17
Clara
Un golpe en la puerta me despertó de un sobresalto
—Clari, traje algo delicioso que te encantará — la voz de Ana llegó desde el otro lado, alegre y enérgica
Todavía estaba envuelta en la toalla y mi cabello aún seguía húmedo y enmarañado
— ¡Un momento, por favor!
Me puse el pijama a toda prisa y me peiné con los dedos. Cuando abrí encontré a Ana sentada en el sofá del pasillo, cargando con dos bolsas de papel madera en una mano y dos vasos humeantes en la otra.
Le sonreí, agradecida y la invité a pasar
Como si el tiempo no hubiera pasado, Ana se dirigió directamente a mi vestidor, tomó dos almohadones grises y se acomodó frente al ventanal del fondo. Ese siempre había sido su spot favorito para nuestra noche de chicas. Se quitó los tacones con un suspiro de alivio; recordaba cuánto los odiaba cuando comenzó su período de prueba el año pasado
— Bueno... — dijo extendiéndome un vaso— chocolate caliente para ti, y un café extra fuerte para mi
La miré en silencio, dejando que el calor del recipiente entibara mis manos
—¿No ha cambiado, verdad? ¿Sigues siendo amante del chocolate?
Asentí, con un nudo en la garganta
—Perfecto — me sonrió — También traje crumble de manzana con canela y está delicioso
El postre era nuestro favorito cada tarde en invierno y era lo único dulce que ella amaba
— Gracias, enserio — dije, buscándola con la mirada
Ella solo sonrió y asintió.
Comimos en un silencio cómodo, de esos que solo se logran con alguien quien te conoce de verdad. Ana contemplaba el paisaje, mientras yo intentaba organizar el caos en mi mente. A ella se le hacía fácil poner en palabras lo que sentía; y quizás por eso que nunca había entendido nuestro distanciamiento.
— ¿Cómo estás? — preguntó de pronto, y sus ojos reflejaron una preocupación genuina
Suspiré
— Tuve una discusión con Julia — respondí en voz baja
Bebí un sorbo de mi chocolate; sí que estaba delicioso, pero muy caliente
Ana bufó
— Sigue atormentándote ¿Verdad?
— Es una puta mosca verde molesta —dije instantáneamente
Ambas estallamos en carcajadas. No solía insultar, pero Julia había agotado mi última reserva de paciencia.
— Algún día tendrá que parar — dijo Ana limpiándose las lágrimas de risa — Podrías hablar con tu padre sobre eso
Hablar con papá nunca era una opción. Una sola vez había intervenido, y había perdido una amistad.
Negué con la cabeza
— De todas formas, papá nunca está en la ciudad, y cuando está siempre discutimos — mordisquee el borde del crumble
— Yo creo que podrían llegar a un acuerdo — dijo, mientras miraba sus uñas rojas
Ella mejor que nadie sabía lo difícil que era la relación con papá y nuestra total falta de comunicación generada por puro orgullo. Solía escucharme hablar por horas, aunque siempre había sido completamente neutra y jamás había emitido ningún comentario contra él. Yo sabía que me entendía y me apoyaba; y eso era lo que necesitaba en ese momento.
— Estoy un poco agotada mentalmente— murmuré luego de unos segundos
Mi intención no era seguir hablando del tema, no en esta ocasión. Ella se aclaró la garganta. Vi como dudaba, tratando de buscar las palabras correctas. Bebió un sorbo de café y dijo, con voz temblorosa
— Clari yo... quiero que sepas que estoy aquí para ti
Sus ojos grandes y azules me miraron fijo, estaban vidriosos a punto de soltar las lágrimas que esta vez no eran de risa.
Esas palabras me habían removido demasiados recuerdos, pero ya las había escuchado antes.
Al ver que no respondía, Ana continuó:
— Sé que estos meses han sido difíciles para ti — se sorbió la nariz y se limpió las lágrimas con la manga de su uniforme gris — y lamento no haber estado a tu lado, pero créeme: esta vez no me iré.
Estaba a punto de llorar y un nudo en mi garganta me ahogaba. Mi mente no paraba de formular preguntas. ¿Por qué esta vez sería diferente? Y ¿Por qué había dejado de hablarme? ¿Por qué nunca había contestado mis mensajes o llamadas? ¿Por qué me había apartado tan rápido de su vida? Antes habíamos sido como hermanas
— Lo siento— dijo ante mi falta de respuesta
Quería perdonarla, decirle que la extrañaba, pero el silencio se instaló entre nosotras. Lloré sin poder articular ni una palabra
— Puedes decirme algo, por favor — Ana seguía mirándome — insúltame, trátame como si fuera Julia
Nada había cambiado, mi amiga seguía siendo ella. Comencé a reír entre lágrimas. Los cambios de ánimo en este día me iban a matar
—Me gustan mucho tus nuevas gafas — dije finalmente
Se unió a mi risa
— Me gustaría abrazarte
Asentí con la cabeza y ella se lanzó a mi cuello, abrazándome con fuerza. Volví a sentir su perfume con notas de manzanilla, y el aroma a acondicionador de su cabello.
Claro que seguía estando ahí.
— Tengo demasiadas preguntas — dije sincerándome, cuando ella se apartó — pero hoy no tengo energía mental, he agotado toda mi reserva con la mujer molesta de recepción
Había tiempo de sobra para acomodar las cosas, y para formular las preguntas necesarias
Ella asintió frenéticamente
— Quizás en casa no la soporten y por eso trabaja tanto — bromeó
- Quizás deberían enviarla al manicomio
El móvil de Ana interrumpió el momento.
— Lo siento, me sólo tres minutos de libertad— dijo, mientras juntábamos los restos de la merienda
Había olvidado completamente que Ana aún estaba en su turno laboral, y que se había escapado para estar un rato conmigo.
— Se nota que Bastián es muy buen chico — soltó repentinamente
¿QUÉ? A que se debía eso. Me atraganté con mi propia saliva.
Ella comenzó a reírse con picardía
— Yo solo digo... — dijo levantándose del suelo
Comenzamos a caminar hacia la salida del vestidor