Los Sin Trono

9 - Recuperar lo que es del pueblo

Arianne vestía la piel de Adrián. El cabello recogido, el pecho ajustado bajo vendas, la sombra cubriéndole el rostro. A su lado, Zane y otros compañeros de rebelión avanzaban con pasos medidos por las calles oscuras de la ciudad.

Era el momento de un golpe, de reclamar lo que era del pueblo.

Esa noche no caminaban. Se deslizaban.

—En la base general hay comida —susurró ella mientras se escabullían entre los callejones—. ¿De dónde salió tanta?

Zane evitó una antorcha encendida.

—Vi carruajes llegar antes del aniversario. Cajas y más cajas. No sé de dónde la traen… pero lo sobrante se lo dieron al ejército. No al pueblo.

Se detuvo y señaló unos botes de basura volcados contra un muro.

Arianne se acercó.

Pan ennegrecido. Frutas convertidas en pulpa amarga. Carne cubierta de moscas.

Comida suficiente para salvar familias… pudriéndose.

Algo ardió dentro de ella. No era rabia simple. Era una hoguera con nombre.

Ellos dieron la orden al grupo de esperarlos en el otro extremo.

Ese golpe no era planeado, todo surgió en último momento y su padre lo desconocia por completo, pero la noticia de lo sucedido encendió a la rebelión y ella como su líder debía estar allí.

Mientras tanto, Arianne y Zane treparon por una ventana lateral, forzando el pestillo con destreza silenciosa. Cayeron dentro de una oficina amplia.

Mapas extendidos. Cartas selladas. Marcas rojas sobre territorios.

Arianne se acercó a la mesa. Sus dedos rozaron un mapa con rutas señaladas hacia los campos.

Entonces…

Pasos.

Se miraron apenas un segundo y se deslizaron dentro de un armario alto. La madera olía a polvo y cuero viejo. La puerta quedó entreabierta, una rendija mínima.

Arianne miró por la abertura.

Y se quedó helada.

Lucien.

Claro. Esa era su oficina.

Se maldijo en silencio. El destino la odiaba.

Lucien entró con un soldado.

—Hay otra barricada —dijo, dejando los guantes sobre la mesa—. Y esta vez están siendo más violentos.

El hombre a su lado extendió unos papeles.

—Tengo la lista que solicitó.

Lucien la revisó con rapidez, el ceño fruncido.

—Estas personas no aparecen en ninguna parte.

—Pueden estar muertos.

Lucien negó lentamente.

—Los campesinos tienen un bono. Cuando mueren, sus familias pueden reclamar dinero. Ninguno ha reclamado nada. Y no se han encontrado cuerpos.

El soldado tragó saliva.

—Todos son niños.

El silencio fue denso.

Lucien suspiró.

—Lastimosamente… los niños son los únicos que resisten la plaga. Por eso están trabajando en los campos. Si entra un adulto, podría morir.

Se pasó una mano por el rostro.

—No me gusta. Pero debemos ceñirnos a los informes del coronel Rojas. Es el único con acceso a ese lugar.

Dentro del armario, Arianne sintió que el aire se volvía escaso.

Lucien dejó los papeles sobre la mesa y preguntó, casi sin emoción:

—¿Tenemos suficiente comida?

—Sí, señor —respondió el soldado—. Las reservas están aseguradas.

Lucien asintió.

—Bien. Lo importante es que las tropas tengan alimento.

Esa frase cayó como una piedra en un lago envenenado.

Las tropas.

No el pueblo.

No los niños.

Las tropas.

Arianne apretó los dientes. Zane vio cómo sus manos temblaban, no de miedo, sino de una furia tan precisa que parecía estrategia.

Cuando los pasos se alejaron y la puerta se cerró, ella empujó el armario y salió primero.

Ella se acerca y ve la lista

—Son los niños rescatados — le dice Zane — llevamos a cinco a la Frontera Gris. No saben lo que esta pasando con estos niños, eso quiere decir que no nos han descubierto. Pero los están buscando.

—Hay silencio, vamos —susurró, con voz afilada.

Se asomó al pasillo. Vacío.

Le hizo una señal a Zane.

Avanzaron.

Bajaron las escaleras con sigilo aprendido a golpes de necesidad. Desde abajo llegó un silbido corto, la señal acordada. Sus aliados estaban listos.

La puerta del almacén cedió con un empujón calculado.

Y allí estaban.

Cajas y más cajas. Harina. Grano. Sacos de arroz. Barriles de agua.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.