respondí seca — vengo de hablar con Leonel. Le recordé nuestra reunión de esta tarde

Ella se ajustó los lentes, tomó una lapicera y simuló escribir algo en una hoja de su escritorio

— Muy bien, una vez solucionados los detalles del menú estaríamos completando todo el itinerario.

Hice una mueca

— Bueno.. todavía me faltaría el vestido, pero lo solucionaré pronto

Julia deslizó sus lentes por el puente de su nariz para mirarme por encima de ellos

— Confío en que lo harás — dijo restándole importancia

Solo asentí con la cabeza. Quería terminar con esta falsa conversación de una vez, pero ella continuó

— Bueno, entonces... podemos volver al evento del sábado por la tarde

Puse los ojos en blanco. Cuando quería podía actuar como una niña

— ¿Qué evento?

— El evento de la playa — se quitó los lentes dramáticamente — ¿Qué fue lo que realmente sucedió? ¿Y por qué siento que me escondes algo?

Me aclaré la garganta. Mi ira comenzaba a asomarse. ¿Qué explicaciones le debía yo a esta mujer?

— No escondo nada Julia — respondí con la poca paciencia que me estaba quedando — Y lo que sucedió fue lo que te conté el mismo sábado

— Tu padre regresará esta tarde — soltó abruptamente, dejando la frase en el aire — Quizás puedas hablar con él sobre ese evento

Se volvió a colocar los lentes, y fingió desinterés.

— ¿Qué significa eso? — pregunté, ya estaba completamente enojada. Sentía que era una especie de ¿Advertencia? ¿Amenaza?

¿Papá volvería antes?

— Nada, sólo creo que deberías

Y entonces exploté. Como una granada cuando le quitan la traba de seguridad y la cuenta regresiva finaliza

— Lo que yo debería o no hacer no es de tu incumbencia, Julia. Y hacerme sugerencias sobre mi vida privada tampoco es parte de tu trabajo

Casi escupí esas palabras; había levantado tanto la voz que estaba a punto de gritar. Julia realmente se creía con el poder de controlarme, y papá era el culpable por dárselo

Me levanté tan rápido de la silla que ni siquiera recordaba haber estado sentada. Salí de la oficina descargando mi furia en un portazo que debió resonar en toda la recepción. 'me importa una mierda'
Estaba furiosa.

Me dirigí directamente al ascensor y subí a mí habitación. En otro momento me habría ido a caminar por la playa, pero luego de lo de ayer, eso implicaría más conflicto. ¿Cuándo me dejarían en paz?

Tenía ganas de llorar, insultar, patalear, arrojarle cosas a Julia, pero decidí respirar hondo y calmarme. Sentía como si me hubieran invadido.
Habían pasado años desde el último episodio, tenía el alta médica y aun así no podían dejar de controlarme. Había desaparecido apenas un par de horas, y todo era motivo para revivir esos momentos que tanto quería borrar de mi mente.

Me desplomé sobre la cama. Mí cabeza explotaba y mis manos comenzaron a temblar. Sentí un leve mareo

— ¡NO! — supliqué

Reconocía los síntomas y no pensaba permitirlos. Necesitaba evitarlos por lo que comencé a quitarme la ropa; corrí al baño con movimientos torés y encendí la ducha helada. Me senté en el suelo, abrazando mis rodillas y dejando caer toda el agua por mi espalda. Cerré los ojos, tratando de respirar profundo. El frío me calaba los huesos

Uno...Dos...tres. empecé a contar mentalmente, forzando a mis pulmones a obedecer

Había perdido la cuenta cuando mi pulso comenzó a normalizarse. Respiraba de manera consciente, podía escuchar el ruido del agua caer y también podía escuchar latidos de mi corazón en mis oídos. Estaba consciente... y a salvo
Una vez que me sentí lo suficientemente fuerte, cambié la temperatura del agua; tenía la piel erizada del frio, y necesitaba templarme
Sentí nuevamente cómo el agua caía sobre mi piel, esta vez quemaba pero era placentero. Solté unas pequeñas lágrimas de alivio porque al fin podía pensar con más claridad. Tomé el shampoo y me lavé el cabello exageradamente lento, tratando de recuperar por completo la estabilidad.




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